Corrientes, jueves 09 de julio de 2026

Sociedad Corrientes
TEDEUM DEL 9 DE JULIO

Larregain llamó a fortalecer el bien común: “No hay paz duradera sin justicia ni fraternidad”

09-07-2026
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CELEBRACIÓN PATRIÓTICA CON MENSAJE SOCIAL. La ceremonia fue presidida por monseñor José Adolfo Larregain y reunió a autoridades provinciales, municipales, representantes institucionales y fieles en la ciudad de Corrientes.

La ciudad de Corrientes fue escenario del solemne Tedeum por el 9 de Julio, presidido por monseñor José Adolfo Larregain, en conmemoración de un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia. La ceremonia reunió al gobernador de la provincia, al vicegobernador, al intendente y viceintendente de la capital, miembros de los poderes del Estado, autoridades civiles y de seguridad, representantes de instituciones y numerosos fieles que participaron de la celebración religiosa.

En el inicio de su homilía, el arzobispo convocó a los presentes a recordar el significado histórico de la independencia argentina y a mirar el ejemplo de los congresales de 1816. Señaló que aquellos hombres enfrentaron divisiones, incertidumbres y conflictos, pero supieron anteponer un proyecto común por encima de los intereses inmediatos. "Hoy nos congregamos para dar gracias a Dios por el don de nuestra patria, al cumplirse un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia", expresó.

Larregain destacó que la experiencia de los protagonistas de la independencia conserva plena vigencia para el presente argentino. Sostuvo que el país atraviesa "horas desafiantes" y llamó a recuperar la capacidad de pensar en el bien común, tomando como referencia la grandeza de quienes asumieron las responsabilidades que exigía la construcción de una nación libre.

POBREZA, INCERTIDUMBRE Y FRAGILIDAD DE LOS VÍNCULOS

El arzobispo dedicó una parte central de su mensaje a describir las dificultades sociales y económicas que atraviesan numerosos argentinos. Mencionó "el peso de la pobreza, la fragilidad del trabajo, la incertidumbre económica y las dificultades para proyectar el futuro", y subrayó que detrás de las estadísticas existen realidades concretas que afectan a familias, jóvenes, adultos mayores y trabajadores.

En ese contexto, advirtió sobre otra forma de pobreza que consideró especialmente preocupante: el debilitamiento de los vínculos sociales. Señaló que cuando la desconfianza reemplaza al encuentro, la agresión ocupa el lugar del diálogo y el individualismo se impone sobre la solidaridad, "se resiente el alma de la nación".

La reflexión estuvo acompañada por una lectura de la realidad social desde la fe cristiana. Larregain recordó el pasaje del profeta Oseas y presentó la imagen de un Dios que acompaña, sostiene y permanece fiel a su pueblo incluso en medio de las vacilaciones humanas, destacando que no se trata de un Dios distante sino cercano a la historia concreta de las personas.

EL BIEN COMÚN COMO EJE DE LA VIDA PÚBLICA

El arzobispo afirmó que la construcción de una patria no depende únicamente de indicadores económicos, reformas legales o acuerdos políticos. Si bien reconoció la importancia de esos elementos, sostuvo que una nación se fortalece cuando crece la confianza, se cuida la dignidad de cada persona y el bien común ocupa el centro de las decisiones.

En esa línea, vinculó el mensaje evangélico con la responsabilidad pública y sostuvo que "toda responsabilidad pública encuentra su sentido más noble en el servicio". Añadió que la autoridad se dignifica cuando escucha, busca caminos de encuentro y pone en el centro a quienes más necesitan ser acompañados.

Larregain también definió el rol de la Iglesia en la vida social. Aclaró que la institución no pretende ofrecer soluciones técnicas ni ocupar espacios que corresponden a otros actores, pero sí tiene el deber de recordar que ninguna sociedad puede sostenerse sobre la indiferencia y que no existe un futuro sólido cuando la exclusión se naturaliza.

LA CULTURA DEL ENCUENTRO Y LA ESPERANZA

Durante su homilía, el prelado citó enseñanzas de los pontífices recientes para reforzar su mensaje sobre la fraternidad y la convivencia. Recordó que el papa Francisco enseñó que "nadie se salva solo" y afirmó que el papa León continúa invitando a renovar la cultura del encuentro como camino para fortalecer la convivencia entre los pueblos.

El arzobispo sostuvo que esas palabras no constituyen un simple ideal, sino una exigencia concreta para el tiempo presente. Desde esa perspectiva, planteó que la paz duradera requiere justicia y fraternidad, y que la verdadera grandeza de una nación no puede construirse dejando personas al margen.

Al referirse al ánimo social, señaló que los creyentes no ignoran las dificultades actuales, pero tampoco renuncian a la esperanza. Destacó que la historia argentina ofrece numerosos ejemplos de resiliencia, creatividad y solidaridad, y afirmó que el pueblo ha sabido levantarse muchas veces porque nunca perdió del todo la capacidad de confiar y recomenzar.

EL EJEMPLO DEL FÚTBOL Y LA ORACIÓN POR LA PATRIA

En uno de los pasajes más comentados de la homilía, Larregain utilizó una referencia futbolística para ilustrar la idea de resiliencia colectiva. "¡Qué lindo ejemplo es lo que estamos viendo estos días con la Argentina! En los últimos diez minutos cambió todo, y parecía que ya estábamos entregados y perdidos. Entonces, eso nos muestra que el cambio es posible, que es posible revertir las cosas y que la resiliencia existe, si somos capaces de trabajar en equipo, de sostenernos unos a otros y de animarnos", expresó.

El arzobispo aclaró que se trata de una enseñanza tomada de "algo muy externo que sucede en un partido de fútbol", pero consideró que puede ofrecer lecciones valiosas para la vida social y personal, que es "mucho más profunda que una cancha". A partir de esa reflexión, invitó a analizar y estudiar ese ejemplo como una manifestación de la posibilidad de revertir situaciones adversas.

La homilía concluyó con una oración por la salud de quienes gobiernan, por la fortaleza de quienes trabajan por el bien común, por el consuelo de los que sufren y por mayores oportunidades para los jóvenes. Finalmente, encomendó a Corrientes y a la Argentina a la protección de Nuestra Señora de las Mercedes y pidió "construir una patria donde nadie se sienta descartado, donde la fraternidad sea más fuerte que las divisiones y donde la esperanza tenga siempre la última palabra".