(Por Facundo Sagardoy) El destacado artista visual destacó la influencia del río, el Iberá y la identidad cultural del litoral en su obra, valoró el crecimiento del arte contemporáneo, reflexionó sobre las dificultades que enfrentan los artistas argentinos y remarcó la importancia de la experimentación, la circulación de las obras y el vínculo con el público.
César Tschanz llega a ArteCo como los ríos grandes al corazón del litoral: cargado de memoria, de ramas antiguas, de geometrías nacidas en el barro y en la respiración profunda del agua.
En sus manos, Monte Caseros vive en la vibración de las formas, en la cadencia secreta del ensamblaje.
El artista camina las salas de Ñande MAC como quien trae consigo una constelación del sur correntino: el resplandor vegetal del Iberá, la liturgia silenciosa de los materiales y la voz mineral de la tierra.
Cada pieza abre un territorio donde las piedras conservan antiguos lenguajes, las crines guardan plegarias invisibles y el cuero adquiere la textura sagrada de un mapa espiritual.
En Santa Fe aprendió el pulso interior de las líneas y la arquitectura secreta de las formas. Los talleres respiraban polvo, pigmento y fervor, mientras los maestros revelaban que toda materia contiene un destino dormido.
Entonces, comenzaron las búsquedas: cartones convertidos en cuerpos rituales, formatos irregulares semejantes a fragmentos de continentes, superficies abiertas al temblor de la intuición.
Tschanz transformó el ensamblaje en una lengua propia, una lengua hecha de texturas, bordes quebrados y símbolos flotando como aves sobre la llanura. Y cada obra empezó a expandirse como una geografía emocional.
Después llegó el Iberá, inmenso y palpitante, las islas flotantes revelaron un paisaje en perpetua metamorfosis y la luminosa metáfora de la existencia.
Tschanz habita la memoria espiritual de Corrientes. El payé circula entre líneas curvas y rectas como un antiguo resplandor guaraní. Los amuletos se abren como lunas encendidas en medio de la materia.
La geometría sagrada, la tradición indígena, la devoción popular y el pulso contemporáneo conviven en la respiración invisible de su territorio.
- Artista visual de larga trayectoria en Corrientes, venido de Monte Caseros, presenta una muestra muy interesante dentro de Alondra y una obra simbólica, geométrica y profundamente apreciada por el público. César, Artecó llega a su octava edición. ¿Cómo te sentís siendo uno de los protagonistas del evento?
- La verdad es que me siento muy contento. Siempre me interesa participar en estas ediciones; de hecho, ya estuve en anteriores, así que para mí es un honor volver a estar presente y, sobre todo, en este nuevo espacio donde tuve la oportunidad de exponer mis obras en Alondra.
- ¿Qué recuerdos de Monte Caseros y de tu infancia te acompañan hasta el día de hoy?
- La verdad es que Monte Caseros es un lugar muy especial. Tuve una infancia con mucho contacto con la naturaleza, con el río, y eso es algo que también llevo a mi obra, no solo en las piezas que están en exhibición ahora, sino también en otras series que presenté anteriormente. Por ejemplo, en otras ediciones de Artecó trabajé una serie sobre libertad y aves autóctonas. Mi infancia en Monte Caseros me influyó muchísimo. Desde chico tenía claro que quería dedicarme a esto, así que el dibujo y la pintura siempre estuvieron presentes y los fui desarrollando desde temprano.
- ¿Cómo fue tu formación en la Escuela de Diseño y Artes Visuales de Santa Fe y qué artistas o movimientos marcaron aquella época?
- Santa Fe era una ciudad que visitaba desde chico porque tenía familiares allí, así que me encantaba y la elegí como destino para estudiar. Tuve la oportunidad de formarme con el maestro Sedet, un gran escultor santafesino. Él ya estaba jubilado, pero igualmente seguía asistiendo a la escuela ad honorem. Dejaba su guardapolvo colgado y venía a enseñar. Verlo con ese amor al arte me transmitió muchísimo. Además, Santa Fe tenía la particularidad de ser una escuela de diseño y no únicamente de artes visuales. Esa mirada también me aportó otra perspectiva que hoy se refleja en mi obra, especialmente en estos trabajos de formatos irregulares, ensamblajes y propuestas corpóreas. Creo que esa visión me la dio justamente la Escuela de Diseño y Artes Visuales.
