El acuerdo UE–Mercosur, pendiente de aprobación legislativa, podría ampliar el acceso de la foresto-industria argentina al mercado europeo eliminando aranceles, pero el sector advierte que sin crédito productivo, reducción de costos y adaptación a estándares ambientales como el EUDR, el país corre riesgo de perder competitividad frente a Brasil, Uruguay y Paraguay.
En un escenario regional marcado por la aceleración de inversiones en Brasil y Uruguay y el creciente interés de capitales internacionales en Paraguay, la foresto-industria argentina atraviesa una etapa de estancamiento condicionada por la falta de rentabilidad y la retracción del mercado interno. En este contexto, el Consejo Foresto-Industrial Argentino (CONFIAR), integrado por AFoA, AFCP, FAIMA y ASORA, difundió un comunicado en el que analizó el alcance del acuerdo de asociación estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea, al que definió como «una oportunidad estratégica que solo podrá aprovecharse si va acompañada de políticas productivas activas, inversión y definiciones políticas claras».
El acuerdo, firmado por el gobierno de Javier Milei, aún debe atravesar instancias decisivas de aprobación. En el plano internacional, requiere el aval del Parlamento Europeo, mientras que en Argentina será tratado el 11 de febrero en el Congreso Nacional. Desde CONFIAR consideran que el debate parlamentario será determinante para establecer el posicionamiento del país frente a una iniciativa que podría redefinir el acceso a uno de los principales mercados globales. “El riesgo no es el acuerdo en sí, sino llegar tarde o mal preparados”, advirtieron desde la entidad.
La conformación de una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con más de 700 millones de habitantes, abre la posibilidad de mejorar el ingreso de productos argentinos como madera, celulosa, papel y cartón al mercado europeo mediante la eliminación progresiva de aranceles. Para el sector, esta perspectiva representa una ventana de expansión comercial que podría dinamizar inversiones y consolidar la inserción internacional de la cadena foresto-industrial.
Sin embargo, el entendimiento contempla plazos de desgravación extendidos para productos sensibles, entre ellos muebles y determinados papeles, lo que otorga un margen temporal para que la industria local se adapte. Desde el Consejo advierten que ese período de transición debe aprovecharse para modernizar procesos, incorporar tecnología y sostener el empleo, ya que la falta de decisiones estructurales podría diluir las ventajas potenciales del acuerdo.
DESAFÍOS COMPETITIVOS Y EXIGENCIAS AMBIENTALES
Uno de los ejes centrales señalados por CONFIAR es la necesidad de adecuarse a los estándares ambientales europeos, particularmente al Reglamento de Productos Libres de Deforestación (EUDR), cuya plena implementación está prevista para 2026. El cumplimiento de estos requisitos implicará fortalecer los sistemas de trazabilidad y certificación, así como garantizar la sostenibilidad de la producción forestal en toda la cadena de valor.
Argentina cuenta con una base normativa relevante, respaldada por la Ley 25.080 de inversiones para bosques cultivados, vigente hasta 2029, y por la expansión de certificaciones internacionales de manejo forestal sostenible. No obstante, el sector enfrenta desventajas competitivas frente a sus vecinos regionales, asociadas a costos logísticos elevados, presión fiscal y limitaciones en el acceso al financiamiento productivo.
“El acuerdo plantea una oportunidad concreta, pero también una agenda de trabajo ineludible. Para competir en mercados exigentes se necesitan inversiones en tecnología, procesos y financiamiento accesible. Además, urgen políticas que mejoren la competitividad: reducción de costos logísticos, alivio fiscal, simplificación burocrática y un marco laboral que acompañe a las PyMEs del interior”, señalaron desde el Consejo, sintetizando los principales reclamos dirigidos al Estado nacional.
Desde la entidad remarcaron la necesidad de instrumentos financieros específicos, canalizados a través de bancos públicos y agencias de desarrollo, orientados a modernización tecnológica, eficiencia energética, bioenergía y sistemas de trazabilidad y certificación. “Sin crédito productivo, las exigencias internacionales dejan de ser una oportunidad y se convierten en una barrera”, advirtieron, subrayando que el acceso al financiamiento resulta clave para transformar los estándares ambientales en una ventaja competitiva.
DIMENSIÓN PRODUCTIVA Y PROYECCIÓN INTERNACIONAL
La foresto-industria argentina involucra más de 53 millones de hectáreas de bosques nativos y 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, concentradas en un 80% en la región Mesopotámica. El 95% de la madera utilizada por el sector proviene de plantaciones, lo que permite generar productos de bajo impacto ambiental, entre ellos celulosa y papel, madera para viviendas y muebles, energía eléctrica y térmica y derivados químicos vinculados a la descarbonización de la economía.
El entramado productivo está conformado por 13.000 productores y más de 6.000 empresas, que generan alrededor de 100.000 empleos directos formales y exportaciones por 550 millones de dólares anuales. Estas cifras posicionan al complejo foresto-industrial como un actor relevante en las economías regionales y en la balanza comercial, aunque su potencial de crecimiento permanece condicionado por factores estructurales internos.
De acuerdo con proyecciones de la consultora finlandesa AFRY, la industria forestal global crecerá en más de 210 billones de dólares entre 2019 y 2035, impulsada por la demanda de materiales sostenibles y la transición hacia economías bajas en carbono. En ese contexto, la integración al comercio internacional con mayor valor agregado constituye un objetivo estratégico que, según CONFIAR, requiere coordinación entre el sector público y privado.