José Miguel Bonet*
Cuando una palabra cargada de tanto peso histórico y horror se utiliza como un insulto genérico para cualquier postura autoritaria, antipática o simplemente contraria a la nuestra, corremos el riesgo de "vaciarla" de contenido.
Este fenómeno se conoce a menudo como inflación semántica o, en el contexto político, se relaciona con la Ley de Godwin: la tendencia a comparar todo con el nazismo o el fascismo hasta que la comparación pierde su impacto.Godwin creó esta ley no para censurar la historia, sino como un experimento de memes. Quería que la gente fuera más consciente de cómo usaba las comparaciones hiperbólicas. Según él, cuando llamas "nazi" a alguien por una falta menor (como una regla gramatical o una opinión estética), trivializas el horror del Holocausto y debilitas tu propio argumento.
Las consecuencias del desgaste del término
El uso excesivo y erróneo de la palabra "fascismo" genera varios problemas graves para el discurso público:
Esta practica produce la Invisibilización del peligro real: Si llamamos "fascista" a un vecino que pide orden en la comunidad o a un político que propone una ley fiscal impopular, ¿cómo llamaremos a un movimiento que realmente busque la abolición de la democracia, el corporativismo estatal y la persecución sistemática de minorías? El "lobo" deja de asustar cuando se Al etiquetar al adversario con el peor término posible, se cierra la puerta al diálogo. No se debate con un "fascista", se le combate. Esto elimina el matiz y la posibilidad de encontrar puntos medios en una democracia sana.
Se banaliza el sufrimiento de las víctimas reales de los regímenes de Mussolini, Hitler o Castro,Maduro, y siguen Al equiparar inconveniencias modernas con esos sistemas, se diluye la magnitud de las atrocidades cometidas en el siglo XX.
¿Qué define realmente al fascismo?
Para evitar este descrédito, es útil recordar que el fascismo no es solo "ser autoritario". Historiadores como Umberto Eco o Robert Paxton señalan rasgos muy específicos:
Culto a la tradición y rechazo a la modernidad intelectual.
Nacionalismo exacerbado basado en el miedo a la diferencia o al "enemigo externo/interno".
Obsesión por un complot (frecuentemente de carácter internacional).
Desprecio por los débiles y una exaltación de la violencia como método político.
Populismo cualitativo: El líder se presenta como la única voz del pueblo, anulando las instituciones intermedias.
El lenguaje es nuestra principal herramienta para entender la realidad. Si rompemos la herramienta usando las palabras de forma descuidada, terminaremos por no entender qué está pasando realmente a nuestro alrededor.No es lo.mismo púlpito que púlpito..
*desde Mburucuyá