Por . Pilar Nano*
Del aula a la oficina y de la oficina al celular antes de dormir, la escena se repite. Un niño que acerca la tablet a la cara. Un universitario que alterna entre notebook y teléfono. Un adulto quenestira el brazo para poder enfocar un mensaje. Vivimos mirando debcerca, durante horas, casi sin pausas.
La transformación digital no solo modificó la manera en que trabajamosbo estudiamos: también cambió la forma en que usamos nuestros ojos.
Según el informe Digital 2024 de DataReportal, los adultos pasan en promedio más de 6 horas diarias frente a pantallas conectadas a internet, una cifra que en entornos urbanos puede extenderse si se suman dispositivos laborales y personales.
La pandemia aceleró esta dinámica. Y aunque muchas actividades volvieron a la presencialidad, las rutinas digitales no retrocedieron: reuniones híbridas, interacción constante por mensajería y consumo nocturno de contenidos quedaron instalados. La consecuencia es una sobreexigencia visual sostenida que atraviesa todas las edades.
Una cultura visual bajo presión
El sistema visual no fue diseñado para sostener tantas horasnconsecutivas de enfoque cercano. Cuando miramos de cerca, los músculos internos del ojo trabajan activamente para mantener la nitidez. Si la demanda es prolongada, aparece la fatiga.
Diversas publicaciones científicas estiman que el síndrome de fatiga visual digital afecta a entre el 50% y el 70% de los usuarios intensivos de dispositivos electrónicos. Sequedad ocular, visión borrosaborrosa intermitente, cefaleas y dificultad para reenfocar son consultas cada vez más frecuentes en el consultorio.
En paralelo, otro fenómeno preocupa a la comunidad médica.
Investigaciones publicadas en The Lancet Global Health proyectan que para 2050 casi el 50% de la población mundial podría ser miope, en parte asociado al aumento de actividades en visión cercana y a la reducción del tiempo al aire libre durante la infancia.
La visión se convirtió en una herramienta de alto rendimiento, exigida
como nunca antes.
De la infancia a la adultez: distintas etapas, misma sobrecarga
En edad escolar, gran parte del aprendizaje ingresa por vía visual.
Detectar errores refractivos a tiempo puede mejorar significativamentevel desempeño académico y la autoestima.
En la adolescencia y juventud, el estudio intensivo y el uso simultáneo de múltiples dispositivos generan cuadros de espasmo acomodativo, visión borrosa transitoria y dolores de cabeza al final
del día.
En la adultez, la vuelta a la oficina no implicó menos pantallas.
Muchas personas combinan trabajo presencial con interacción digital constanteconstante. La fatiga visual dejó de ser excepcional para convertirse en parte del relato cotidiano.
Y es en este escenario de sobreexigencia cuando, a partir de los 40 o 45 años, el sistema visual empieza a manifestar un cambio natural: la presbicia.
La generación que no quiere sacar los anteojos del bolsillo
La presbicia —conocida como “vista cansada”— no es una enfermedad, sino un proceso fisiológico. El cristalino pierde elasticidad yndisminuye la capacidad de enfocar objetos cercanos. Leer una etiqueta, revisar el celular o trabajar con la computadora puede requerir más luz o mayor distancia.
Lo que cambió en los últimos años no es la biología, sino la forma debvivir esta etapa.
Hoy las personas de entre 40 y 55 años están en plena actividad profesional y social. No se perciben como “mayores” ni quiere soluciones rígidas. Buscan alternativas que acompañen su ritmoncotidiano y que les permitan flexibilidad.
Tradicionalmente, la corrección se basó en anteojos, lentes multifocales o procedimientos quirúrgicos en casos seleccionados. En los últimos años se incorporaron también alternativas farmacológicas y óppicas para etapas iniciales.
Entre ellas, se utiliza pilocarpina oftálmica al 1,25%, aprobada en Argentina por ANMAT, una droga que actúa generando miosis (disminución del tamaño pupilar) y aumentando la profundidad de foco, lo que puede mejorar temporalmente la visión cercana durante varias horas.
Su mecanismo incluye la contracción del esfínter del iris y del musculo ciliar, favoreciendo el enfoque próximo. Esta alternativa no invasiva amplía el abanico terapéutico y puede integrarse con otras correcciones según la necesidad de cada paciente.
Como todo tratamiento, requiere evaluación oftalmológica previa. No todas las personas son candidatas y pueden presentarse efectos transitorios como cefalea o disminución de la visión en ambientes con baja iluminación. La indicación debe ser siempre personalizada.
El manejo de la presbicia dejó de ser una única respuesta. Hoy
hablamos de estrategias combinadas y adaptadas al estilo de vida.
Ver bien para vivir mejor
La conversación sobre salud visual ya no puede limitarse a una edad puntual ni a un diagnóstico aislado. La sobreexposición a pantallas y la alta demanda de enfoque cercano impactan en niños, jóvenes y adultos.
En una sociedad que extiende su vida activa –en Argentina la expectativa supera los 76 años según datos del Banco Mundial- cuidar la visión es parte del bienestar integral.
Ver bien no es un detalle menor: es una herramienta para aprender,producir, vincularnos y sostener calidad de vida a lo largo del tiempo.
La nueva cultura visual nos atraviesa a todos. Entender cómo evoluciona nuestra forma de ver —y acompañarla con estrategias adecuadas en cada etapa— es uno de los desafíos silenciosos de la era digital.
FUENTES
1. DATAREPORTAL – DIGITAL 2024 GLOBAL OVERVIEW REPORT
https://datareportal.com/reports/digital-2024-global-overview-report
2. SHEPPARD AL, WOLFFSOHN JS. DIGITAL EYE STRAIN: PREVALENCE,
MEASUREMENT AND AMELIORATION. BMJ OPEN OPHTHALMOLOGY
https://bmjophth.bmj.com/content/3/1/e000146
3. HOLDEN BA ET AL. GLOBAL PREVALENCE OF MYOPIA AND HIGH MYOPIA
AND TEMPORAL TRENDS FROM 2000 THROUGH 2050. THE LANCET GLOBAL HEALTH
https://www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(16)00045-6/fulltext
4. BANCO MUNDIAL – EXPECTATIVA DE VIDA EN ARGENTINA
https://data.worldbank.org/indicator/SP.DYN.LE00.IN?locations=AR
*oftalmóloga (M.N. 122.454) speaker de Laboratorio Elea