Por Alejandro Bovino Maciel
La estupidez está de moda. Por alguna sinrazón un funcionario de segundo rango de Tucumán, cobardemente, ya que Mercedes Sosa y su hijo están muertos y no pueden defenderse, desplegó un arsenal de dicterios contra la que, creo, fue la mayor voz de Latinoamérica.
No hace falta decir que las calumnias de un mediocre funcionario de tercer rango de LLA no implican ninguna mancha al recuerdo de Mercedes Sosa. La táctica de estos mediocres (por eso ni su nombre invoco) consiste en la provocación constante a la población para conseguir sus 5 minutos de fama de Andy Warhol. Pero lo que aquí necesito rescatar es que, entre otros dislates, dijo que M. Sosa era comunista, como si la pertenencia a una ideología política fuese un desmedro de la condición humana. No pregunten a un libertario qué es el comunismo: lo ignoran. O empiezan a enumerar disparates sin sentido. Tampoco saben qué es el liberalismo, ni el socialismo, confunden todas las categorías porque las aprendieron en reeels de Instagram, y la realidad, mi querida gente, es más complicada que mil reels de Meta.
Cuando cae el Muro de Berlín, lo recordarán, se anunció la muerte de todas las ideas políticas, salvo la democracia capitalista triunfante sobre el mundo socialista que había colapsado con la URSS. Todo el mundo a festejar, ya no había que complicarse la vida con teorías del Estado: todos seríamos felices a partir de 1989 porque había triunfado el mejor de los sistemas. Coincidió en Argentina con el ascenso de Menem, que rápidamente se embanderó con esa idea política que es más económica que política: neoliberalismo en megadosis. No necesito contarle a quienes lo sobrevivimos todo lo que fue aquella farsa: de nuevo el embate contra el mundo laboral para precarizarlo, tal como viene sucediendo en la actualidad. Esa ley de flexibilización laboral ya viene dando vueltas desde los ’90 con el emponchado riojano y su farándula de funcionarios y funcionarias que competían por ser el más canalla de la runfla: Manzano, María Julia, Corach, Cavallo, Bauzá, Ruckauf, Mera Figueroa, Matilde Menéndez, Adelina Dalesio de Viola, ustedes en Corrientes tuvieron de “interventora” a Claudia Bello: todos y todas verdaderas plagas de la política que llevaron a la quiebra del Estado que culminó en 2001 con el estallido social, corralitos, muertos…
¿Quién dijo que la historia no se repite? Por desgracia la historia es como las costumbres humanas: siempre tienden a repetirse. Cambia el elenco, pero la farsa teatral sigue siendo la misma. Por eso es importante tener bien claro de qué hablamos cuando decimos Comunismo, Socialismo, Liberalismo, Socialdemocracia, Libre Mercado, Proteccionismo, Justicialismo. No es tan difícil. Basta con recordar dos o tres enunciados que tienen estas fuerzas políticas como plataformas de vida social. Pero tenerlas bien claras porque a la hora de votar la única soberanía reside en la conciencia ciudadana. Hay mucho analfabetismo político en nuestras calles, y pedirle a un analfabeto político que defina el futuro gobierno de una sociedad es como pedirle a un analfabeto escolar que nos lea un texto de Hegel. No entenderá ni el título.
ROMA, MARZO 2026