Después del 2-0 a Gimnasia, los hinchas se fueron de Núñez más tranquilos y con ilusión
El equipo de Eduardo Coudet volvió a imponerse, ahora ante un rival duro, que llevaba siete victorias al hilo y cinco encuentros sin recibir goles, y ya está en semifinales del Apertura, otro paso clave rumbo a un ansiado título que sin el resto de los grandes ya lo tiene como candidato.
Después de 120’ extenuantes y de la carga emocional de los penales, salvo el retoque sorpresivo de Santiago Lencina desde el arranque y el cambio de último momento por una molestia muscular de Gonzalo Montiel, River salió con la misma base. Le costó destrabar a un Lobo ordenado, que desde la llegada del Pata Pereyra juega con un 4-3-1-2 clásico, y aun inconexo en el medio porque el joven correntino no pesó y enganchó de a chispazos con Fausto Vera y Tomás Galván, los delanteros hicieron match y armaron un golazo: el mismo Facundo Colidio que fue silbado en la previa y salió aplaudido en el segundo tiempo desbordó con sombrero incluido y Sebastián Driussi,tuvo una y la mandó a guardar con un zurdazo letal.
Cuando Gimnasia vio la pelota en el fondo de su arco tras 516’ se le desmoronó el castillo. Steimbach sufrió los picantes desbordes de Colidio, Nacho Fernández y Nico Barros Schelotto no pesaron y River, sin sus dos laterales titulares por la salida prematura de Marcos Acuña (también con molestias), mantuvo el orden y usó la ventaja a su favor.
Con el 1-0 tuvo que aparecer Beltrán para volar luego de un cabezazo de Conti y volvió a conservar el cero al final, aunque esta vez no hubo sufrimiento. Porque sin Kendry Páez ni Ian Subiabre en el banco, otra vez Joaquín Freitas le demostró al Chacho que puede pelear por la titularidad. Después de una ejecución deluxe en la tanda de penales vs. Ciclón, una muestra de su personalidad, entró enchufado y le puso la pelota en la cabeza a Martínez Quarta para que el defensor corone con gol y su patriada al arco del Lobo.