(Por Facundo Sagardoy) La artista visual Josefina Madariaga, entrevistada por momarandu.com, reflexionó sobre la profunda influencia del paisaje correntino, los mitos litoraleños y la infancia en la construcción de una obra marcada por atmósferas oscuras y poéticas, y su legendaria “Niña Carbonilla”.
Desde Mercedes, en el corazón del paisaje correntino, la artista visual Josefina Madariaga construyó una obra que dialoga con la memoria, el monte, los mitos y las sombras de la infancia litoraleña. Su universo estético, atravesado por el dibujo y la carbonilla, recupera relatos orales, escenas rurales y atmósferas inquietantes que emergen como una síntesis entre experiencia personal e imaginario colectivo. En una extensa conversación, la artista reflexionó sobre los materiales, las influencias y las búsquedas que dieron forma a una de las poéticas visuales más singulares del nordeste argentino contemporáneo.
La horizontalidad del paisaje correntino, los espinillos, el monte bajo y la presencia persistente de la naturaleza aparecen en la obra de Madariaga como elementos constitutivos de una narrativa visual oscura y profundamente simbólica. Lejos de una representación costumbrista, su producción se mueve entre lo ominoso y lo poético, donde niñas, animales y figuras fantasmales conviven en escenas atravesadas por el fuego, la memoria y el silencio. Allí, la carbonilla deja de ser únicamente una técnica para convertirse en un lenguaje capaz de expresar lo gestual, lo primitivo y aquello que permanece oculto en la experiencia del interior provincial.
Durante la entrevista, Madariaga reivindicó el dibujo como una disciplina central dentro del arte contemporáneo y cuestionó las tradicionales nociones de “centro” y “periferia” en los circuitos culturales. También repasó el impacto de las tradiciones orales del litoral en su obra, la influencia del cine y la literatura en la construcción de sus atmósferas, y el surgimiento de la “Niña Carbonilla”, figura simbólica que sintetiza gran parte de su imaginario artístico. Entre recuerdos de Mercedes, reflexiones sobre el territorio y nuevas búsquedas creativas, la artista dejó ver una obra en permanente expansión, atravesada por la identidad, la infancia y el paisaje correntino.
—Josefina Madariaga, artista visual de Mercedes para todo el país y para el mundo también. Josefina, ¿qué recuerdos de Mercedes, Corrientes, conservás hoy en tu obra?
—Conservo muchas cosas y muchos recuerdos. Mi obra trata sobre la investigación de diferentes anécdotas y experiencias, como una especie de recopilación del paisaje junto a los mitos y la infancia en una clave oscura.
—¿Cómo influyó el paisaje del litoral en tu sensibilidad artística? Es algo muy presente en los comentarios del público.
—El paisaje es hoy lo más representativo de mi obra porque me influyó mucho la horizontalidad del paisaje correntino. No es un paisaje de montañas, sino un paisaje llano, de árboles pequeños, aunque están los palmares. Más allá de eso, predominan el espinillo y el monte. Creo que eso es lo que más repito junto a los personajes en la obra.
—Se habló mucho del dibujo, entre otros formatos, en la Feria de Arte Contemporáneo 2026. El dibujo es una parte fundamental en tu obra. ¿En qué momento descubriste que era el centro de tu producción?
—Siempre lo fue, siempre estuvo presente. Creo que lo que hice fue creer en el dibujo, porque generalmente era una disciplina considerada menor dentro de la pintura de caballete y del óleo. Con el tiempo, lo único que hice fue darle valor y reivindicar ese lugar. El dibujo siempre está presente en cualquier niño; lo importante es permanecer con esa técnica.
—La formación académica también es una de las bases de tu trabajo. ¿Qué te aportó la Universidad Nacional de las Artes? ¿Qué artistas o referentes marcaron tus búsquedas estéticas?
—La universidad aporta diversidad, diferentes miradas, crecimiento en la formación teórica y práctica, además de amplitud en el manejo de disciplinas. Eso fue lo que me aportó.
—¿Y artistas referentes que hayas encontrado durante tu trayectoria?
—Pueden ser argentinos, como dibujantes como Aida Carballo; también Burton. Después tengo muchos referentes extranjeros, como Paula Rego. También Santoro, aunque tenga una temática diferente; me interesa el concepto y cómo lo realiza. Hay muchos cineastas que me marcaron, como Tim Burton, por ese mundo tenebroso y siniestro. Creo que del cine y de la literatura también tomé mucho.
