La mayoría de los robots humanoides vendidos en Estados Unidos se fabrican en el extranjero, especialmente en China.
La decisión de EE. UU. de prohibir su importación fue tomada a partir de las conclusiones de un grupo de trabajo creado por la Casa Blanca. Este organismo determinó que estos robots fabricados en el extranjero podrían amenazar infraestructuras críticas y "la seguridad y protección" de los residentes de Estados Unidos.
El grupo de trabajo citó entre otros ejemplos, el caso del programador francés Sammy Azdoufal, que informó haber accedido accidentalmente a los datos de miles de aspiradoras robóticas fabricadas por la empresa china DJI. A pesar de la prohibición, es posible que el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional concedar exenciones.