Jose Miguel Bonet
El ejemplo como base moral de la enseñanza se resume en una premisa poderosa: no se puede enseñar lo que no se es. En el ámbito educativo y formativo, el ejemplo no es solo un complemento del discurso, sino la herramienta pedagógica más eficaz para la transmisión de valores.
Enseñar mediante el ejemplo es una tarea exigente porque requiere una constante auto-observación por parte del educador. Como bien decía Albert Schweitzer:
"El ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única."
Aquí voy a trascribir la vida de alguien que fue ejemplar.
Charles de Gaulle creía en algo que hoy parece un sueño: el dinero público es sagrado.
Durante su presidencia en Francia, el Palacio del Elíseo no era un lugar de lujos gratuitos. De Gaulle rechazaba categóricamente que el Estado cubriera el más mínimo de sus gastos personales. Para él, ser el Presidente no era una oportunidad para enriquecerse, sino una carga de honor que debía llevar con las manos limpias.
Su esposa, Yvonne, era la guardiana de esa rigurosidad.
Con una disciplina ejemplar, Yvonne llevaba siempre consigo un pequeño cuaderno. En esas páginas anotaba absolutamente todo lo que consumía su familia: la electricidad de sus habitaciones, la comida de la mesa, su ropa e incluso el jabón que usaban para lavarse las manos.
Cada mes, sin falta, los De Gaulle enviaban un cheque personal al Tesoro Público para reembolsar escrupulosamente esos gastos privados.
Un día, el contable del Palacio se atrevió a sugerir lo impensable.
Se acercó a la Primera Dama y le dijo que tanto rigor no era necesario, que el Estado podía absorber esos gastos menores. Pero Yvonne de Gaulle lo detuvo con una calma y una firmeza que hoy nos sacuden:
— «Señor, todo lo que no es público es privado, y lo que es privado, lo pagamos nosotros mismos».
Esta regla no tenía excepciones, ni siquiera para su propia sangre.
Ni sus hijos ni sus nietos tenían derecho a utilizar los coches oficiales para asuntos personales. Si la familia necesitaba moverse, lo hacía por su cuenta. El General rechazaba cualquier privilegio ligado a su cargo. No solo pagaba hasta el último centavo de sus facturas familiares; fue mucho más allá: renunció a su salario presidencial.
Charles de Gaulle prefirió vivir únicamente de su pensión como militar, demostrando que su compromiso con Francia no tenía precio.
El final de su vida fue el reflejo de sus principios.
Cuando el General falleció, no dejó ninguna fortuna ni cuentas bancarias abultadas. Su única posesión era la casa de Colombey-les-Deux-Églises, la misma que había adquirido mucho antes de que la guerra lo convirtiera en leyenda.
Se cuenta que, incluso al final, si sospechaba que algún gasto privado había sido pagado por error con fondos del Estado, enviaba de inmediato un cheque al Tesoro para corregirlo.
Charles de Gaulle e Yvonne nos recordaron que el poder no se mide por lo que puedes tomar, sino por lo que eres capaz de respetar. Un ejemplo de integridad que hoy brilla más que nunca.
Para la ética aristotélica, la virtud no se aprende leyendo tratados, sino mediante la habituación.
Se llega a ser justo realizando actos justos. El guía actúa como el "modelo de excelencia" que el aprendiz intenta replicar hasta que la acción se convierte en un rasgo del carácter.
Nuestra sociedad hoy está minado de actos que no son ejemplares,pongamos la mira en estos referentes para encargar nuevamente a la Sociedas,al culto del ethos.
* desde Mburucuyá