“EL TRABAJO SOSTENIDO ES LO QUE FINALMENTE CONDUCE A LOS RESULTADOS”
- ¿En qué momento comprendiste que el arte visual era un camino profesional?
- Creo que lo asumí desde el momento en que decidí ir a estudiar. En ese entonces no todo el mundo me alentaba; muchos me decían que el arte no era fácil, y todavía hoy sigo comprobando que es cierto. No es un camino sencillo: requiere mucha energía, tiempo, dedicación y también acompañamiento familiar. Pero yo tenía claro que ese era mi rumbo. Desde que llegué a Santa Fe y empecé a estudiar, me fascinaba ir a ferias y muestras. Era como una segunda clase para mí. Allí me encontraba con profesores, con artistas y con información que me enriquecía más allá de lo académico. Desde ese momento entendí que era importante salir a buscar otras propuestas y acercarme constantemente al arte.
- César, ¿cómo evolucionó tu lenguaje plástico desde las primeras producciones hasta las series que podemos ver hoy?
- Cuando me recibí me di cuenta de que el desafío no estaba únicamente en el pincel y el pigmento. Entonces inicié una investigación plástica con distintos materiales. Mi intención no era solo pintar, sino ensamblar, construir y experimentar. Eso es justamente lo que invito al público a descubrir en Alondra: materiales como plástico, piedras, cuero, crines y cuerina. Ese proceso fue marcando mis primeros pasos. En aquel momento todavía no podía definir exactamente lo que hacía porque estaba en plena búsqueda. Había influencias del americanismo y del arte indígena, ya que me interesaban la indumentaria y los instrumentos tradicionales. A partir de la observación intentaba llevar todo eso a un recurso visual. A esas primeras creaciones las llamé “resoluciones plásticas”, porque resolvía visualmente a través de distintos materiales. Creo que ese proceso terminó marcando mi identidad artística y todavía hoy siguen apareciendo elementos de aquella etapa inicial.
EL IBERÁ Y EL RÍO COMO MATRICES SIMBÓLICAS DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA
- El sur de la provincia, Monte Caseros, Paso de los Libres y los Esteros del Iberá forman parte importante de la identidad de tu obra. ¿Qué encontrás allí desde el punto de vista simbólico y emocional?
- Creo que el entorno y el lugar donde uno vive lo modelan profundamente. El Iberá apareció después, pero tanto Monte Caseros como Paso de los Libres —donde actualmente vivo sobre la orilla del río— me marcaron muchísimo. El agua siempre fue un elemento que me interesó representar. Del Iberá surgió una serie titulada “Jardines flotantes”, porque me fascinó esa transición del paisaje, donde las islas se desplazan y cambian constantemente. Cuando entendí ese fenómeno me pareció maravilloso para convertirlo en obra. Esa idea de transformación y movimiento también aparece en mi trabajo artístico.
- En tus obras suele haber una atmósfera entre lo natural y lo espiritual. ¿Cómo se construye esa dimensión?
- Lo espiritual apareció porque también descubrí que la obra tenía esa carga simbólica. Hoy mencionaste elementos vinculados con la **geometría sagrada**, y ahí empecé a revisar nuestras raíces originarias. Creo que cada artista se debe a su lugar, y Artecó también refleja eso: quiénes somos. Ayer hubo una charla sobre territorios y sobre aquello que mostramos como identidad. Todo lo relacionado con el payé, los amuletos y el hecho de que mi obra se llame “Escudo” tiene que ver con lo espiritual y lo sagrado, con creencias muy fuertes en nuestra provincia. Incluso aquí pude reencontrarme con una obra adquisición del Museo Vidal vinculada al Gaucho Gil. Esa devoción popular es algo profundamente arraigado y también atraviesa mi obra.
