Por Alejandro Bovino Maciel
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Leí con atención una nota del profesor Oded Balabán (Univ. De Haifa, Israel) quien, por otra parte, es un férreo crítico de las políticas belicistas de Netanyahu y de las políticas aparentemente erráticas de su socio Trump.
Nadie pone en duda el proceso de reconfiguración geopolítica que comenzó hace unos diez o quince años, lentamente. Del mundo bipolar de la Guerra Fría (1945-1989) pasamos a la hegemonía imperialista de los EEUU en los ’90, pero hace unos diez años surgieron con fuerza el BRIC y sobre todo los Tigres Asiáticos con China potencia a la cabeza, y Rusia retomando alianzas y capacidades misilísticas de rearme nuclear: repentinamente tenemos un mundo tripartito: EEUU, Rusia, China.
Este mundo trifásico tiene un grave inconveniente para EEUU: su política republicana y democrática que los otros dos contendientes han abolido o nunca tuvieron del todo. Si la base es un sistema democrático y republicano el señor Trump tiene las manos atadas para ejercer la autocracia que sí ejercen libremente el señor Xi Jinping y el señor Putin. Ambos pueden hacer literalmente lo que se les ocurra sin contención alguna por parte de un parlamento o de un sistema judicial independiente que se los impida. Ni una prensa crítica que incline la opinión pública. Mr. Trump no puede. Está sujeto a una constitución y a un sistema republicano de gobierno que mantiene al Poder ejecutivo sumiso a reglas de juego que se deben respetar si se quiere mantener el sistema. Es obvio que Trump no quiere. Socava sistemáticamente estos tres poderes: insulta al Congreso toda vez que se le ocurre (ni siquiera lo consultó antes de entrar en la guerra con Irán, en contra de lo que establece claramente la Constitución); disiente con las decisiones de la Justicia, y hasta donde puede, las desestima en sus actos; ataca virulentamente a la prensa que no le es adicta y vilipendia a los periodistas que lo cuestionan, con un desprecio violento y guarango. Creo que el señor Trump está incómodo dentro del sistema republicano. Que lo siente como un obstáculo fastidioso para su toma de decisiones. ¿Recuerdan cuando anunció esa política arancelaria ridícula del 35 % al iniciar su gestión? Lo hizo tomando al mundo por sorpresa, no llevó a consideración previa del Congreso estas medidas fiscales porque sabía que se las rechazaría. Como si fuese un rey medieval, Trump toma decisiones por su cuenta, como si estuviese manejando su empresa y no el Estado. Viene acumulando demandas, pero lo llamativo es que a pesar de sus continuos dislates no haya nada efectivo que ponga fin a esa pesadilla para la “democracia modelo”.
¿No será que una buena mayoría de la clase política de EEUU está pensando en sintonía? ¿Y que la democracia republicana “ya fue”? Ni Putin ni Xi Jinping son sus enemigos: cada día busca más y más parecerse a ellos. Solamente que ellos sí tienen las facultades para hacerlo porque el engranaje político funciona de otro modo. El problema del señor Trump se llama democracia.
Es obvio que es el tábano que no le deja ser ni hacer.
PERUGIA, ABRIL 2026.<