DÉCADAS DE ESCEPTICISMO. ¿Puede una experiencia extracorporal permitir percibir lo que ocurre en otra habitación? Un experimento no halló resultados por encima del azar, pero dos relatos inesperados abrieron una nueva incógnita.
Hay un tipo de experiencia que la ciencia lleva décadas observando con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Son las experiencias extracorporales, la sensación de abandonar el propio cuerpo, de que la conciencia "sale" de él y observa el entorno desde otro punto del espacio.
Ahora, un nuevo experimento dirigido por la neurocientífica Marina Weiler, de la División de Estudios Perceptivos de la Universidad de Virginia (UVA Health), trató de someter esa afirmación a una prueba rigurosa.
El resultado principal no mostró indicios de que los participantes identificaran el objetivo por encima del azar, pero durante las sesiones ocurrió algo que no formaba parte del protocolo y que terminó concentrando toda la atención. Dos participantes dieron detalles acertados sobre una escena que, en principio, no podían observar: la disposición de los científicos en otra sala y algunas de las tareas que realizaban allí.
PONER A PRUEBA LAS EXPERIENCIAS EXTRACORPORALES
El experimento, realizado en Brasil, fue diseñado con especial cuidado. Según describe UVA Health, 21 personas con experiencia en técnicas destinadas a inducir experiencias extracorporales participaron en un ensayo repartido en tres habitaciones separadas.
El montaje separaba físicamente al participante, a los investigadores y al objetivo visual. Mientras el voluntario intentaba inducir la experiencia en una sala, el equipo permanecía en otra y la imagen que debía identificar aparecía en un portátil situado en una tercera habitación, con la pantalla orientada hacia la pared.
El procedimiento impedía también que los propios investigadores supieran cuál era el objetivo. La selección quedaba automatizada y la persona encargada de poner en marcha el sistema salía antes de que la imagen fuese visible. El equipo no supo qué imagen había sido seleccionada hasta la fase de análisis, meses después.
De los 21 participantes, trece proporcionaron alguna descripción de lo que creían haber percibido y diez afirmaron haber vivido una experiencia extracorporal durante la sesión.
RESULTADOS DE PERCEPCIÓN: NADA POR ENCIMA DEL AZAR
Para comprobar si las descripciones coincidían realmente con la imagen correcta, los investigadores usaron un modelo de lenguaje. El sistema comparó cada relato con las cien imágenes posibles y las ordenó de mayor a menor parecido, sin intervención de un juez humano.
Si los participantes hubieran percibido correctamente la imagen, el objetivo real debería haber quedado entre los primeros puestos de la clasificación. No fue así: al comparar cada descripción con las cien imágenes posibles, la correcta ocupó posiciones entre la 16 y la 92 en las distintas pruebas, unos resultados que en conjunto no superaron el azar.
Además, cuando el sistema recibía descripciones precisas de las imágenes, era capaz de identificar los objetivos correctos, lo que confirmó que el procedimiento funcionaba cuando existía una correspondencia semántica clara.
EL DETALLE INESPERADO: DESCRIBIR LO QUE OCURRIÍA EN OTRA SALA
Hasta ahí, el resultado de la prueba principal era claro. Sin embargo, dos participantes ofrecieron, sin que nadie se lo pidiera, detalles sobre lo que sucedía en la segunda habitación, la de los investigadores. Ese espacio no formaba parte de los objetivos del experimento y, según los organizadores, los participantes no podían ver lo que ocurría allí.
Los dos relatos se referían a configuraciones distintas de la sala. En uno, la atención recaía sobre una persona que trabajaba con el ordenador, situada a la izquierda, mientras otra leía más al fondo. En el otro, las posiciones habían cambiado: quien tomaba notas se encontraba a la derecha y la persona que utilizaba el ordenador, a la izquierda.
Al revisar los registros del ensayo, el equipo comprobó que ambas descripciones coincidían con la posición de los investigadores durante las respectivas sesiones. En ninguno de los dos casos, además, se trataba de la disposición habitual del equipo.
UN CASO SIMILAR UNA DÉCADA ATRÁS
Un antecedente similar se remonta a los años sesenta. Weiler y sus colegas recuerdan también un episodio ocurrido décadas atrás con Robert Monroe. En aquella prueba falló al intentar reconocer el objetivo que debía percibir, pero relató la presencia, fuera de la habitación, de una persona que no conocía junto a uno de los miembros del equipo. Después se comprobó que aquel visitante era el marido de uno de los miembros del equipo.
El propio Charles Tart, que dirigió aquellas pruebas, no consideró el episodio suficientemente sólido: dejó abierta la posibilidad de que Monroe hubiera percibido la presencia del visitante por medios normales durante una interrupción del experimento.
Esa misma cautela aparece en el nuevo estudio, publicado en Explore. Los autores advierten que esos dos relatos surgieron fuera de la prueba prevista y no fueron evaluados estadísticamente, por lo que no pueden considerarse una demostración de percepción extracorporal.
Precisamente por eso, el interés de estas observaciones está menos en ofrecer una respuesta que en abrir una nueva pregunta. Weiler señala que los resultados inesperados "a veces pueden ayudarnos a plantear mejores preguntas", y en este caso han dejado una hipótesis concreta que podría ponerse a prueba en futuros ensayos.
Los investigadores plantean que quizá una imagen fija no resulte lo bastante llamativa y que objetivos más memorables, distintivos o capaces de despertar una respuesta emocional podrían resultar más fáciles de percibir o recordar durante estas experiencias. Por eso sugieren incorporar detalles ocultos fácilmente reconocibles, como una prenda de color vivo, y comprobar si los participantes los describen sin haberlos visto.
Para Weiler, en cualquier caso, la cuestión va más allá de determinar si durante estas experiencias puede obtenerse información inaccesible por los sentidos habituales. Si futuros estudios demostraran que algunas personas pueden obtener información sin recurrir a sus sentidos habituales, sostiene, habría que revisar algunas ideas actuales sobre la conciencia y la percepción.
En el fondo, la pregunta es todavía más amplia. "Esta investigación no solo se pregunta si las experiencias extracorporales son reales. Se pregunta, ante todo, qué entendemos por 'real'", afirma. Y plantea además si nuestra comprensión de la realidad es lo bastante amplia para explicar todo lo que puede experimentar la conciencia humana.
Fuente: Dw.