Jose Miguel Bonet*
Martín Szulman es sociólogo (licenciado por la Universidad de Buenos Aires) y consultor en comunicación y estrategia política.
Es coautor, junto a Fernando Pittaro, del libro La era de la crueldad: el discurso político contra la política (publicado por Siglo XXI Editores). En esta obra, los autores analizan cómo la ira, la polarización, las redes sociales y la radicalización de los discursos públicos transforman la dinámica política contemporánea.
La era de la crueldad: el discurso político contra la política analiza la transformación de la conversación pública y la política en los últimos años. Martín Szulman y Fernando Pittaro articulan su análisis sobre varios ejes clave:
El libro examina cómo la crueldad, la descalificación y el desprecio hacia el adversario pasaron de ser conductas marginales a convertirse en herramientas de construcción identitaria y electoral. La indignación y el resentimiento actúan como combustibles eficaces para movilizar a la ciudadanía.
Se analiza el auge de discursos que cuestionan la utilidad de la política tradicional, las instituciones y el consenso democrático. Los líderes emergentes capitalizan el malestar de sectores sociales frustrados posicionándose como "outsiders" que vienen a destruir el orden establecido.
Se aborda el impacto de plataformas digitales y algoritmos diseñados para maximizar la atención a través de contenidos emocionales, polarizantes y de confrontación. Esto genera cámaras de eco donde las personas solo consumen visiones que confirman sus sesgos, fragmentando el tejido social.
El trabajo reflexiona sobre cómo la violencia verbal y la radicalización dificultan el diálogo democrático y la búsqueda de acuerdos mínimos. El debate se desplaza de la propuesta de políticas públicas hacia la aniquilación simbólica del rival.
Argentina no solo no escapa a esta fascinación por la crueldad política, sino que resulta la manera habitual de relacionarse entre rivales.
Nuestro país no se ha vacunado contra la crueldad . Ahora las redes son las nuevas ágoras para disfrutar del sufrimiento ajeno. Los líderes políticos deberían autoimponerse un código ético en lugar de deshumanizar el contrario. Si antes teníamos un déficit de empatía, ahora contamos con un superávit de brutalidad. Y así nos va!!!!!
* desde Mburucuyá