ESTRUCTURAL. El Observatorio de la Deuda Social Argentina mostró que el ascenso social está condicionado por factores socioeconómicos de las familias, acentuando la brecha entre las posibilidades de jóvenes de hogares de ingresos altos y bajos.
Un nuevo informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) aseguró que las desigualdades entre los jóvenes no se limitan al acceso al estudio o empleo. Por el contrario, estas inequidades "se acumulan desde el hogar de origen" y alcanzan al bienestar psicológico, los vínculos sociales y las experiencias de violencia de género.
Esta afirmación surgió del análisis Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión, del Observatorio de la Deuda Social Argentina con foco en el grupo de 18 a 25 años, donde se agregó que las posibilidades de completar los estudios, llegar a un empleo protegido o construir un proyecto de vida "están fuertemente condicionadas por la posición socioeconómica del hogar".
En materia educativa, el informe sostuvo que las brechas "son contundentes": "Mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria". En cuanto a lo laboral, apenas "el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo pleno de derechos".
"La desigualdad resulta todavía más evidente cuando se observan conjuntamente educación y trabajo", sostuvo el documento y detalló que uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, pero esta situación alcanza "al 34,2% de los jóvenes del estrato muy bajo frente al 8,3% del medio alto".
A su vez, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar cae del 41,2% al 15,6% entre ambos extremos sociales. En cuanto al empleo pleno de derechos, este es minoritario entre los jóvenes:
-alcanza apenas al 14,2%;
-el 22,5% combina empleo irregular y desempleo reciente;
-otro 10,7% permanece desempleado por más de seis meses.
Finalmente, las desventajas laborales aumentan al descender en la escala social: cae el empleo regular y crecen el empleo irregular y el desempleo prolongado.
LA DESIGUALDAD "SE HEREDA"
El estudio incorporó la “herencia social” a la explicación de estas trayectorias y destacó que en los sectores más desfavorecidos, la calidad del empleo del jefe o jefa del hogar modifica significativamente las posibilidades: "Cuando el hogar cuenta con un empleo pleno aumentan las chances de sostener los estudios; cuando predominan la precariedad, el subempleo o el desempleo, crece la desvinculación educativa y laboral", sentenció la institución.
Sin embargo, incluso un empleo protegido del principal sostén económico "no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja". En paralelo, el 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico, pero su incidencia aumenta del 15,5% en el estrato medio alto al 28,5% en el muy bajo.
También se amplían fuertemente las brechas en las redes de apoyo: el 15,7% de los jóvenes del estrato muy bajo declaró no tener amigos, frente al 1,7% del medio alto. Entre las mujeres jóvenes, las experiencias declaradas de violencia de género alcanzan al 19,4% en el estrato muy bajo, más de tres veces el 6,2% registrado en el medio alto.
El informe finalmente planteó así que la exclusión juvenil no puede interpretarse solamente desde las decisiones individuales "ni abordarse únicamente con políticas educativas o de empleo". Así, sostener las "trayectorias educativas, promover empleos de calidad, revincular a quienes están fuera del estudio y del trabajo y fortalecer las condiciones de los hogares" requiere la incorporación de bienestar psicosocial, redes de apoyo y prevención de las violencias.
Fuente: Ámbito.