- ArteCo y tu trabajo reflejan la identidad local y regional. ¿Qué elementos del litoral considerás que todavía están poco representados en el arte contemporáneo?
- Es una pregunta difícil. Creo que todavía hay mucho por revisar dentro de las costumbres y el folclore. No podría decir que todo ya está representado. Tenemos el desafío de seguir construyendo nuevas miradas. Las nuevas tecnologías también nos obligan a aggiornarnos y encontrar otras formas de sostener estas expresiones culturales. Tal vez hoy no tenga una respuesta definitiva, pero sí creo que debemos seguir pensando qué aspectos todavía faltan representar.
“LA OBRA ES UN CONTENEDOR QUE YA COMUNICA DESDE LA FORMA”
- Yendo al taller y al proceso creativo, ¿cómo nace una obra? ¿Cómo surge el trabajo intuitivo desde lo natural hacia la materia?
- Es una pregunta muy interesante porque actualmente estoy reflexionando mucho sobre eso. Hoy el gran interrogante es qué entendemos por arte contemporáneo. Mis profesores siempre decían que una obra no debe contener solamente técnica, sino también significado, mensaje y contenido. Por ejemplo, estas obras irregulares que hoy están en exhibición las entiendo como contenedores de sentido. Ya desde el formato estoy comunicando algo. Romper el formato convencional es, en sí mismo, un punto de partida. También hay una carga simbólica en los materiales: una piedra, una espina o cualquier elemento incorporado ya tienen un significado propio. Pintar solamente por pintar no alcanza para que una obra llegue a buen puerto. Lo interesante del arte contemporáneo es que nos permite explorar distintos caminos y salir de los materiales tradicionales. Hoy se trabaja mucho con arte textil, videoinstalaciones y materiales no convencionales. Lo poético y el sentido parecen ocupar un lugar más importante que la mera destreza técnica. Mi consejo para quienes empiezan es visitar ferias, ver muestras y acercarse al arte contemporáneo, incluso a nivel internacional.
- Quiero ir hacia los premios y reconocimientos, pero antes detenerme en el formato irregular. ¿Qué narran visualmente esos colores y esas formas?
- Ese formato caracteriza mi obra desde el comienzo. Cuando estudiaba en Santa Fe hice mi primera muestra trabajando con cartones, tijeras y ensamblajes de materiales. Allí ya tuve que romper la forma tradicional y sentí que aquello no era solamente pintura ni tampoco collage. Por eso hablé de “resoluciones plásticas”. Más adelante volví al lienzo convencional, pero siempre me permito ir y venir entre distintos formatos. Trabajo mucho por series y cada tanto retomo esos formatos irregulares. Todo comienza dibujando formas que no se parezcan específicamente a algo reconocible. Algunas personas las asocian con corazones, vientres o cerebros. Son combinaciones entre líneas rectas y curvas. Para mí, la obra es un contenedor que ya comunica desde la forma. Después adapto la imagen al formato. Mucha gente me pregunta si primero pinto y luego recorto, pero en realidad sucede al revés: la forma es la que me conduce hacia el contenido.
ARTE CONTEMPORÁNEO: EXPANSIÓN, VISIBILIDAD Y NUEVOS ESPACIOS
- ¿Cómo observás el desarrollo del arte contemporáneo en Corrientes y en la región?
- Creo que hubo una evolución muy importante. Cuando regresé a Corrientes después de recibirme, el Museo Vidal todavía no tenía las características de un museo contemporáneo. Con el tiempo empezó a transformarse: cambió sus espacios, incorporó textos curatoriales y renovó su propuesta. Incluso fue reconocido a nivel nacional. La aparición de la feria Artecó también posicionó muchísimo al arte correntino. Antes mirábamos a Chaco y a su Bienal como referencia, pero hoy Corrientes también logró mover, promover y proyectar el arte regional. Y ni hablar del espacio donde estamos hoy, el MAC, que es un museo extraordinario para toda la región y que nos posiciona en un lugar muy importante. Además, la feria vino a cubrir una necesidad histórica: Corrientes no tenía galerías ni espacios comerciales sólidos para el arte. Artecó le dio visibilidad al artista local y permitió el vínculo con galeristas, coleccionistas y curadores.
