(Por Facundo Sagardoy) El artista visual, entrevistado por momarandu.com, definió su práctica artística como un trabajo de observación, archivo y reconstrucción simbólica de las huellas del territorio y de la vida cotidiana, al tiempo que reivindicó a Guaranípolis como una experiencia colectiva orientada a construir una identidad cultural propia desde el nordeste argentino, lejos de los estereotipos regionales. Además, sostuvo que el gran desafío del arte contemporáneo es explorar aquello que permanece indefinido, extraño y peligroso, entendiendo al arte como una herramienta capaz de interpelar las zonas más profundas y misteriosas de la experiencia humana.
Horacio Silvestri nació en Resistencia, donde el aire parece espesarse hasta volverse materia y las superficies conservan la huella invisible de todo lo que ocurre. En ese paisaje, los árboles avanzan sobre las calles con la paciencia de antiguas memorias que desbordan el cemento. Entre talleres de artes visuales, prácticas de grabado, lecturas filosóficas y una atención persistente a las formas mínimas de lo cotidiano, fue delineando una obra atravesada por el dibujo y la xilografía, sostenida en una sensibilidad que se inclina hacia los objetos silenciosos, las huellas domésticas y las atmósferas íntimas. Su recorrido se expandió a través de exposiciones en distintas ciudades argentinas y de experiencias colectivas como Guaranípolis y Yaguá Rincón, donde el litoral comenzó a pensarse como una trama viva de resonancias urbanas, sonoras y afectivas. Hoy reside en Buenos Aires, aunque en su obra persisten, como una corriente subterránea, las texturas húmedas, los climas espesos y las presencias flotantes del nordeste.
En el marco de Arte Co 2026, entrevistado por momarandu.com, el artista desplegó la idea del proceso creativo como un lento desciframiento del mundo, similar a la apertura progresiva de un mapa incompleto sobre una mesa atravesada por la luz de la tarde. Cada recuerdo abría una estancia distinta, cada imagen traía consigo una atmósfera propia, una temperatura emocional, una respiración apenas perceptible. El archivo personal emergía entonces como una arquitectura en permanente mutación, una casa donde los objetos se desplazan en silencio mientras la memoria reorganiza, con precisión invisible, el sentido de las cosas.
Su práctica, explicó, se sostiene en la observación de los fenómenos más pequeños: la repetición de los gestos, el desgaste de las superficies, la quietud de los objetos apoyados en rincones o mesas, la persistencia de escenas mínimas que permanecen suspendidas en una penumbra cargada de emoción. Cada elemento parece contener una vibración latente. Una silla vacía, una bicicleta oxidada o una ventana entreabierta bajo la humedad del litoral adquieren la densidad de signos antiguos. En ese entramado, el dibujo y el grabado funcionan como instrumentos de ordenamiento sensible, capaces de reunir esas presencias dispersas como quien reconstruye, paso a paso, el recorrido hacia una casa desconocida.
Al evocar la experiencia de Guaranípolis, Silvestri recordó un impulso colectivo orientado a la construcción de una identidad cultural propia para ciudades como Corrientes y Resistencia, donde los lenguajes urbanos, las sonoridades populares y las formas singulares de habitar el territorio litoraleño se entrelazan en una misma trama viva. El nordeste aparece así como un organismo en permanente transformación, atravesado por voces superpuestas, humedad, calor y memorias en movimiento, como si las corrientes del río modelaran continuamente la superficie del paisaje y de la experiencia.
Hacia el final de la conversación, el artista se refirió al arte contemporáneo como un territorio donde el asombro conserva todavía una densidad activa. Allí, las imágenes circulan entre zonas de ambigüedad, extrañeza y profundidad, abriendo pasajes hacia habitaciones interiores donde los objetos, las sombras y los recuerdos continúan en diálogo silencioso. En ese espacio, cada obra parece sostener una poética persistente de las cosas quietas, aquellas que permanecen observando el tiempo mientras el tiempo, a su vez, las transforma sin interrupción.
- Horacio Silvestri, artista visual, el Museo de Arte Contemporáneo te recibe el 8 de noviembre con Umbral y una obra expuesta tuya, y también en la feria de arte contemporáneo de Corrientes, Arte Co 2026. Siendo parte fundamental de Guaranípolis, un colectivo que dio de qué hablar y sigue construyendo sentido a través del presente. Tantos años de trayectoria dentro del mundo del arte.
