ANTECEDENTES HISTÓRICOS ANTICIPAN RIESGOS HÍDRICOS MÁS ALLÁ DEL VERANO
ELEVADO RIESGO DE ANEGAMIENTOS. A partir de los antecedentes de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2017, destacó la necesidad de anticipar los riesgos y fortalecer la prevención más allá de los pronósticos para el verano.
El investigador principal del Conicet y referente de Ecología Acuática, Juan José Neiff, advirtió que los efectos de El Niño podrían extenderse con lluvias torrenciales de entre 100 y 150 milímetros y un mayor riesgo de inundaciones en la cuenca del Plata.
El investigador principal del Conicet y referente de Ecología Acuática, en declaraciones a momarandu.com, distinguió entre el fenómeno oceánico, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, y sus consecuencias sobre los ríos de la cuenca del Plata, que comprende los sistemas del Paraná, Paraguay y Uruguay.
Según explicó, los pronósticos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la Universidad de Columbia y la Organización Meteorológica Mundial anticipaban la persistencia del fenómeno hasta mediados del verano, posiblemente entre diciembre y febrero. Sin embargo, advirtió que ese horizonte temporal no debe confundirse con la duración de sus efectos regionales, porque las lluvias y las crecidas pueden prolongarse durante varios meses después de las primeras manifestaciones del calentamiento oceánico.
Para fundamentar esa advertencia, el investigador comparó tres episodios históricos de El Niño y sus registros de precipitaciones. Durante el período 1982-1983 se acumularon 2.741 milímetros en doce meses, dentro de la secuencia de meses lluviosos que se extendió hasta mayo de 1983.
En el episodio de 1997-1998, los promedios móviles de los meses más lluviosos alcanzaron 2.272 milímetros en doce meses hasta agosto de 1998. En el fenómeno de 2015, los registros correspondientes a los doce meses de mayores precipitaciones sumaron 1.918 milímetros, un volumen que se alcanzó en mayo de 2017. Estas referencias muestran que los períodos de mayor impacto hidrológico no necesariamente coinciden con el verano en el que se desarrolla el fenómeno oceánico.
A partir de esas comparaciones, Neiff sostuvo que la evaluación del riesgo debe contemplar un horizonte temporal más amplio que el de las previsiones estacionales. El especialista señaló que los antecedentes de 1982-1983 y 1997-1998 muestran que las precipitaciones importantes pueden continuar durante el segundo año del ciclo, una posibilidad que obliga a considerar también el comportamiento de los ríos y las condiciones de drenaje de la región.
En ese contexto, indicó que las lluvias intensas podrían presentarse más adelante, hacia el final del verano y durante el otoño, con episodios de entre 100 y 150 milímetros que representarían dificultades para los sistemas de evacuación del agua.
CRECIDAS, LLUVIAS Y RIESGO DE ANEGAMIENTOS
El investigador explicó que las condiciones actuales presentan una particularidad, porque las primeras consecuencias visibles estuvieron relacionadas con las crecidas de los ríos, impulsadas por las precipitaciones registradas en las cuencas altas, antes de que se produjeran lluvias de magnitud comparable en la región.
Advirtió que la coincidencia posterior de ambos procesos podría agravar los anegamientos, ya que los cursos interiores tendrían mayores dificultades para descargar sus aguas si los principales colectores permanecen elevados. “Cualquier lluvia fuerte que recibamos en las próximas semanas encuentra a los colectores que son el Paraná y el Uruguay, los encuentran alto”, afirmó. En esas circunstancias, la saturación de las vías naturales de escurrimiento puede ampliar las áreas afectadas por el agua.
Neiff vinculó ese riesgo con las características geográficas de la cuenca, marcada por una pendiente muy reducida que dificulta la circulación superficial. Según precisó, en la llanura regional el desnivel puede ser de apenas un metro cada dos o tres kilómetros, una condición que limita el drenaje cuando los volúmenes de agua aumentan de manera significativa.
También mencionó las precipitaciones registradas en los estados brasileños de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, donde se acumularon 350 milímetros en cuatro días en este último estado. Debido a la posición de la región dentro de la cuenca del Plata, explicó que esos aportes contribuyen al comportamiento de los ríos y pueden trasladar sus efectos hacia el territorio argentino. “Entonces, podríamos decir que estamos viviendo una secuencia en la cual primero lluvias, después crecidas fuertes a través de los ríos”, resumió.
El especialista también se refirió a las condiciones meteorológicas observadas durante octubre, caracterizadas por jornadas nubladas, lloviznas y temperaturas variables. Explicó que esos registros no permiten descartar episodios posteriores de mayor intensidad y recordó que los climas subtropicales presentan variaciones diarias y estacionales importantes.
Como referencia, describió que las temperaturas habituales pueden comenzar entre los 12 y 13 grados y alcanzar máximas de 23 o 24 grados, aunque durante estos días se registraron mañanas cercanas a los 10 grados y máximas de alrededor de 20. Para Neiff, el aspecto central de la evaluación no reside únicamente en las condiciones presentes, sino en la posibilidad de que se produzcan lluvias torrenciales cuando los ríos principales ya se encuentren elevados y la capacidad de drenaje resulte insuficiente.
PREVENCIÓN Y TRANSFORMACIONES EN LOS RÍOS
Neiff destacó la importancia de mantener activa la prevención y valoró el trabajo desarrollado en el plan hídrico provincial, así como la difusión de información para que la población conozca los riesgos y adopte medidas anticipadas.
El investigador señaló que la preparación adquiere especial relevancia en un contexto económico e institucional que, según expresó, limita los recursos disponibles para responder a las contingencias. Por ese motivo, consideró necesario que los habitantes permanezcan atentos, evalúen sus propias posibilidades de protección y recuperen la experiencia de las inundaciones anteriores, particularmente las registradas durante los episodios de 1997-1998, 1982-1983 y 2015-2017.
El investigador remarcó que la comunicación pública cumple una función importante para anticipar escenarios sin generar alarma. “Es fundamental la tarea que realizan”, afirmó al agradecer el trabajo informativo destinado a la comunidad.
Consultado sobre las consecuencias de la prolongada sequía que precedió a las precipitaciones registradas desde 2023, el investigador explicó que los períodos secos no modifican por sí mismos la geometría de los ríos ni alteran de manera permanente sus condiciones de escurrimiento. Aclaró que las transformaciones más importantes se producen durante las grandes crecientes, cuando el agua transporta sedimentos capaces de modificar los canales y la configuración de los cauces.
Como ejemplo, recordó que después de la creciente de 1997-1998 el río Paraná dejó de contar con dos canales de navegación en el tramo mencionado, uno por la zona de Barranqueras y otro por el área de Corrientes.
Según relató, el canal próximo a la costa chaqueña quedó obstruido y se mantuvo el de Corrientes. También explicó que las acumulaciones de ramas y otros materiales visibles durante las bajantes forman parte de la dinámica fluvial, mientras que las playas y las superficies expuestas pueden cambiar cuando llega una nueva creciente.