Parodiando a Don Antonio Machado:
Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: van 365 días
que mi amigo Ricardo no ejecuta el bandoneón.
¿Murió?... Solo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: háganme
un duelo de acordes con labores y esperanzas.
Sean buenos y no más, sean lo que he sido
entre ustedes: alma.
Vivan, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
Estar con él es un lujo; es un caballero, siempre elegante, pulcro y alegre. Tiene una simpleza para contar su vida y una gran honestidad.
Hijo de agricultores, nació el 9 de julio de 1946, en la 1ª Sección Lomas, departamento Bella Vista, provincia de Corrientes. De chico supo lidiar con caballos y bueyes; debía cuidar las quintas de naranjos, dar de comer a las gallinas y chanchos, y trabajar la tierra.
En estas tareas siempre tarareaba alguna melodía y soñaba con un instrumento: el bandoneón. Lo vio por primera vez en los brazos de su padre y otras veces en algunos bailes orilleros. Escuchaba en la radio a Galena, que se prendía a la tarde para recrearse y seguir alguna radionovela.
“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”, decía Ernest Hemingway. Es humilde como el polvo y con ello descubre su gran verdad.
Honesto, no oculta su historia, que es la del esfuerzo y sacrificio para poder llegar a ser hoy un referente chamamecero.
Los comienzos no fueron fáciles. A la familia no le gustaba la profesión de músico; pese a que su padre tocaba el bandoneón, no era lo que quería para su hijo. Se las amañaba con algunas llaves que construía para poder sacar el bandoneón del ropero cuando el padre no estaba, y así empezar a teclear algunas notas. Agigantaba su imaginación y agudeza para poder crear melodías muy primitivas. A un vecino, los Vidal Gutiérrez, sus padres le regalaron un bandoneón; él se las amañó para poder compartir con esa persona el tan ansiado instrumento.
La vida de campo es hermosa; la naturaleza distrae mucho, aunque es sacrificada. Él tenía como propósito ser músico y ahí puso proa. Un día se fue de su casa, trabajó en la estación de ómnibus de Saladas como cafetero y, con su meta de llegar a la excelencia, viajó a Corrientes. Gracias a las gestiones de su primo, se embarcó en la carrera de barcos que hacía Asunción-Buenos Aires, y allí trabajó como pelapapas. Necesitaba ahorrar para comprar ese bello instrumento que anhelaba: su bandoneón. Muchas veces se lesionaba las manos por la cantidad de horas que apoyaba el cuchillo en el dedo. “La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”: esa era la meta, llegar a ser un ejecutante de gusto exquisito.
Después de meses de trabajo, dejó el barco y se bajó en Buenos Aires. Cuando caminaba solo desde el puerto hacia la casa de un amigo, ya con el dinero para comprar el instrumento, se hizo un juramento: debía eludir algunos vicios de los músicos, la diversión excesiva y la bebida innecesaria.
Con ese juramento, solo él, sus ganas y su proyecto. Tenía un gran sueño: ser bandoneonista, y no le tenía miedo. No sabía leer música y tampoco existían los reproductores de hoy. Tuvo muchas veces que trasladarse y vivir por un tiempo para aprender acordes y técnicas. Fue mburucuyano por dos años, para estar cerca de don Eustaquio Miño.
Concurrió en el año 1960 al “Festival del Folklore Correntino” de Santo Tomé, Corrientes, obteniendo el “segundo premio revelación” como solista instrumental. En 1961 recibe la invitación del cantante correntino Mario Romero para integrarse a su conjunto “Los Troveros Guaraníes”. En 1966 realiza una breve colaboración con el conjunto del bandoneonista mburucuyano Eustaquio Miño, para luego integrar el conjunto “Acuarela Correntina” y el conjunto “Reyes-Vargas”. En 1967 es convocado por don Tránsito Cocomarola para integrar el conjunto de las “Hermanitas Díaz”, apadrinadas artísticamente por el “Taita del Chamamé”. Con las “Hermanitas Díaz” realiza grabaciones para el sello Polydor junto a Raulito Cáceres en acordeón y las guitarras de Cacho Espíndola, Lucas Falcón y Héctor Chávez, grabación que nunca fue editada.
En 1968 se produce un hecho fundamental en su carrera artística cuando es convocado por don Ernesto Montiel para integrarse al “Cuarteto Santa Ana”. Con “Santa Ana” permaneció hasta 1973, participando de grabaciones para el sello Polydor. En 1974 forma su primera agrupación, el “Cuarteto Bella Vista”, con el que realizó una grabación editada en 1975. Luego de colaboraciones junto a artistas como Adela Vidal, Brígido González y Carlos Talavera, forma en 1977 el “Cuarteto Corrientes” junto a Ramón Sixto “Cacho” Saucedo, Oscar “Cacho” Espíndola y el acordeonista ituzaingueño Salvador Sena. Con esta formación realizan un demo antes de la salida de Sena, quedando conformado así el “Trío Corrientes”. En 1978 realizan su primer registro fonográfico, “A los compadres”, que incluía una obra de Roberto Galarza que, en la voz de “Cacho” Saucedo, se convertiría en un clásico: el chamamé “Volver en guitarra”. En 1981 graban el que sería el último disco con esta formación, “Guitarras al viento”, antes de la salida de Saucedo por problemas de salud, reemplazado por el cantante sancosmeño Hugo Flores y luego por el chaqueño Ceferino Leónidas “Chango” Paniagua. En 1986 realiza una gira a los Estados Unidos y en 1989 actúa junto a Raúl Barboza en Francia.
Ese mismo año se produce el fatal accidente conocido como la tragedia de Bella Vista, donde perecen varios artistas, entre ellos “Chango” Paniagua, y donde Scofano salva milagrosamente la vida junto a su compañero “Cacho” Espíndola. En 1990 forma el “Grupo Renacer” junto a Hugo Flores, Pedro del Prado y Hugo Scofano, con el que graba tres discos. En el año 2000 forma el “Grupo Integración” junto a “Cacho” Espíndola y Santiago “Bocha” Sheridan, conjunto con el que se presenta hasta 2010, cuando se produce la salida de Sheridan. Con “Integración” registran dos trabajos discográficos y celebran sus 10 años con un recital en el Teatro Vera de la ciudad de Corrientes, donde se graba un disco en vivo. Luego forma agrupaciones con Prieto Linares y, finalmente, Ricardo Scofano y su conjunto con Surfo Maciel y Cristian Vallejos.
Ricardo Scofano, un músico con personalidad, le pone alma a las teclas. Es un ejemplo como persona y como músico. Su melodía compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu; emulando a Aristóteles, logra en sus composiciones dar rienda suelta al arte y darle cuerpo a la esencia secreta de las cosas, sin copiar su apariencia. Dios permitió que nos acompañaras en el campo en febrero; como es tradición, tu presencia y la juntada del festival fueron disfrutadas por todos.
Hoy hace un año cumplió con esa experiencia muy personal e irrepetible.
La muerte —dicen—: la vida es un paréntesis de la eternidad. Volvió y se hizo eterno.
Tus cenizas hoy son patrimonio del río Paraná.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Jorge Manrique
Un fuerte sapucay, y honrado de que me hayas honrado con tu amistad. Se te extraña.
*José Miguel Bonet, desde Mburucuyá.