Corrientes, lunes 01 de junio de 2026

Cultura Corrientes

Gustavo Miqueri en el Teatro Vera.

31-05-2026
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Jose Miguel Bonet

​Gustavo Miqueri tiene mucho de la sutileza de grandes escritores

​Algunos reconstruyen, con letras, épocas enteras, palacios y jardines prestando una atención obsesiva a la luz, las texturas de los terciopelos, el brillo de las joyas y la decadencia de los colores.

​Gustavo Miqueri, heredero de la enorme mística de su padre (Salvador Miqueri), hace exactamente lo mismo con el paisaje litoraleño y el sentimiento correntino. En sus canciones no solo escuchás una melodía: sentís el olor a la tierra mojada, el calor del rastrojo, el verde espeso del monte, el color del río y la melancolía del atardecer.

​Esa capacidad de generar sinestesia (cruzar los sentidos): hacer que la música se pueda ver y que las palabras se puedan oler o tocar. En el chamamé de Mburucuyá, el amor, la ausencia y el paisaje no son conceptos abstractos; son elementos vivos, llenos de matices cromáticos y texturas.

​El Teatro Vera tiene esa atmósfera casi decimonónica, si se quiere, que amplifica esa sensación de estar ante una obra de arte estética y sensorial.

Hablar de la sinestesia musical en el chamamé de Gustavo Miqueri (y por extensión, del legado familiar de su padre, Don Salvador Miqueri, "El Lucero") es adentrarse en una de las poéticas más sensoriales, visuales y profundas de la música del Litoral argentino.

​La sinestesia es esa condición o recurso artístico donde se cruzan los sentidos: se escuchan los colores, se huelen los sonidos o se saborea una melodía. En la obra y la interpretación de Gustavo Miqueri al frente de de Trébol de Ases, el chamamé deja de ser meramente un género musical ,para convertirse en un paisaje vivo que se siente en la piel.

​El sonido se vuelve color en el el chamamé tradicional, del cual Salvador fue un estandarte absoluto ,y Gustavo con mucho respecto y afecto continua, tiene una conexión umbilical con la naturaleza correntina. En sus canciones, la música evoca colores de manera explícita e implícita:

​El "color" del tiempo, Se canta al "otoño", a la "tarde gris", o al "rojo de los labios" en contraste con la paleta verde del monte y el desierto del alma.

​Cuando Gustavo canta, los arreglos de las guitarras y el fraseo cadencioso del bandoneón no solo acompañan la letra; construyen la luz del atardecer en el paraje, el brillo del rocío sobre el pastizal o el polvo que se levanta en la Querencia en Mburucuyá. Hay una percepción cromática del dolor y de la nostalgia.

​​El canto miqueriano es eminentemente melancólico, romántico y profundamente emotivo. La sinestesia aquí ocurre en la textura del sonido,​guitarras que conversan y lloran: El estilo de rasgueo y los punteos del chamamé tradicional tienen una cualidad casi táctil. El sonido se percibe como algo "cálido", "aspero" o "suave como un pañuelo".

​La voz como bálsamo o herida, arrastra esa herencia del canto Correntino,donde el fraseo se estira. , siente el peso de la ausencia, el calor del nido ausente o el frío de la soledad. La música se corporiza en multiples sensaciones.

​Los clásicos del repertorio que interpreta y custodia (muchos de ellos compuestos por su padre o en colaboración, como "El huerto triste", "Tu pañuelo", o "Retorno"), la sinestesia es el motor de las letras:

​"Yo tengo un jardín precioso bien cultivado en el corazón... murió la rosa, mi amor ha muerto, tristeza está muerto en mi corazón, lloran los dioses en los jardines de la ilusión..."

​Asociar un estado de ánimo (la tristeza) con el marchitarse de una flor, el aroma del jazmín o el sabor amargo de la distancia,o lo.maximo con el cenit, es pura sinestesia. Miqueri canta al amor y al desamor utilizando el olfato, el gusto y la vista, entrelazando todo con la rítmica del 6/8 chamamecero.

​Para el correntino, el chamamé se escucha con el cuerpo.Gustavo ejecuta el chamamé tradicional que es "una manera de ser y de estar",sin confusion.

​El bandoneón respira. Ese "fuelle" emite un sonido que genera una respuesta cinestésica inmediata: el sapucay (que es un grito que condensa dolor, alegría y liberación) y el baile enlazado, donde el polvo de la pista, el sudor, el roce de la ropa y el compás de la música se funden en una sola experiencia sensorial táctil y auditiva,única!!!

​En resumen, la sinestesia en el chamamé de Gustavo Miqueri radica en su capacidad de hacer ver el paisaje y sentir el clima del taragüi a través del oído. No se necesita estar en Corrientes ni bajo un tacuaral para oler la tierra mojada o sentir la melancolía de la siesta; la cadencia de su guitarra y la densidad de su voz te transportan allí sensorialmente.Borges lo describe con exactitud.La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía

del mar». J.L.Borges

Pd/ los chamames de Salvador fueron los que mas se tararearon y aplaudieron,vigencia total.




* desde Mburucuyá