José Miguel Bonet*.
Tuve el gusto de conocerlo e intercambiar algunas palabras con el en Madrid,en plena efervescencia del Sandinismo.
Se escribe por necesidad, y por placer, y por trascender. Pero quiero también ser recordado como un escritor que nunca apagó la luz ante la injusticia del poder tirano,recordaba en una de sus alocuciones.
Hoy nos dice,entré en la política, fue porque se trataba de una revolución, palabra ahora tan depreciada, convencido de que, a través de la acción, se podía cambiar la realidad de miseria y atraso de mi país, donde los pobres seguían siendo los condenados de la tierra, igual que ahora. Hoy sé que la realidad no pude cambiarla, y la tiranía que entonces combatí mutó en otra tiranía peor. Mea culpa. Los sueños de la razón engendran monstruos. Las utopías, distopías. Pero puedo cambiar la realidad en mis libros, a través de la imaginación.
Yo pertenezco a esa larga tradición de quienes pagan un precio por sus palabras, dos veces bajo orden de prisión, y dos veces obligado al exilio, primero en mi juventud por una dictadura familiar, y tantos años después, por otra dictadura familiar.
Pero hay algo de lo que nunca nadie podrá exiliarme, y es de mi propia lengua. Porque mi lengua de escribir realidades, y de crear mundos imaginarios, es una lengua que no conoce fronteras.Hay lenguas que tienen el país por cárcel, lenguas que terminan donde terminan las fronteras. No sé lo que es vivir en uno de esos espacios verbales cerrados. Ese sentimiento de que la voz se escucha de cerca, pero no de lejos.
Pero yo, con mi lengua recorro todo un continente, atravieso el mar, y siempre me dejaré escuchar. Y si mis libros están prohibidos en Nicaragua, las veredas clandestinas de las redes sociales hacen que lleguen a mis compatriotas lectores, igual que pasaba antes con los libros inscritos en las listas negras de la inquisición, que atravesaban de contrabando las fronteras a lomo de mula, o burlaban las aduanas, escondidos en barriles de vino, o de tocino.
Si me llegaran a recordar como político, antes que como escritor, me recordarían mal, porque ahora estoy convencido de que fui un mal político, en primer lugar porque no estaba hecho para la persistencia del oficio. Puedo fracasar en el primer intento de escribir el capítulo de una novela, y borrar todo lo escrito para volver a empezar, luchando brazo a brazo con las palabras, que a veces resultan tan difíciles de someter; pero nunca fui un político de esos capaces de borrar no digamos un capítulo de su vida, sino todo su pasado, y sustituirlo por otro, con más galas y menos miserias, o inventarse batallas en la que nunca participó.
Fui procesado por traición a la patria, me despojaron de la ciudadanía nicaragüense. Desterrado, despatriado. Mi nombre borrado de todos los registros, como en las pesadillas del mundo de Kafka. Y también anularon mi título de abogado. El designio fue dejarme sin patria, y sin universidad.
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.
Miguel de Cervantes
Salud don Sergio.por tan justa distinción y por su solida coherencia,de luchar contra la autocracia corrupta de Nicaragua,podrán cortar todas las flores pero no.podran detener la primavera nos recordaba el gran escritor Chileno.
*desde Mburucuyá
Extractos de una entrevista.