IMAGINARIO, MITO Y COSNTRUCCIÓN SIMBÓLICA
—Ahora pasamos a la carbonilla, presente en una obra y también desde la aparición pública del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes. ¿Qué lugar ocupa la carbonilla en tu obra?
—La carbonilla es el medio a través del cual puedo comunicar o expresar algo. Me permite versatilidad, soltura, algo muy gestual y, a la vez, oscuro. También es noble porque es un material muy primitivo y elemental para mí.
—Tus imágenes suelen moverse entre lo poético y lo inquietante, en un mundo oscuro y lúgubre. ¿Cómo se construyen esas atmósferas?
—Creo que mucho tiene que ver el material. Uno tiene una idea, pero cuando entra en contacto con el material, el concepto se va armando. Es un diálogo entre ambas cosas. Hay una idea mental, pero después, cuando empezás a trabajarla, se transforma. Entonces aparece algo inconsciente y azaroso. A veces puedo dominarlo y otras veces no. Con el tiempo entendí que ese carácter oscuro tiene relación con experiencias vividas en el interior de la provincia. Esa cuestión siniestra y ominosa la encontré en ese material.
—¿Qué relación existe entre tus dibujos y las tradiciones orales del litoral argentino?
—Me interesa recopilar historias que me cuentan lugareños, vaquianos, vecinos, familiares y gente que conozco. Le pregunto a todo el mundo y voy reuniendo esas historias. Creo que eso nutre un imaginario muy particular.
—Figuras infantiles, animales y escenarios rurales aparecen constantemente en tu narrativa. ¿Qué representan?
—Representan ese imaginario que intento plasmar. Busco transmitir una sensación que pueda ser reconocida por quien haya vivido experiencias similares. Pero también me interesa que cada espectador haga su propia interpretación. No quiero cerrar completamente el sentido de la obra.
—En tu poética aparecen tres dimensiones muy presentes: la memoria, la ficción y el mito. ¿Cómo marcás los límites entre una y otra?
—Es un “embolleré” de todo. Está el paisaje, el mito, la creación y la ficción. Todo eso convive junto.
“NO HAY PERIFERIA NI CENTRO: CADA UNO TIENE SU PROPIO LUGAR”
—¿Cómo observás hoy el dibujo dentro del arte contemporáneo?
—Hoy ya no creo que exista un arte menor. Tal vez se consideró así a lo largo de la historia, pero actualmente conviven múltiples disciplinas. El dibujo es lo más directo que alguien puede realizar en su infancia. Tiene muy buena recepción y también es contemporáneo en su modo de existir.
—¿Cómo es trabajar desde el interior del país hacia los centros de exposición?
—Primero habría que definir qué es el centro. Existen centros geográficos, como las capitales, pero cada uno tiene su propio centro. Puede ser un espacio rural, el monte o los esteros. Hay que cambiar la idea de centro y periferia. Aunque exista una realidad material, creo que todo es válido y que deberíamos dejar atrás esa división.
—¿Qué importancia tienen los premios y reconocimientos en tu trayectoria?
—Tienen un valor muy grande. Posicionan a los artistas y es hermoso recibir ese reconocimiento. Estoy muy agradecida por haberlos obtenido.
—¿Cómo viviste la experiencia de exhibir tu obra dentro y fuera del país?
—Siempre es una experiencia positiva porque siempre ocurre algo. Es movimiento, parte de la profesión y del trabajo.
—Ahora vamos a la “Niña Carbonilla”, ese personaje presente en tus dibujos, cerámicas y performances. ¿Quién es la Niña Carbonilla?
—La definición surge del propio dibujo: es una niña carbonilla. Después derivó en mí y comenzaron a llamarme así. La Niña Carbonilla es una figura simbólica, representativa de esta niña oscura del litoral, y al mismo tiempo representa a todas las niñas.
—¿Qué búsquedas artísticas y proyectos te movilizan actualmente?
—Quiero que estas niñas sigan cobrando vida. Siento que el tema no está agotado y que todavía hay mucho para trabajar.
—En el Museo de Arte Contemporáneo, muchas personas relacionaron tu obra con los incendios en Corrientes. ¿Qué opinión te merece esa interpretación del público?
—No sabía que se había interpretado de esa manera, pero indudablemente el carbón viene del fuego. Tiene relación con un paisaje que hay que proteger y con las infancias, cuyos derechos también deben ser respetados, al igual que los de la naturaleza.
—Muchas gracias, Josefina.
—Gracias a vos, Facundo.