El 57% tiene dificultades para llegar a fin de mes, en un contexto en el que los préstamos personales crecieron 44% real durante 2025.
El pulso de la economía argentina no se mide únicamente a través de variables macroeconómicas como la inflación, el tipo de cambio o el nivel de actividad; también se expresa en las percepciones, las expectativas y las preocupaciones que atraviesan la vida cotidiana de los hogares. En la actualidad, ese pulso está marcado por una tensión persistente, ya que mientras el ajuste, la fragilidad de los ingresos y la pérdida de poder adquisitivo siguen condicionando las decisiones diarias, convive un clima de expectativa moderada respecto del futuro.
Y es que desde el plano más íntimo, la economía se experimenta como una fuente constante de presión. El Estudio de Bienestar Financiero 2025 elaborado por Mercer, por ejemplo, revela que siete de cada diez argentinos atraviesan algún nivel de estrés financiero. Se trata de un fenómeno que dejó de ser excepcional para convertirse en una condición casi estructural, atravesada por la inflación persistente, la incertidumbre y la dificultad para planificar a mediano plazo.
En este escenario, el dinero no alcanza, no se proyecta y tampoco ofrece tranquilidad, de hecho, el 61% de los trabajadores reconoce que las preocupaciones económicas los acompañan incluso durante su jornada laboral. El informe da cuenta, además, de las consecuencias concretas de este malestar, con un 14% que manifiesta niveles de ansiedad financiera tan elevados que afectan su descanso y su calidad de sueño, mientras que el 22% siente que perdió directamente el control de sus finanzas personales.
A esto se suma un dato particularmente sensible en un escenario inflacionario: casi dos de cada diez personas se endeudaron en los últimos seis meses para cubrir gastos esenciales como alimentos, servicios o salud. El endeudamiento, en este caso, no responde a decisiones de consumo sino a la necesidad de sostener el día a día.
Paradójicamente, esta fragilidad convive con ciertos hábitos que, en otros contextos, podrían considerarse positivos. Más de la mitad de los encuestados afirma planificar sus finanzas mes a mes y ocho de cada diez declara mantener algún hábito de ahorro. Sin embargo, Mercer identifica un límite estructural y el 31% señala la falta de conocimiento financiero como el principal obstáculo para gestionar mejor su dinero, por encima incluso de los gastos imprevistos. Como consecuencia, se observa una fuerte dependencia de redes informales y entre el 44% y el 54% recurre a familiares o amigos para pedir consejos financieros.
Este malestar individual se amplifica cuando se lo observa desde la perspectiva del consumo y los ingresos. El informe Ipsos Talk LATAM 2025 muestra que el 57% de los argentinos declara tener dificultades para llegar a fin de mes, una cifra que supera ampliamente el promedio regional del 43%. La comparación con otros países de América Latina resalta la intensidad del problema local, pues el indicador prácticamente duplica al de México y se ubica muy por encima de Brasil o Colombia.
De esta manera, la crisis económica convive con un optimismo persistente respecto del futuro y ocho de cada diez latinoamericanos creen que 2026 será un año mejor que 2025, y Argentina no queda al margen de esa expectativa. En esa línea, el Índice Global de Confianza del Consumidor registró en noviembre de 2025 un aumento mensual de 6,5 puntos, el mayor salto entre los 30 países relevados. Si bien el nivel absoluto continúa siendo bajo -46,9 puntos, entre los más bajos de la región-, el rebote sugiere que las expectativas comienzan a despegarse, al menos parcialmente, del presente inmediato.
Esta combinación de dificultades actuales y esperanza futura también redefine la relación de los argentinos con las empresas y las marcas. Ipsos detecta un consumidor más exigente, que no solo prioriza el precio, sino también la coherencia, el propósito y la confianza. En concreto, el 90% de las personas percibe que el mundo cambia demasiado rápido, la economía se convierte en un terreno donde se mezclan decisiones racionales con emociones, valores y percepciones de estabilidad.
Una tercera mirada, aportada por la encuesta de D’Alessio IROL y Berensztein, permite ubicar estas sensaciones dentro de la agenda pública. En octubre de 2025, la incertidumbre sobre la situación económica volvió a ocupar el primer lugar entre las principales preocupaciones de los argentinos, con el 61% de las menciones, desplazando nuevamente a la inseguridad. Más allá del tras el triunfo electoral del oficialismo, la economía se mantiene como el eje central de inquietud social, seguida por la falta de propuestas de crecimiento y el impacto de los ajustes implementados por el Gobierno.
