Corrientes, jueves 20 de agosto de 2026

Cultura Corrientes

El Testamento de Grecia

19-08-2026
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Alejandro Bovino Maciel

Occidente es legado de Grecia: el pensamiento filosófico, padre de las ciencias; el arte, la arquitectura que también es un arte, los deportes como cultivo del cuerpo, no como competencias de habilidades, el teatro con el que formó a la sociedad para vivir en democracia.

Vivamos donde vivamos en cualquier zona de Occidente giramos los ojos y veremos columnas dóricas, jónicas, corintias o compuestas. Todo proviene de Grecia. Tímpanos, basas, fachadas, ornamentos en los frontis: exceptuando los horribles rascacielos hechos de vidrio y durlok —invento de la modernidad— toda la arquitectura de edificios institucionales tiene algo de griego, acá y en Canadá, en Europa toda, y allí donde haya llegado la civilización occidental. Todo eso es un tesoro, pero lo mejor que nos dejó Grecia es invisible: nos enseñó a pensar con razonamiento, no con caprichos.

Digo que Grecia educó a su pueblo por medio del teatro. ¿Por qué? En el teatro, Esquilo tuvo la brillante idea de inventar un antagonista. Antes que él un actor —el protagonista— contaba su triste historia y el coro —que personificaba al pueblo— le respondía, haciéndose eco de su dolor o indignación. Esquilo pone a otro hombre frente al protagonista. Ahora son dos personas que discuten sobre un tema por medio de argumentos. Ahí no valía el “es así porque yo lo digo” ya que todos los ciudadanos tenían la misma autoridad, nadie podía imponer nada al otro. La única fuerza era la razón lógica de las cosas, y para defenderla solamente tenía valor la argumentación, es decir, explicar por qué razón hice o pienso hacer tal cosa que no me afectará solo a mí sino a otras personas. Eso lo presenciaban en los anfiteatros miles de griegos periódicamente. En la platea también se discutía si la razón estaba del lado del protagonista o el antagonista que debatían en la escena. ¿Qué es eso, sino una asamblea parlamentaria de hecho? ¿No les recuerda a las modernas asambleas legislativas previas a las tarjetas Banelco de Argentina?

Seguramente mucha gente habrá escuchado el cacareo más común: que Grecia nos dejó la democracia. Esa es una verdad a medias. Primero, porque la democracia griega era directa. Todos los ciudadanos habilitados de la ciudad votaban el Sí o el No a una propuesta pública. Atenas, por ejemplo, proponía en tiempos de Pericles ¿anexamos la isla de Delos o no? El pueblo emitía su voto y elegía. Esto hacía que la decisión fuera colectiva.

Como si fuera poco Grecia nos legó su magnífica mitología, que es en parte historia real (Troya finalmente se encontró en el sitio que Homero había señalado en Ilíada) y en parte imaginación de dioses yendo y viniendo del Olimpo a la tierra.

Cuando injertaron ese brote en el resto de Occidente ya vino con trampa: la elección ya no era directa sino por medio de representantes: diputados, senadores, legisladores.

Por otro lado, la tan purificada democracia griega que el pasado hace perfecta era bastante dudosa. Los ciudadanos “habilitados” para participar de las asambleas en el areópago eran solamente los hombres mayores de edad (las mujeres, 50% de la población, estaban excluidas), tampoco votaban los metecos (extranjeros residentes) ni los esclavos. Sumando todos los excluidos teníamos a un 70 % de personas hábiles que no podía participar, opinar ni votar. Vale decir que la purificada democracia ateniense tomaba decisiones por medio de un 20 o 30 % de la población total. Un tercio.

Uno de esos mitos es el de Aquiles y Patroclo. Para los griegos la convivencia amorosa entre dos hombres no era razón de escándalo: no habían leído al furibundo Pablo de Tarso, verdadero talibán de la sexualidad. En la guerra de troya el príncipe troyano Héctor consigue derribar a Patroclo de un lanzazo. Aquiles jura sobre el cadáver que no descansará hasta matar a Héctor, cosa que consigue en un combate. No olvidemos que la guerra de Troya duró diez años. En otro combate posterior el príncipe troyano Paris mató a Aquiles con una flecha en envenenada en el talón, que era su único punto débil, de ahí viene llamar a la debilidad de una persona “es su tendón de Aquiles”. Ya vemos que la guerra es una cadena de crímenes y venganzas. Ya es hora de tomar conciencia de ello: ninguna guerra fue ganada por ninguna nación: perdieron hombres, armamentos, prestigio y dejan en el pueblo vencido una sensación de injusticia que volverá a buscar venganza. Y el ciclo nunca termina.

En la Logia de las Lanzas existe una escultura de mármol en la que un recio soldado sostiene el cadáver de otro soldado que cuelga como una planta arrancada. No hay acuerdo entre los académicos: para algunos es Agamenón sosteniendo el cuerpo de Aquiles. Para otros, es el propio Aquiles sosteniendo el cadáver de Patroclo. Es más fácil pensar lo segundo. Al rey Agamemnón podría causarle un dolor la muerte de uno de sus mejores soldados, mas la expresión del rostro del hombre que sostiene al muerto en la escultura es mucho más profunda que un “cuánto lo siento”: es ira, dolor, indignación, sed de venganza.

Celebremos entonces que Grecia nos haya dejado lo mejor que dio de sí misma: el arte, la cultura y el pensamiento que nos hace diferentes a las bestias.


JULIO 2026