- Sí, llego con una iniciativa de retomar toda esta cuestión del concepto de Guaranípolis y darle más consistencia. Eso hizo que empecemos todos los integrantes, digamos, a historizar todo lo que fuimos haciendo en los últimos, ¿cuánto?, 16 años. Pueden ser 16 años, del 2010 al 2026. Sí, recuperando un poco la memoria, recuperando los archivos, recuperando los registros, eh, así como vos decís, generando sentido y buscando coherencia, sobre todo, para seguir adelante, porque nuestra idea es, de alguna manera, profesionalizarnos. Creo que en una feria de arte lo que se busca es generar canales de distribución de esos objetos que a nosotros nos sobran en nuestros talleres y que esos objetos encuentren su lugar verdadero, que es en la colección de las personas a las que les gusta reunir objetos que les dicen algo.
- Horacio, la vulnerabilidad, el mito, el ícono del barrio, del paisaje, el artista cercano al territorio… todo eso se puede apreciar a través de tu obra y de tu proceso creativo, poder seguir las historias que uno no puede ver de otro modo a través del campo visual, sino a través de tu arte. ¿Cómo pensás tu obra también entendiendo que el dibujo forma una parte fundamental de tu trabajo?
- Sí, tenés razón, es el dibujo el punto de partida también. El punto de partida, así como vos decís, es la atención sobre el ambiente o sobre las situaciones que se dan todo el tiempo. Eso es lo que… somos como micrófonos o grabadores o registradores de las cosas y con eso lo reelaboramos y generamos algo nuevo. Eso que vos dijiste sobre mi obra se puede aplicar espectacularmente a la obra de todos los chicos de Guaranípolis. Te puedo hablar de Jorge Alegre, por ejemplo, que ya lo entrevistaste. Hace poco leí la entrevista que hiciste el año pasado, 2025, fue esa entrevista, está espectacular, me encantó. Sobre todo, recolectar lo que otros tiran. Eso es muy interesante porque, a veces, lo que no le sirve a uno le sirve a otro y, a mí, por ahí me sirven mucho los gestos de las personas, los gestos corporales, la forma de moverse, la forma de caminar, la forma de… todas esas cuestiones que las personas arrojan por el mundo es lo que uno reelabora. Sí, creo que va por ahí. Y en esta edición de Arte Co, sin darnos cuenta, fuimos presentando piezas museables que tienen que ver con eso de recuperar lo que otros han perdido o han dejado, han abandonado. Creo que va por ahí eso.
“El dibujo es el punto de partida”
- Entrevistando a un artista paraguayo, me dijo una vez: “Yo retrato la huella porque es la representación de lo que desapareció, es la presencia de la ausencia”.Y viendo tu obra también uno encuentra espacios, objetos, momentos que fueron de amigos, de construcción simbólica, de barrio, de costumbres que, bueno, caracterizan al litoral y, de ahí también, la esencia de Guaranípolis. ¿Cómo adoptás una perspectiva artística dentro del mundo de hoy, del mundo cotidiano, para poder trasladarlo a una obra?
- Tiene que ver con prestar atención. Básicamente, si le prestás atención a cada cosa que hacés, ahí se van abriendo los canales, esos canales que te permiten ver de otra manera lo que ves todos los días. Eso pasa mucho, por ejemplo, cuando uno empieza a aprender algo o cuando se encuentra con algo que no sabe y lo tiene que aprender. Me parece que esa es la atención que uno tiene cuando pretende hacer una obra. Me gusta eso que decís de la huella, porque en el grabado eso es muy patente; o sea, el grabado trabaja con la huella, con el surco, con lo que se quita, que es lo que después genera ese vacío, y ese vacío genera un sentido. Muy interesante eso de la huella, trabajar con la ausencia, la ausencia que crea sentido. Sí, está bueno.
