(Por María Laura Riba, para momarandu.com) En 2015 yo estrenaba libro de poemas en Corrientes, UN SAPUCAY EN LA NIEVE. .
Lo escribí con intención musical para que cuando alguien lo leyera, sintiera vibrar el cuerpo –la espiritualidad comienza en el cuerpo-, sintiera que en todo su ser bailaba un chamamé “arrastrado”, de esos que estremecen. Este libro fue y es dedicado, especialmente, a los soldados adolescentes de Chaco y Corrientes que combatieron en Malvinas, a los muchos que no volvieron. Ese año Orlando Pascua y yo hablamos sobre el libro. Él iba a viajar conmigo a Buenos Aires, como veterano de la guerra de Malvinas, como alguien a quien yo le tenía –y le tengo- enorme cariño.
A Orlando lo conocí en 1999 cuando me acerqué al periodismo; él era periodista. Nos respetábamos, incluso si en algún momento no estábamos de acuerdo.
Los años pasaron, yo me fui del país y volví en 2015. Una de las primeras entrevistas que hice fue a él, sobre la causa por torturas contra los soldados por parte de las propias autoridades militares argentinas, los estaqueamientos, la violencia cruda, una causa que está en la Justicia… y sigue... Pero, además, hablamos de mi libro: “Yo te lo presento, claro. ¡Vamos!”, me dijo, casi más entusiasmado que yo. A partir de allí se sucedieron varios llamados telefónicos para ponernos de acuerdo. Incluso estuvo en la Feria del Libro de Corrientes de aquel 2015, en la presentación. Orlando estaba, iba, participaba.
Pero la vida, cuando se junta con la muerte, arma planes ajenos –al menos conscientemente- a los humanos. Orlando falleció días antes de presentar Un sapucay en la nieve en el Museo Nacional Malvinas e Islas del Atlántico Sur en Buenos Aires. Igual lo presenté, aunque se me hizo un nudo en la garganta cuando entré al auditorio. Estuvieron mis hermanas y mis amigas de siempre.
Y Orlando también estuvo allí, de otra manera, pero estuvo. El auditorio donde lo presenté llevaba su nombre, había una placa que lo recordaba. Hablo en pasado, en el tiempo verbal “pasado doloroso”, porque el gobierno nacional de la L A acaba de arrancar su nombre porque sí, sin dar explicación. No discuto el nombre del otro soldado muerto en combate que se puso, pero no entiendo el cambio. O más bien, lo entiendo perfectamente.
Como dije, Orlando y yo nos respetábamos y nos teníamos –y le tengo- cariño verdadero, incluso cuando en alguna que otra oportunidad no estuviéramos de acuerdo. Nunca estuvo en duda el lazo amistoso. Eso es algo que este gobierno no puede hacer porque detesta la diferencia. A partir de allí, se puede esperar cualquier cosa, como ya lo venimos viendo cada día.
Querido Orlando: no hagas caso. La crueldad se puso de moda, pero todo, vos lo sabés bien, termina. Como la canción de Vox Dei que un día me mencionaste, ¿te acordás, hermano?