El legislador remarcó que en el presente es preciso rescatar de San tres elementos centrales: la prioridad absoluta de la libertad sobre cualquier forma de dominación, la austeridad en el ejercicio del poder, y la idea de que las instituciones existen para servir a la Nación y no para perpetuar privilegios.
El diputado nacional de La Libertad Avanza Lisandro Almirón se refirió a la decisión del presidente Javier Milei de trasladar el sable corvo del general José de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo, y sostuvo que la medida posee un profundo valor simbólico al restituir la pieza histórica a la institución creada por el propio Libertador.
El legislador remarcóque el acto trasciende la dimensión administrativa y se inscribe en el plano de los gestos políticos con carga histórica, al vincular directamente la decisión del Poder Ejecutivo con los orígenes mismos de la organización militar y estatal argentina.
Almirón afirmó que “la decisión del presidente Javier Milei tiene un profundo valor simbólico porque devuelve el sable corvo del General José de San Martín a su ámbito natural: el Regimiento de Granaderos a Caballo, institución creada por el propio Libertador”. En esa línea, subrayó que la medida no debe leerse únicamente como el traslado de un objeto patrimonial, sino como una reafirmación de continuidad histórica entre el proceso emancipador y la institucionalidad contemporánea.
El legislador profundizó esa interpretación al señalar que “no se trata solamente de un traslado físico, sino de una reafirmación histórica. El sable deja de ser un objeto museístico para recuperar su carácter de símbolo vivo del nacimiento de la Nación y del sacrificio por la libertad. Es un gesto que conecta la institucionalidad actual con las raíces fundacionales de la Argentina”.
De este modo, planteó que la decisión presidencial reactualiza la carga simbólica del sable como emblema del proceso independentista y del esfuerzo militar que dio origen al Estado nacional.
ACTUALIZACIÓN DEL LEGADO Y DEBATE GENERACIONAL
Consultado sobre la definición de Milei respecto del sable como “símbolo vivo de la Nación”, Almirón consideró que esa mirada permite actualizar el legado sanmartiniano ante las nuevas generaciones. En su análisis, la figura de San Martín debe ser comprendida más allá de su dimensión escolar o conmemorativa, integrando sus valores al debate contemporáneo sobre el sentido de la libertad y la organización institucional del país.
En ese sentido, expresó: “Rescata a San Martín no como una figura congelada en los manuales escolares, sino como un líder con valores plenamente vigentes: la libertad, el mérito, la austeridad republicana y el compromiso con la independencia”. Según el diputado, esta perspectiva habilita una lectura dinámica de la historia nacional, en la que los principios asociados al proceso emancipador mantienen actualidad en el plano político y moral.
Almirón añadió que “Actualizar su legado implica comprender que la independencia no fue solamente territorial, sino también moral y política. San Martín entendía que sin instituciones fuertes, responsabilidad individual y límites al poder, la libertad podía perderse. En ese sentido, acercar su figura a las nuevas generaciones significa volver a discutir qué significa ser una Nación libre hoy”. Con estas declaraciones, vinculó el legado del Libertador con la necesidad de fortalecer la institucionalidad y promover una cultura política orientada a la responsabilidad y la limitación del poder estatal.
IDENTIDAD NACIONAL Y PROYECTO POLÍTICO
En relación con el debate cultural e histórico que generó la medida, el legislador sostuvo que estas discusiones pueden resultar productivas para la reflexión colectiva sobre la identidad nacional. “Los debates culturales son saludables cuando invitan a revisar nuestra historia sin prejuicios ideológicos. Argentina necesita reconciliarse con su tradición histórica y comprender que la identidad nacional no se construye negando el pasado, sino interpretándolo con madurez”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de abordar el pasado desde una perspectiva integradora.
Asimismo, señaló que “este tipo de discusiones permiten volver a poner en el centro valores como el esfuerzo, la soberanía, la defensa de la libertad y el sentido de comunidad nacional. Cuando la sociedad discute su historia, también discute su futuro”. En esa línea, planteó que el intercambio en torno a los símbolos patrios puede funcionar como instancia de revisión y reafirmación de principios considerados fundacionales para el desarrollo institucional del país.
Finalmente, al referirse al proceso iniciado en 1813 y a su eventual vínculo con el proyecto libertario-liberal, Almirón sostuvo: “El proceso iniciado en 1813 representó la consolidación de un proyecto emancipador basado en la libertad individual y la autodeterminación de los pueblos. Del pensamiento y la acción de San Martín debemos rescatar tres elementos centrales para el presente: la prioridad absoluta de la libertad sobre cualquier forma de dominación, la austeridad en el ejercicio del poder, y la idea de que las instituciones existen para servir a la Nación y no para perpetuar privilegios.
El proyecto libertario-liberal encuentra allí una raíz histórica clara: la construcción de un Estado al servicio de ciudadanos libres, y no ciudadanos subordinados al Estado”.