Alejandro Bovino Maciel
En toda historia del arte (que no discuto) se nos enseña que el gótico es expresión de la necesidad de elevación del ser humano hasta Dios. Los altos muros, los arcos ojivales que se parecen al espacio que dejan dos manos en oración, los altos vitrales iluminando a plenitud esas bóvedas con delicadas nervaduras, todo tiende hacia lo alto. Todo reclama a Dios porque (dicen los manuales que no discuto) el eje de la vida medieval era teocéntrico. Dios era el centro desde el que se organizaba la vida diaria durante los diez siglos de rezos, como llamaba un amigo a la Edad Media.
Se puede viajar en el espacio, pero también en el tiempo. Y no me refiero a esas paparruchadas del tipo Volver al futuro y otras nimiedades hollywoodenses. No. Me refiero al pasado que se busca recuperar por medio de sus huellas. Necesitaba presenciar esas dos catedrales (Burgos y León, en el norte de España) para acercarme más a la idea contestataria que quería proponer a la historia del arte, historia ya desgastada por el truismo, tal como se nos cuenta en cada documental.
Tomé el vuelo en Buenos Aires que me depositó en Madrid donde estuve dos días alojado en un hotel que daba a la Calle del Desengaño que por las noches se colmaba de travestis, dealers, prostitutas, mamelucos y lumpenaje de toda ralea, sin despreciar a nadie. Si de día era una calle nostálgica, de noche había cualquier cosa menos desengaño.
Llegué a Burgos en un bus muy cómodo en el que viajaban en el fondo del transporte algo así como una familia de gitanos o andaluces muy ruidosos pero alegres. Al parecer papá y mamá venían ensayando un número de flamenco con ese canto lamentoso y sin embargo vital, salpicado de repiques de manos, retumbar del asiento que papá gitano utilizaba como si fuese un bongó, algún que otro zapateo y los chicos aplaudiendo y llenos de risas que contagiaban alegría al monótono paisaje rural del camino a Burgos. Tengo un gran problema con los trenes de España. Tienen precios irracionales. Los números irracionales existen: el tarifario de Renfe lo demuestra. El trayecto Madrid-Burgos, por ejemplo, a las 10 de la mañana cuesta 12 euros, a las 12:30 cuesta 42 euros, a las 18 cuesta 27 euros. Es el mismo tren, no es bala ni nada especial pero los precios saltan como las cotizaciones en la Bolsa, sin explicación racional. El precio de los buses es mucho más estable, y además el servicio del transporte de ómnibus de media distancia es excelente.