En la celebración por el 126° aniversario de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de Itatí, monseñor José Adolfo Larregain presidió la misa central y dirigió un mensaje a los fieles y peregrinos congregados en el santuario mariano.
Al iniciar su homilía, destacó el sentido espiritual de la convocatoria y expresó: "Queridos hermanos y hermanas, queridos peregrinos: nos congregamos una vez más a los pies de Nuestra Señora de Itatí para celebrar los 126 años de su Coronación Pontificia. Llegamos desde distintos lugares, trayendo en el corazón alegrías y esperanzas, pero también preocupaciones, cansancios y sufrimientos. Venimos como pueblo peregrino para encontrarnos con la Madre que nos acompaña en el camino de la vida y nos conduce siempre hacia su Hijo Jesucristo".
El arzobispo remarcó que el lema de la novena sintetizó el sentido de la conmemoración y explicó que su contenido responde a un llamado permanente del Evangelio. En ese marco afirmó: "Junto a María de Itatí, somos testigos de esperanza y alegría". Asimismo, precisó que "No se trata de una consigna pasajera ni de un simple deseo. Es una vocación que nace del Evangelio y que hoy la Palabra de Dios vuelve a proponernos".
Al desarrollar la reflexión sobre las lecturas bíblicas, monseñor José Adolfo hizo referencia al anuncio del profeta Zacarías sobre una Jerusalén abierta, protegida por la presencia de Dios y sostenida por su promesa. A partir de esa imagen, relacionó el texto bíblico con la realidad contemporánea al señalar que "Muchas familias experimentan incertidumbre económica; numerosos jóvenes sienten preocupación por el futuro; no faltan quienes padecen la soledad, la enfermedad o la falta de trabajo". Frente a ese escenario, remarcó que "Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que el Señor no abandona a su pueblo. Él sigue caminando con nosotros y continúa sembrando esperanza allí donde parece imponerse el desaliento", presentando la confianza en Dios como eje de su mensaje pastoral.
LA ESPERANZA CRISTIANA Y LOS TESOROS DEL PUEBLO
Durante la homilía, el arzobispo también profundizó sobre el significado del Magníficat proclamado en la celebración. Explicó que ese canto expresa la actitud de María frente a la acción de Dios en la historia y sostuvo: "María no niega las dificultades de su tiempo, pero tampoco se deja vencer por ellas. Su mirada está puesta en la fidelidad de Dios. Por eso canta, alaba y se alegra". A continuación afirmó que "La verdadera esperanza cristiana no nace de un optimismo ingenuo, sino de la certeza de que Dios sigue actuando en medio de nuestras fragilidades", destacando que la confianza cristiana encuentra su fundamento en la presencia permanente de Dios.
Al referirse al Evangelio proclamado durante la misa, recordó las palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos: "Permanezcan en mi amor" y "Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena". Sobre esa enseñanza explicó que "La alegría cristiana no depende de que todo salga bien. Brota del encuentro con Cristo y de la experiencia de sabernos amados por Él. Cuando permanecemos en su amor descubrimos una fuerza interior capaz de sostenernos aun en medio de las pruebas". De este modo, relacionó el mensaje evangélico con la vivencia cotidiana de la fe y la capacidad de afrontar las dificultades.
Monseñor José Adolfo identificó además cuatro valores que definió como "grandes tesoros" presentes en la vida del pueblo. En primer lugar mencionó "la fe sencilla y perseverante de nuestras familias, que continúan rezando, confiando y buscando a Dios incluso en las circunstancias más adversas". En segundo término destacó "la solidaridad, esa capacidad tan propia de nuestro pueblo de tender la mano al que sufre, compartir el pan y acompañar al que está solo". También señaló "la esperanza que nace de la oración y que nos impide resignarnos ante el mal" y finalmente "la alegría de la fe, esa alegría serena que ninguna crisis puede apagar porque tiene sus raíces en Dios", presentándolos como fundamentos para afrontar los desafíos del presente.
RENOVACIÓN DE LA CONFIANZA EN EL ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN
En otro tramo de la homilía, el arzobispo evocó la presencia histórica de la imagen de Nuestra Señora de Itatí como referencia permanente para generaciones de fieles. En ese sentido expresó: "María de Itatí ha sido durante generaciones testigo silenciosa de la historia de nuestro pueblo. Ha visto pasar momentos de prosperidad y también tiempos de dolor. Y siempre ha permanecido aquí, recordándonos que Dios cumple sus promesas y que nunca abandona a sus hijos". Con estas palabras resaltó el papel que la advocación mariana ocupa en la vida religiosa y comunitaria del pueblo correntino.
Al dirigirse nuevamente a los peregrinos, convocó a renovar la confianza en el marco del aniversario de la Coronación Pontificia. En ese contexto manifestó: "Queridos peregrinos, al celebrar este aniversario de la Coronación Pontificia, renovemos nuestra confianza. No permitamos que la desesperanza gane espacio en nuestros corazones. Caminemos junto a María, sosteniéndonos mutuamente como hermanos. Seamos, en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo, verdaderos testigos de esperanza y alegría".
Como cierre de la celebración, monseñor José Adolfo encomendó a los presentes a la protección de Nuestra Señora de Itatí y formuló una oración final en la que pidió: "Que Nuestra Señora de Itatí nos enseñe a mirar el futuro con fe, a vivir el presente con amor y a afrontar las dificultades con la certeza de que el Señor sigue haciendo maravillas en medio de su pueblo. Amén".