Jose Miguel Bonet
El famoso dicho argentino “billetera mata galán” —popularizado por Jacobo Winograd para sintetizar que, al final del día, los recursos económicos terminan pesando más que el carisma o la apariencia— su perfecta traducción a la geopolítica y al plano electoral son las pasadas elecciones americanas.
Si en la seducción la billetera vence al encanto, en la política “el bolsillo mata al relato” (o, como diría James Carville en 1992, “¡Es la economía, estúpido!”).
Durante años, Donald Trump funcionó como el "galán" indiscutido de su electorado: un líder carismático para su base, irreverente, refractario a los modales del establishment y capaz de superar cualquier escándalo personal o judicial. Se le perdonó todo: los indultos, el estilo caótico, la retórica polarizante e incluso los discursos de 20 minutos sobre algas y tuberías. Su electorado estaba enamorado del personaje.
Sin embargo, el resultado de estas elecciones de medio término en 2026 dejó en claro el límite del romance. Cuando la inflación ahogó al estadounidense medio, cuando el coste de la vida se volvió asfixiante y la aventura bélica en Irán disparó los precios de los carburantes, la marea azul demócrata arrasó hasta en los bastiones conservadores más históricos como Texas o Kansas.
Los testimonios del votante común a lo largo de la mítica Ruta 66 no hablaban de ideología ni de batallas culturales; hablaban de la dificultad para llegar a fin de mes.Podrás tener la retórica más audaz y el fervor de las masas, pero si las políticas de aranceles drásticos y la inestabilidad internacional terminan vaciando la billetera del ciudadano, el encanto se rompe.
La derrota republicana no fue necesariamente un cheque en blanco de enamoramiento hacia el Partido Demócrata, sino un contundente voto de protesta. El bolsillo golpeado actuó como el gran ordenador de la realidad.
Al final, la marea azul demostró que la democracia estadounidense conserva su pragmatismo más básico: se puede ser de izquierdas o de derechas, pero las "cosas del comer" son las que definen el poder. El discurso seductor del populismo puede encantar durante una temporada, pero cuando la cartera se vacía, la billetera —o la falta de ella— mató al galán.
desde Mburucuyá