- ¿Qué diferencias encontrás entre producir arte desde el interior y hacerlo desde grandes centros culturales?
- Creo que hoy estos espacios nos permiten posicionarnos de igual a igual. De todos modos, los artistas del interior seguimos enfrentando muchas más barreras. Trabajamos a distancia y desde nuestras propias bases de operaciones, pero cuando logramos insertarnos pasamos a ser uno más dentro del circuito. El gran desafío es mantenerse vigente: participar en salones, muestras y ferias, mover la obra y generar circulación.
- ¿Qué significado tuvieron los premios y reconocimientos en tu carrera?
- Recuerdo que el primer premio que recibí fue cuando todavía era estudiante. Obtuve una mención y, aunque uno siempre aspira al máximo reconocimiento, un profesor me dijo algo muy importante: “La mención indica que vas bien, pero que todavía te falta”. Esa enseñanza me marcó profundamente porque entendí que este oficio exige trabajo constante. El trabajo sostenido es lo que finalmente conduce a los resultados. Después llegaron premios nacionales, muestras y reconocimientos, incluso internacionales, como uno que recibí en Italia justamente por estas obras realizadas con materiales ensamblados. Todo eso fue posible gracias a la constancia.
- ¿Cómo viviste las experiencias internacionales y el contacto con otros circuitos artísticos?
- Para mí era una expectativa personal lograr que la obra pudiera verse fuera del ámbito regional o nacional. Con el tiempo esas oportunidades fueron apareciendo y, naturalmente, resultó muy reconfortante recibir premios y reconocimientos. De todos modos, no pienso el arte únicamente desde el lugar competitivo. También me interesa que las obras circulen en galerías y muestras, donde aparecen distintos públicos y otras formas de diálogo.
“EL ARTE NO ES UN CAMINO SENCILLO”
- ¿Qué desafíos enfrenta hoy un artista visual argentino para sostener su trabajo?
- Nos toca un contexto difícil. En primer lugar, hay que asumir que muy pocas personas viven realmente del arte. Somos muchos artistas, pero muy pocos pueden decir que viven cómodamente de esto. La mayoría hacemos enormes esfuerzos y muchas veces trabajamos más por pasión que por rentabilidad. Con colegas solemos bromear diciendo que siempre terminamos empatados en los balances. Pero el arte no pasa solamente por lo económico. A mí me interesa muchísimo el contacto con el público, escuchar devoluciones de personas que saben mucho, poco o nada sobre arte. Muchas veces la pregunta es si vendiste o no vendiste, pero para nosotros hay mucho más detrás de eso. Sostener el arte en Argentina es difícil, pero aun así lo seguimos haciendo porque es lo que nos moviliza.
- ¿Hay alguna serie que consideres un punto de inflexión en tu trayectoria?
- Me quedaría con aquella primera serie de “resoluciones plásticas”. Creo que todavía sigo trabajando desde ese punto de partida. Fue allí donde sentí que había encontrado algo distinto, algo que despertaba interés y escapaba de lo convencional. Cada tanto vuelvo a ese lugar inicial, como quien abre un baúl de principios básicos para recuperar ideas y volver a trabajarlas desde otra mirada.
- Última pregunta, César. ¿Qué proyectos, investigaciones y búsquedas te movilizan hoy hacia el futuro?
- Sigo trabajando por series. La temática del Iberá fue una etapa importante, después aparecieron los nidos y los amuletos, y ahora estoy explorando conceptos vinculados con la geometría, lo sagrado y las invocaciones. Todavía tengo mucho por desarrollar en esa línea. Pero el gran desafío sigue siendo encontrar nuevos formatos y nuevas maneras de generar interés. Creo que todavía debo sentarme desde cero para iniciar una nueva búsqueda y descubrir hacia dónde llevar la próxima propuesta.
- Muchas gracias, César.
- Gracias a vos, Facundo.