- Me llevaste a eso… el formato, la materialidad. Si bien me dijiste: “Bueno, pensamos en piezas museables”, es anterior el formato al mercado. Venís trabajando en lo que mostrás casi como una sobrevivencia del arte a través del dibujo y los elementos que encontrás. ¿Cómo pensás el momento creativo? Te vi crear en contextos inhóspitos para otros dentro del arte y, aun así, mostrar en espacios del centro de la capital del Chaco, en Corrientes, Córdoba, Buenos Aires, distintos lugares, piezas que, son admiradas y que, de pronto, como el Museo de Arte Contemporáneo, hacen al acervo patrimonial de estudio para la universidad y la academia. ¿Cómo llegás a ese momento creativo?
- Acá justamente en el museo hay una pieza que estaba en el Museo Vidal, que ahora está acá, en la colección del Ñande MAC, que es una biblia intervenida que, en realidad, más que nada, es una especie de diario de viaje sin moverme de mi casa, digamos, sin moverme de mi ciudad. Es un registro de, como te decía antes, gestos, situaciones, perfiles, objetos. Es una forma de trabajar que creo que no cambié nunca. Tengo muy pocos trucos y esos pocos trucos los exploto al máximo. Eso lo fui aceptando hace muy poco. En realidad, hace muy poco fui aceptando que, a veces, uno no tiene que tener muchos recursos o muchas ideas. Si tenés una buena idea, la podés explotar infinitamente. Y me parece que por ahí va mi proceso creativo. Me estoy dando cuenta medio sobre lo que estoy diciendo ahora también, porque así funciona la mayéutica, ¿viste? Uno pregunta y al otro se le despierta la verdad, ¿no?, se descubre la verdad. Creo que va por ahí. El recurso, básicamente, es dibujar todo el tiempo, dibujar como un autista endemoniado y después recuperar —ahí entra la cuestión del archivo— todo lo que hiciste y reconfigurarlo. Lo que estoy haciendo ahora son panoramas, dibujos de formato apaisado, horizontales. Los que presento ahora son de 1,80 por 30; 1,80 de ancho, por 30 de alto o por 50 de alto. Y la idea con el panorama es trabajar sobre cuadernos que vine haciendo durante muchos años y, con esos dibujos, construir una escena o un escenario. Eso es lo que estoy haciendo ahora. Es otro formato de libro también, porque el primer formato del libro era el libro que se desplegaba con esos cueros de animales que se estiraban y se lustraban para que quedaran lisos y se formaban esos rollos. Por ahí va la investigación de ahora.
El arte como huella de lo que desaparece
- Algo ya me dijiste: Ese vacío que se genera se llena de sentido. Es linda esa idea, muy interesante, esa invocación al espectador, que, como decía Mijaíl Bajtín, también la obra no está completa sin quien la interprete, quien se sienta sensible a ella. Luis Felipe Noé proponía: “La línea piensa”. En Silvestri hay línea, también hay línea gruesa y línea gruesa que se transforma en surco con el grabado. ¿Por qué ese tránsito hacia esa estética, si se quiere?
- Qué buena pregunta. El tránsito se da básicamente por la predominancia de la línea, como vos decís, en el grabado. La búsqueda del grabado es reproducir dibujos. En principio, era reproducir pinturas, hablando del grabado europeo. El grabado chino, por ejemplo, que son las estampas más antiguas, siglo XI… esos grabados lo que buscaban era reproducir la pincelada del dibujo chino. Es una forma de reproducir el gesto. Eso, en principio, sería el grabado o la estampa. Como yo me profundicé mucho en el dibujo lineal, cuando descubrí el grabado descubrí una profundización de ese mundo, una simplificación, una síntesis y también una estética, porque un grabado no es un dibujo. Y pensando en las primeras manifestaciones del arte, también tenés los grabados en las paredes, los grabados en las piedras y cómo esos grabados en piedra lo que buscan es fijar cierta cosmología profunda del humano que tiene que ver con los símbolos. Esos grabados en las paredes son símbolos profundos, transmitidos de algo que es profundamente humano y profundamente no humano, digamos; es lo que nos hace misteriosos, es lo que nos conecta con lo que no podemos explicar. Ese sería un gran objetivo de una obra de arte: lograr tocar esos nervios misteriosos de la profundidad del humano.
- Agradezco mucho esa reflexión. Te pregunto ahora… vamos a otro aspecto. El arte del litoral, del norte argentino, del nordeste. ¿Qué lugar pensás que ocupa dentro del arte argentino, del arte regional?
