Corrientes, miercoles 08 de julio de 2026

Opinión Corrientes

Por qué triunfan los Populismos de Derecha

07-07-2026
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Jose Miguel Bonet 


El populismo de derecha es una corriente política que combina elementos del populismo —como la apelación directa al pueblo frente a las élites— con posiciones ideológicas propias de la derecha política mayoritaria y contemporánea, tales como el neonacionalismo, el nacionalismo económico, el conservadurismo fiscal y el conservadurismo social[. Suele presentarse como una respuesta contra las élites políticas, económicas o culturales, y enfatiza la soberanía nacional, el orden social y la identidad tradicionales

Si en el pasado la derecha era masculina, elitista, tecnocrática y usaba traje y corbata, un rasgo común la identificaba: su antipopulismo.Hoy en el mundo, es que la derecha también se volvió populista: más plebeya y preocupada por conectar con el sentir popular, así como más agresiva y con una masculinidad exagerada. Una certeza recorre el mundo: el siglo XXI es el siglo del populismo. No sólo eso, sino que, como quedó demostrado con el primer lugar de Javier Milei , lo notable es la expansión de este repertorio a todo el espectro ideológico. En una región en la que el populismo era casi sinónimo de estatismo y conceptos como “justicia social”, ahora la derecha aprendió a ser populista. Adiós a los tecnócratas neoliberales con PhDs y roce internacional. Bolsonaro, Kast, Bukele, Milei y hoy Colombia: ésta es la nueva fisonomía de la derecha que combina la defensa de una desprotección económica radical (no es otra cosa que la “libertad individual” en un mercado completamente desregulado) con la defensa de modelos patriarcales de familia, la misoginia, y un discurso que descree de la noción misma de derechos humanos inalienables. Todo eso comunicado a través de performances corporales histriónicas, de una agresividad y masculinidad paródicas y hasta camp. Comprender este proceso de aprendizaje y apropiación es fundamental para comprender la situación política actual del país y de la región, y su futuro.populismo como una narrativa política que centra la acción política en la relación entre un héroe popular y un villano. El carácter populista está dado por dos características: la explicación de los males sociales como daño causado por una persona o conjunto de personas, y el énfasis en la necesidad de que pueblo y líder se movilicen políticamente para derrotar a aquellos que los han dañado

Al discurso populista se le suma un “estilo” populista: Jair Bolsonaro posaba con armas largas y camisetas de fútbol; Nayib Bukele con gorra de béisbol; Javier Milei hace videos disfrazado. Los líderes populistas desarrollan maneras de hablar, vestirse y actuar en las que ostentan significantes culturales cercanos a lo bajo, lo vulgar y lo local en oposición a “la cultura alta”, lo culto, lo cosmopolita.

Existen izquierdas y derechas populistas y tecnócratas. La sociología política latinoamericana asoció populismo con regímenes nacional-populares de izquierda, o al menos estatistas, como los de Vargas, Perón, Árbenz o Velasco Alvarado; lo mismo sucedió con la “ola rosada” de populismos de izquierda de principios de siglo. Sin embargo, lo novedoso del momento actual es la expansión continental de derechas populistas, que van desde Jair Bolsonaro a JavEn la definición clásica de Norberto Bobbio (1985), la distinción reposa en un principio simple: la posición con respecto a la desigualdad social y económica. Levitsky y Roberts en su libro The Resurgence of the Latin American Left actualizaron ese principio al señalar que los gobiernos de izquierda latinoamericanos de la primera década del siglo compartían el hecho de considerar la desigualdad como un fenómeno a eliminar, o al menos disminuir, mientras que la derecha la aceptaba como algo inevitable o incluso positivo. La cuestión es algo más complicada en la actualidad. La desigualdad material es sólo un aspecto de la desigualdad, y los procesos de fragmentación y heterogeneidad social hacen más difícil imaginar una política centrada solamente en el clivaje de clase. Posiciones frente a la clase, etnia, género, diversidad sexual, identidades religiosas o regionales se pueden combinar en múltiples posicionamientos que pueden ser más “de derecha” o más “de izquierda”. Entonces se trata de agendas que enfatizan ciertos tipos de igualdades y ciertos tipos de desigualdades.Milei o Nayib Bukele.

Habitamos un mundo movedizo en el que todo discurre a velocidad de vértigo. La revolución en nuestra vida cotidiana da fe de ello: comemos fast food –comida rápida– y vestimos fast fashion–moda rápida–; escuchamos mensajes de voz y podcast a 1,5 de velocidad; queremos nuestro pedido en la puerta de nuestro domicilio, a ser posible mañana; la más mínima duda o curiosidad nos la satisface al instante un buscador, sorteando de paso cualquier tipo de interacción personal para satisfacerla…
Por su parte, hace tiempo que la economía capitalista, desatada por naturaleza, fía su curso a golpe de clic desde Wall Street, Londres o Shanghái. Eso por no hablar de las transformaciones vividas en la familia o el trabajo, ámbitos en los que reina la contingencia y la transitoriedad. Allá donde dirijamos la mirada, rige el principio de que el tiempo es oro; rige la aceleración de los ritmos vitales.

El populismo de derechas aprovecha que la democracia es lenta por definición y que se muestra cada día más incapaz para establecer marcos regulatorios que aborden con celeridad los problemas que angustian a la ciudadanía. Ninguna otra corriente ideológica ha reparado en el alcance que tiene la desincronización entre la política democrática, con sus tiempos decisorios dilatados, y la economía y la sociedad, con sus tiempos cortos, e incluso instantáneos. La explotación de este nicho vacío ha reportado al populismo un filón de votos.
Desde hace décadas, diferentes estudios demoscópicos como la Encuesta Europea de Valores vienen enviando señales preocupantes para el futuro de la democracia liberal sobre las que apenas hemos reparado. Cada vez más ciudadanos se muestran de acuerdo con que un líder fuerte que no se tenga que preocupar con el parlamento y con las elecciones es una “buena” forma de gobernar el país.

Los votantes de partidos de extrema derecha son quienes más de acuerdo se muestran con esta deriva autoritaria. Que sean precisamente las generaciones más jóvenes las que en mayor medida apuestan por un “hombre fuerte” es un motivo adicional de preocupación por el futuro de la democracia.
La respuesta populista de derechas a una política rezagada pasa por la oferta de atajos. En un contexto en el que las nuevas tecnologías de la comunicación hacen de la paciencia una virtud cada vez más rara, el populismo apuesta por una política de la prisa y la simplicidad.

Hoy triunfan los candidatos sin partidos políticos.

 desde Mburucuya
Extractos de varios articulos.

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