La política correntina tiene la virtud de la plasticidad. Quien intente leerla con los manuales porteños o las viejas categorías de alianzas automáticas está condenado al error. La reciente bajada del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, no fue una simple visita institucional para firmar convenios productivos y turísticos; fue el catalizador que terminó de blanquear la nueva geometría del poder en la provincia.
La foto central en el Salón Amarillo caló hondo. Ver a espadas históricas del radicalismo como Sergio Flinta, Carlos Vignolo y Noel Breard aplaudiendo al precandidato presidencial del peronismo, mientras este intercambiaba presentes con el gobernador Juan Pablo Valdés, no fue un desliz de protocolo. Fue un mensaje político con tres bandas.
En primer lugar, ese aplauso bendice la estrategia de un sector del peronismo que hoy se mueve por fuera de la estructura formal. La bajada de Kicillof fue minuciosamente tejida por los "inorgánicos": el senador provincial Martín Barrionuevo —el hombre que mejor lee los números de la provincia— y el también senador "Pitín" Aragón, hoy alineado con la terminal bonaerense de "El Cuervo" Larroque. La audacia de este grupo consistió en saltear la aduana partidaria y armar una agenda de territorio que incluyó un fuerte bautismo simbólico en Empedrado junto al intendente Fernando Echeverría, reuniéndose con jefes comunales, emprendedores locales y empresarios antes de pisar la Capital.
Ahí radica la primera gran paradoja el peronismo correntino ya no está intervenido; hoy goza de una conducción orgánica normalizada bajo la presidencia de la diputada nacional Ana Almirón. Sin embargo, el PJ oficial y el Frente Renovador brillaron por su ausencia, dejando las sillas reservadas vacías. Con seis intendencias de peso real, la conducción oficial eligió el repliegue doctrinario. Al no estar en la foto, institucionalizaron una fractura: de un lado, las comunas y el sello que miran al Instituto Patria; del otro, los legisladores y armadores que prefieren tender puentes con La Plata y, por qué no, con la propia Casa de Gobierno local.
Ahí es donde el aplauso de los hombres de Vamos Corrientes (el sello que comanda Gustavo Valdés y que hoy maneja los hilos del Estado provincial) habilita el segundo paso de un ajedrez mayor. Con ECO formalmente alejado del gobierno provincial y replegado en las estructuras de Ricardo Colombi, el valdesismo puro necesita tejer su propia red de contención nacional y provincial.
¿Cuál es ese segundo paso? El runrún que corre con fuerza en los pasillos legislativos es que este pragmatismo cruzado pavimenta el terreno para que Camau Espínola vuelva a estar en la grilla nacional como candidato a Senador Nacional, promovido y empujado por la propia lista de Vamos Corrientes, con el guiño táctico del armado de Kicillof. Un acuerdo de mutua conveniencia, blindar la provincia para el oficialismo local y garantizarle terminales federales al proyecto bonaerense.
El cuadro de la nueva disidencia se completa con las segundas líneas que huelen el cambio de época. La aparición en el radar del diputado provincial Emiliano Fernández —un vecinalista con proyección legislativa que mantiene su sintonía de gestión— y de Aníbal Godoy (hijo), buscando pescar bancas en las próximas elecciones, demuestra que el magnetismo de esta vía inorgánica empieza a traccionar.
Todo esto ocurre mientras los legisladores nacionales de Vamos Corrientes juegan un partido al límite en el Congreso de la Nación, acompañando leyes clave del gobierno de Javier Milei. No es una contradicción ideológica, es el crudo federalismo de supervivencia: el oficialismo provincial necesita generar un "efecto cascada" que destrabe recursos y obras esenciales para Corrientes. Sin embargo, el pragmatismo correntino sabe que los recursos de la Nación a veces se vuelven una ilusión de derrame.
Por eso, la cortesía institucional y la foto con Kicillof funcionan también como una sutil advertencia hacia la Casa Rosada: si el Norte sigue asfixiado financieramente, el tablero de Corrientes tiene la flexibilidad suficiente para armar su propio juego estratégico. Kicillof vino a buscar volumen nacional y se llevó una foto cotizada. Vamos Corrientes le puso el marco, aplaudió con ganas y, en el mismo acto, le reescribió el libreto a un PJ orgánico que mira cómo el futuro de su partido se empieza a debatir en despachos ajenos.