- Estamos en un momento de transición, estamos en un momento en el que nos empezamos a mirar a nosotros mismos desde nosotros mismos. Mucho tiempo nos miramos con el espejo porteño, digamos. Necesitábamos ser validados por la centralidad del sistema del arte argentino y creo que con estas ferias federales lo que se está logrando es que nos miremos a nosotros mismos. Quizá la forma de mirarnos o la forma de ser la tenemos que pensar más personalmente. Me parece que, por ahí, el peligro de generar una imagen propia es caer en estereotipos. O sea, lo que deberíamos evitar son esos estereotipos. Pero me parece que es natural igual. De hecho, Guaranípolis podría transformarse en un estereotipo. Esa sería una buena tarea para nosotros: no estereotiparnos y mostrar aquello que nos hace más diferentes y no lo que nos hace más iguales.
Guaranípolis y la construcción de una identidad del nordeste
- Ahora vamos a este último segmento. Ya es imposible no nombrar a Guaranípolis, la ciudad imaginaria en un momento en el que, bueno, parecía tierra inhóspita para el arte, el patrimonio era un motivo de defensa. Surgen colectivos que agrupan artistas con mucha fuerza en Chaco, en Corrientes, El Yaguá Rincón, Guaranípolis y un intercambio virtuoso que los llevó a más de 15 años dentro del arte como un colectivo trascendente que marcó camino y dio esperanza a muchos que hoy pueden disfrutar de una facultad de artes en Resistencia, en Corrientes, y se encuentran con otro escenario. ¿Qué es Guaranípolis y qué significa hoy?
- Bueno, en su momento, Guaranípolis era un concepto de proyecto que era la idea de un cómic, una historieta situacionista, se podría decir. Era una historieta en la que no pasaría nada; sería como un paseo por una ciudad que estaría construida con la fusión de dos ciudades. Lo que queríamos era fusionar Resistencia y Corrientes; el aspecto modernista de Resistencia y el aspecto neoclásico o clásico de Corrientes, sobre todo en lo arquitectónico y también en la parte idiolectal, digamos, de cómo hablamos. Porque cuando uno se mueve se encuentra con universos lingüísticos, con formas de expresarse, con tonos de voz. Eso es lo que nos diferencia sonoramente, la forma en la que hablamos. Eso es muy importante. Es sensorial, es conceptual, por ahí iba la idea de Guaranípolis, esa región en la que todos más o menos hablamos como paraguayos, como correntinos… nuestra forma de hablar es muy particular. La idea de Guaranípolis también era generar una Bienal de arte inmaterial que funcionaría en un museo al aire libre, que la idea era que fuese el puente. Julia Rosetti te puede contar muy bien porque ella se especializó en recordar eso. Nuestra idea, básicamente, era recuperar el arte conceptual argentino, que tiene mucho que ver con el cuerpo, con la política, con el espacio público. Usar el espacio público no como un lugar de tránsito, sino como un lugar que genera fuerzas de cohesión. En el caso del San Pedro Pescador, era un proyecto que tenía el gobierno de construir un puente, lo que iba a generar la emigración de todos los vecinos y su reubicación. Esa convocatoria nos permitió conocer esa realidad del río, de la que los resistencianos siempre estuvimos muy alejados, y nos dio la posibilidad de encontrar nuevos temas, nuevas sonoridades y nuevas imágenes.
El peligro y la indefinición en el arte contemporáneo
- Horacio, última pregunta. El arte contemporáneo se presenta hoy como uno de los lenguajes con mayor fuerza para abordar la complejidad del mundo. ¿Qué desafíos atravesará en un futuro próximo? ¿Qué elementos pensás que no están tan representados hoy?
- Qué pregunta más potente. Yo creo que lo particular del arte contemporáneo es la implosión de las temporalidades, porque tiene que ver con la amplitud de los lenguajes y la búsqueda de la indefinición. El arte contemporáneo no se puede definir porque huye de las definiciones. Me parece que lo que tenemos que buscar es lo que nos diferencia, lo que nos hace particulares, lo que nos hace únicos, lo que nos hace raros, lo que nos hace monstruosos, lo que nos hace peligrosos. Me parece que lo que hay que buscar en el arte contemporáneo es el peligro.
- Muchas gracias.
- Gracias a vos, Horacio querido.