Corrientes, miercoles 28 de octubre de 2026

Opinión Corrientes

Lula a los 80 frena la ola de derecha… y Argentina se queda mirando el espejo

28-10-2026
COMPARTIR     
José Guillermo Alfonso

Hay un dato que pocos quieren mirar de frente: el domingo 25 de octubre de 2026, un hombre de 80 años que ya había perdido la primera vuelta le dio vuelta al resultado y le ganó al hijo del expresidente más polarizante de Brasil. Lula no solo se quedó con un cuarto mandato. Le puso un freno concreto a la narrativa de que América Latina estaba caminando, casi sin excepción, hacia la derecha.

No es un detalle menor. En los últimos años el péndulo regional se movió con fuerza: Milei en Argentina, Kast en Chile, cambios en Colombia, Bolivia, Honduras. La seguridad, el cansancio económico y el rechazo a las “fiestas” que después hay que pagar explican buena parte del fenómeno. Brasil, la economía más grande y el país con más peso geopolítico, se negó a completar el cuadro.

La victoria de Lula no fue un triunfo cómodo. Perdió la primera vuelta por más de dos millones de votos. La abstención del 21% lo había golpeado especialmente, porque su electorado está más lejos de las urnas y tiene menos hábitos de participación. En el balotaje esa abstención bajó, los votos en blanco y nulos también, y la base del PT se movilizó. El mensaje que prevaleció fue simple: mejor lo conocido que el riesgo de una restauración bolsonarista con el padre preso y el hijo prometiendo amnistía.

Pero el precio de esa victoria es alto. El Congreso que le toca a Lula es el más a la derecha desde la redemocratización. El PL se consolidó como la mayor bancada. La derecha controla cerca del 60% de la Cámara. Lula va a tener que negociar cada ley, cada nombramiento y cada presupuesto con un Legislativo que no le debe nada. Gobernar no será administrar. Será sobrevivir.

Mientras tanto, del otro lado de la frontera, Argentina observa con una mezcla de alivio y ansiedad. Milei llegó prometiendo futuro y ruptura. Tres años después, el ajuste duele, la imagen se deteriora y el peronismo —aún dividido, aún sin candidato claro y con Cristina bajo arresto domiciliario— empieza a oler oportunidad. Las encuestas ya muestran escenarios de balotaje ajustados. La polarización sigue intacta: el oficialismo habla de “kukas” y el peronismo habla de “ajuste salvaje”. Lo que no aparece con fuerza es una tercera fuerza capaz de romper ese esquema.

La pregunta que queda flotando es la misma que recorre la región:
¿cuánto tiempo puede un gobierno sostener el discurso del futuro cuando el presente se siente cada vez más pesado?

Lula demostró que el electorado, cuando se siente amenazado, puede volver a lo que conoce, aunque ese “conocido” tenga 80 años y un Congreso en contra. Argentina todavía no resolvió si está dispuesta a hacer lo mismo o si prefiere seguir apostando a que el ajuste eventualmente dé frutos.

El escenario de América Latina no es un monocultivo ideológico. Es un campo de tensiones donde el hartazgo se expresa primero hacia un lado y después hacia el otro. Brasil acaba de marcar un límite. Argentina, en 2027, va a tener que decidir si ese límite también le corresponde… o si prefiere seguir caminando sola.