Texto Facundo Sagardoy, fotos José Risso.
La isla enfrenta cortes eléctricos que alcanzan a más del 60 % del territorio, suspensión de vuelos por falta de combustible, reducción o detención de envíos de petróleo desde aliados tradicionales, advertencias de la Organización de las Naciones Unidas sobre derechos humanos y la posibilidad de una “hora cero” si no arriban nuevos cargamentos antes de marzo.
En las últimas semanas de febrero, Cuba atraviesa una profunda crisis energética originada en el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, que ha reducido de manera drástica las importaciones de crudo y derivados hacia la isla. La restricción del suministro ha generado un escenario de escasez estructural que afecta la generación eléctrica, el transporte y la actividad económica en general, en un país altamente dependiente del abastecimiento externo para sostener su matriz energética.
La situación ha obligado tanto a la ciudadanía como a las autoridades a adoptar medidas de emergencia y alternativas para sostener la movilidad y los servicios básicos. En zonas urbanas como Alamar, en La Habana, se ha intensificado el uso de vehículos eléctricos como recurso paliativo frente a la falta de combustibles fósiles, en un intento por mitigar el impacto inmediato sobre la vida cotidiana y reducir la presión sobre los limitados recursos disponibles.
De acuerdo con informes internacionales, la crisis se manifiesta en apagones frecuentes y en un severo racionamiento de combustibles que ha alterado la rutina productiva y doméstica. Más del 60 % del territorio nacional se ve afectado por cortes de energía eléctrica, lo que repercute en hogares, centros de trabajo e instituciones públicas, configurando un panorama de restricciones generalizadas en la provisión de servicios esenciales.
Las consecuencias también alcanzan al sector aéreo, con suspensiones de vuelos y dificultades operativas derivadas de la imposibilidad de recargar combustible en territorio cubano debido a la escasez de jet fuel. Esta situación ha impactado tanto en el turismo internacional como en la conectividad aérea de la isla, generando incertidumbre en aerolíneas y pasajeros y profundizando la contracción de ingresos vinculados al sector turístico.
En el plano social y cultural, la crisis energética ha obligado a reprogramar o suspender actividades públicas, entre ellas la Feria Internacional del Libro de La Habana, que fue pospuesta ante la imposibilidad de garantizar el suministro eléctrico necesario. Asimismo, el transporte interprovincial y urbano ha sufrido un colapso parcial, lo que dificulta la movilidad de trabajadores y estudiantes y condiciona la actividad económica.
ADVERTENCIAS INTERNACIONALES Y RESPUESTAS DIPLOMÁTICAS
La Organización de las Naciones Unidas ha advertido que la política de bloqueo está afectando derechos humanos básicos de los cubanos y comprometiendo servicios esenciales como la salud, el acceso al agua potable y la alimentación. Según el organismo multilateral, la continuidad de estas restricciones podría derivar en un colapso humanitario si no se encuentra una solución que permita restablecer el flujo energético hacia la isla.
En el ámbito político internacional, la presión estadounidense se ha traducido en la imposición de aranceles y en amenazas de sanciones a países que exporten petróleo a Cuba. Estas medidas han impactado en aliados tradicionales como Venezuela y México, que han reducido o detenido sus envíos, lo que ha profundizado el aislamiento energético del país caribeño y restringido sus márgenes de maniobra.
Funcionarios cubanos han calificado estas acciones como un castigo colectivo que perjudica directamente a la población civil, al afectar no solo la actividad económica sino también servicios esenciales. Desde la perspectiva oficial, el endurecimiento de las sanciones constituye un giro hacia un bloqueo más específico enfocado en el sector energético, con efectos directos sobre la estabilidad social.
En paralelo, figuras públicas y algunos congresistas estadounidenses han cuestionado el bloqueo petrolero por su impacto humanitario, generando un debate interno en Estados Unidos sobre las consecuencias de la medida. A nivel internacional, China ha expresado su apoyo a Cuba y ha prometido algún tipo de asistencia, aunque sin precisar detalles sobre eventuales entregas de crudo o derivados.
El escenario diplomático se mantiene abierto, con llamados a la cooperación y a la búsqueda de soluciones que eviten un agravamiento de la crisis. La evolución de las negociaciones y la posibilidad de asistencia externa aparecen como factores determinantes para modificar el curso de los acontecimientos en las próximas semanas.
PLAN DE CONTINGENCIA Y RIESGO DE “HORA CERO”
Frente a la escasez, el gobierno cubano ha implementado un plan de contingencia de emergencia que incluye el racionamiento de combustibles, la reducción de la jornada laboral en empresas estatales y la limitación del transporte interprovincial. También se han suspendido ciertos servicios públicos con el objetivo de preservar energía para actividades consideradas prioritarias, como hospitales y servicios básicos.
Estas medidas buscan administrar de manera estricta los recursos disponibles ante la ausencia de nuevos cargamentos de petróleo desde enero y febrero de este año, período en el que la isla no ha recibido crudo debido a la reducción o paralización de envíos por parte de proveedores tradicionales bajo presión externa.
Expertos en energía han advertido que el país podría llegar a una “hora cero” de crisis completa si no recibe nuevos cargamentos de petróleo antes de marzo, dada su alta dependencia de importaciones energéticas y la falta de reservas estratégicas suficientes para sostener servicios esenciales en el mediano plazo.
El actual bloqueo petrolero se inscribe en un contexto histórico más amplio de sanciones económicas, pero representa una fase focalizada en el sector energético que intensifica sus efectos sobre la economía, la vida social y la infraestructura pública.
En este marco, las respuestas institucionales internas y la presión internacional por un diálogo o por asistencia humanitaria continúan siendo elementos centrales en la evolución de la crisis. La resolución del conflicto dependerá de la capacidad de las partes involucradas para revertir o mitigar las restricciones que han llevado a Cuba a una de las coyunturas energéticas más delicadas de los últimos años.