José Guillermo Alfonso
El Marketing del Rigor ante una Ciudad en Emergencia
La comunicación política contemporánea ha encontrado en el "choque moral" un refugio para justificar la falta de resultados estructurales. Recientemente, una pieza publicitaria del área de Movilidad Urbana de nuestra ciudad disparó una frase que merece un análisis profundo, no solo por su pragmatismo, sino por la concepción de Estado que trasluce: "No hay nada más caro que un muerto; nosotros hacemos lo que no se animaron a hacer antes".
Bajo esta consigna de un "coraje" supuestamente inédito, la gestión intenta imponer un modelo donde la pena dobla la conducta ciudadana. Sin embargo, la política pública no puede reducirse a un balance contable de vida o muerte, ni mucho menos a una cruzada moral de "valientes" contra "cobardes".
El "pato rengo" de la continuidad
Resulta curioso, por decir lo menos, que el eslogan "jamás se hizo" se convierta en el eje de una gestión liderada por funcionarios que no son precisamente ajenos al engranaje municipal. Quien hoy esgrime la bandera de la audacia administrativa ha transitado previamente por roles de funcionario de alto rango.
Hablar de lo que otros "no se animaron a hacer" es dejar como un pato rengo a la propia continuidad política. Si la audacia llega recién ahora, cabe preguntarse qué se estuvo haciendo —o dejando de hacer— durante los años previos de ejercicio del poder en la misma estructura.
El 77%: La estadística que el marketing no puede ocultar
El análisis político debe sustentarse en datos, y los números de siniestralidad de nuestra Capital son demoledores. Entre 2024 y 2025, lejos de una mejora, asistimos a una agudización de la tragedia vial centrada en un actor específico: la motocicleta.
En apenas un año, la participación de las motos creció casi 11 puntos. Mientras el discurso oficial se endurece, la calle es hoy un 10% más peligrosa para el motociclista. ¿Estamos ante una estrategia de seguridad o ante una sofisticada ingeniería de recaudación?
La arbitrariedad del "beneficio"
La supuesta rigurosidad de la norma se desmorona cuando observamos la discrecionalidad en las calles. Es de público conocimiento cómo, frente a los establecimientos educativos, se permite y hasta se custodia el estacionamiento en doble fila, otorgando un "beneficio" tácito a ciertos sectores. Sin embargo, esa misma flexibilidad desaparece para el trabajador que detiene su vehículo unos minutos para dejar un paquete fuera de las áreas escolares; allí, el rigor de la multa cae con todo su peso.
Esta aplicación selectiva de la ley no solo es injusta, sino que revela que el control no busca el ordenamiento general, sino que se ejerce según la conveniencia del momento o el perfil del infractor.
Dignidad, transparencia y ejemplaridad
La audacia no debe ser solo punitiva; debe ser, ante todo, digna. Resulta inadmisible que el Estado municipal someta a los vehículos secuestrados —herramientas de trabajo de miles de ciudadanos— a traslados precarios que dañan el patrimonio. Una gestión que se jacta de "hacer lo que otros no hicieron" debería empezar por profesionalizar el trato y garantizar que el transporte sea presentable y respetuoso.
A esto se suma el necesario debate en el Concejo Deliberante sobre la transparencia en el uso de las cámaras de vigilancia. El ciudadano tiene derecho a saber que esos "ojos" tecnológicos son guardianes de la seguridad y no simples "vigiladores" al acecho de una falta menor para alimentar las arcas públicas.
Gobernar no es solo animarse a castigar; es tener la capacidad de prevenir. Mientras la política pública se reduzca a un ticket de infracción, a la arbitrariedad en las escuelas y a frases de impacto, el "coraje" del funcionario seguirá siendo el costo que pagan los ciudadanos por una gestión que sigue llegando tarde al accidente.