Corrientes, jueves 24 de septiembre de 2026

Sociedad Corrientes
ECONOMÍAS REGIONALES

Sector cítrico alerta crisis en los tres destinos de la fruta: industria, mercado interno y exportación

24-09-2026
COMPARTIR     
El presidente de la Cámara de Exportadores de Citrus del Noreste Argentino (CECNEA), Enrique Yelin, expuso la necesidad de fortalecer el destino exportable de los cítricos dulces, que pasaron de 170 mil a 50 mil toneladas en las últimas décadas, y agregó que a esa situación se suma también la caída de demanda de la industria y el consumo interno de naranjas y mandarinas.

Yelin dialogó con el sitio Bichos de Campo sobre la actualidad del sector, actualmente con distintos signos de preocupación.

Recordó que el momento de mayor expansión exportadora llegó entre 2007 y 2008, cuando la Argentina alcanzó embarques cercanos a las 170 mil toneladas de cítricos dulces. Parecía que el sector finalmente había encontrado el camino para consolidarse en el mundo.

Pero actualmente las ventas externas de naranjas y mandarinas suman apenas unas 50 mil toneladas. De ese total, alrededor de 35 mil corresponden a mandarinas. Es decir que la Argentina exporta menos de un tercio de lo que llegó a colocar en los mercados internacionales veinte años atrás.

En la charla Yelin dejó en claro que esta caída de las exportaciones tiene una consecuencia directa sobre el mercado interno: toda la fruta que no consigue salir del país termina buscando compradores dentro de la Argentina. Allí aparece una de las principales explicaciones de la denominada “crisis de la mandarina”: sobra producción y falta demanda.

El problema, según el presidente de CECNEA, es que actualmente están deprimidos los tres destinos posibles para la fruta: la industria, el mercado interno y la exportación.

La industria elaboradora de jugos atravesó un período de precios extraordinarios hace unos años, pero luego los valores cayeron hasta niveles históricamente bajos.

El mercado interno, en tanto, está afectado por la retracción del consumo, donde las frutas -lamentablemente- forman parte de los gastos familiares que se pueden recortar.

Y las exportaciones continúan condicionadas por la pérdida de competitividad argentina.

“El eterno problema que tenemos es la falta de competitividad. Hay costos impositivos elevados, dificultades para cobrar los reintegros y recuperar el IVA, y no existe un crédito acorde con esta actividad”, enumeró el empresario.

La citricultura necesita financiamiento de largo plazo y tasas compatibles con inversiones que tardan varios años en madurar. Sin embargo, esos instrumentos escasean desde hace décadas. “Esto no sucede solamente ahora. Ocurre desde hace 30 años”, aclaró Yelin, para no caer en la política barata que responsabiliza a un gobierno y acusa a otro. El problema es más grave.

Según su análisis, la construcción exportadora pudo sostenerse inicialmente porque existía un mercado doméstico rentable que permitía financiar la incorporación de variedades, infraestructura, certificaciones y conocimientos comerciales. Pero ese soporte se fue degradando durante los últimos 20 años.

“Estas economías regionales necesitan mucha inversión y mucho capital de trabajo. Además, tienen que competir internacionalmente contra países que cuentan con costos más bajos y mejores condiciones”, afirmó el empresario.

Para Yelin, el mercado internacional tiene capacidad suficiente para absorber ese crecimiento. La participación argentina es actualmente tan pequeña que sumar otras 100 mil toneladas no alteraría de manera significativa la oferta mundial.

Una de las grandes oportunidades, según este directivo citrícola, sería finalmente lograr el ingreso de los cítricos dulces argentinos a los Estados Unidos. Se trata de una negociación sanitaria y política que lleva años sin resolverse.

En 2019, una delegación sanitaria estadounidense inspeccionó la región y, según explicó el dirigente, aprobó las condiciones para que la Argentina pudiera exportar. Desde entonces quedó pendiente la consulta pública interna que deben realizar las autoridades norteamericanas. “El trámite se trabó por una cuestión política y hasta ahora no pudo destrabarse”, lamentó.

La resistencia provendría fundamentalmente de los productores de cítricos de California, pese a que los volúmenes argentinos representarían una proporción mínima del consumo estadounidense. Según Yelin, ese mercado paga precios diferentes y podría cambiar la ecuación económica de toda la actividad.

“Estados Unidos es hoy un país importador. Nuestro volumen no mueve ningún amperímetro, pero siempre aparece una excusa. Antes era que el gobierno argentino no tenía una buena relación con el estadounidense. Ahora la relación mejoró, pero siempre aparece un ‘pero’ que les permite ganar tiempo mientras nosotros lo perdemos”, cuestionó el fruticultor.

Para los exportadores del NEA, la apertura estadounidense debería ocupar un lugar prioritario en la agenda de negociación bilateral. Acceder a ese destino permitiría vender fruta a mejores valores y comenzar a recuperar la tracción exportadora perdida. Es lo que le plantearon días atrás al gobernador entrerriano Rogelio Frigerio, quien se comprometió a apoyar esa causa.

“La gente está muy apagada. El empresario está muy triste porque no advierte una preocupación del Gobierno nacional por esta situación. Está muy claro que se está arreglando la macro, pero se nos está cayendo la micro, sobre todo en este tipo de economías regionales”, afirmó Yelin.

Detener una cadena exportadora implica poner en riesgo capacidades que tardaron décadas en construirse. Para enviar fruta fresca al exterior se necesitan certificaciones, trazabilidad, controles sanitarios, infraestructura, conocimiento comercial y, sobre todo, la confianza de los compradores. “Costó 40 años construir todo esto”, remarcó.

Según el empresario, la exportación agrega cerca del 80% del valor final de la fruta. Una materia prima que en la quinta puede valer 100 o 200 pesos llega al mercado de destino con un valor de 1.000 pesos debido al trabajo incorporado durante la cosecha, la selección, el empaque, la conservación, el transporte y la comercialización. Y ese proceso también sostiene una enorme cantidad de puestos laborales.

Yelin destacó que el sector exportador emplea directamente entre 10 mil y 12 mil personas en el campo y los empaques, y eso sin contabilizar el transporte, la fabricación de cajones y bines ni los demás servicios vinculados. “Una empresa como esta puede tener entre 400 y 500 personas trabajando durante la plena cosecha”, indicó, señalando a la gente que ya había puesto de nuevo manos a la obra.

En todo el Litoral se producen alrededor de 800 mil toneladas de cítricos, pero apenas 35 mil toneladas de mandarinas logran exportarse. Para recuperar cierto equilibrio, el sector necesitaría colocar afuera entre el 20% y el 30% de la producción.

Ese esquema fue pensado hace cuatro décadas y funcionó. Permitió modernizar la producción, mejorar las variedades, agregar valor y generar miles de puestos de trabajo. El problema no parece estar en aquella idea, sino en una Argentina que dejó pasar los chances de consolidarla.

Pero Yelin insistió: “Hay posibilidades para todos”. Para aprovecharlas será necesario volver a mirar la citricultura como lo que alguna vez fue y todavía puede ser: una pujante economía regional exportadora capaz de transformar fruta en divisas y, especialmente, en trabajo.

Fuente: Bichos de Campo