Cabe destacar que la evaluación de la situación económica actual tampoco es homogénea. El 62% de los consultados considera que la economía está peor que en 2024, mientras que solo el 35% percibe una mejora. Las expectativas hacia el futuro muestran una sociedad dividida: menos de la mitad espera un escenario más favorable en 2026, y una mayoría anticipa un empeoramiento de las condiciones económicas.
En conjunto, la percepción económica de los argentinos se construye en un delicado equilibrio entre ajuste y esperanza. Comprender esta dinámica resulta clave no solo para interpretar el clima social, sino también para diseñar políticas públicas más efectivas y anticipar el comportamiento del consumo. En una economía donde los números conviven con emociones, la lectura de la realidad exige atender tanto a las estadísticas como a las sensaciones que atraviesan a la sociedad.
BALANCE DE PRÉSTAMOS PERSONALES EN 2025
En este panorama de estrés financiero extendido, dificultades para llegar a fin de mes y una economía vivida con tensión cotidiana, la evolución de los préstamos personales aparece como una pieza clave para comprender cómo los hogares argentinos intentan sostener su nivel de consumo y cubrir necesidades básicas. Lejos de ser una herramienta exclusivamente asociada a proyectos o bienes durables, el crédito personal se consolidó en el año pasado como un recurso de contención frente a ingresos que no lograron acompañar el ritmo de los precios.
Los préstamos personales cerraron el año pasado con un crecimiento real interanual del 44,3%, en un año marcado por una fuerte expansión en su primera mitad y una
desaceleración pronunciada hacia el cierre. De acuerdo a un informe de First Capital Group, el stock de esta línea alcanzó en diciembre un saldo de $19,1 billones, confirmando su peso dentro del sistema financiero. No obstante, la trayectoria a lo largo del año dejó en evidencia un cambio de escenario que dialoga directamente con el deterioro de la situación económica percibida por los hogares.
En diciembre, los préstamos personales registraron una suba nominal mensual del 1,3%, pero en términos reales mostraron una caída del 1,1%. En la comparación interanual, el crecimiento fue del 89% nominal y del 44,3% real, cifras que reflejan con claridad el impulso inicial del primer semestre. Durante esos meses, los créditos personales lideraron la recuperación del crédito en pesos en valores absolutos, impulsados por una demanda sostenida y por una mayor necesidad de liquidez de las familias.
Aún así, a medida que avanzó el año, el escenario comenzó a cambiar. El aumento de la morosidad y una mayor cautela por parte de las entidades financieras marcaron el segundo semestre, en particular el último trimestre. Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, indicó que el deterioro de los indicadores de pago terminó frenando la dinámica de los préstamos personales, un segmento que había liderado la recuperación del crédito en pesos durante la primera mitad de 2025 y que dejó de crecer al ritmo observado en los primeros meses del año.
La desaceleración fue especialmente visible hacia el cierre de 2025. Los dos últimos meses concentraron los registros de menor crecimiento nominal del año, con subas del 1,6% en noviembre y del 1,3% en diciembre. En contraste, enero había mostrado el mayor crecimiento nominal mensual, con una expansión del 12,9%, reflejo del fuerte impulso inicial. Desde entonces, la evolución fue descendente, con una reducción sostenida en la velocidad de colocación.
Este comportamiento no puede analizarse de manera aislada. Tal como muestran los estudios sobre bienestar financiero, una parte significativa de los argentinos recurrió al endeudamiento para cubrir gastos esenciales. Esa presión sobre los ingresos no solo incrementó la demanda de crédito, sino que también elevó el riesgo de incumplimiento, generando un círculo de mayor restricción tanto del lado de la oferta como de la demanda.
En términos trimestrales, los préstamos personales crecieron 5,1% en el último trimestre y 16,7% en el semestre, mientras que el incremento nominal anual acumulado fue del 89%. Pese a esto, el contraste con 2024 es evidente: ese año, la línea había registrado un crecimiento real del 134%, muy por encima del desempeño observado en 2025.
De cara a 2026, el desafío central estará puesto en la gestión de la morosidad. “Recuperar a los clientes en situación irregular para que se reintegren a la cartera activa será el principal reto del inicio de 2026”, agregó Barbero. En definitiva, los préstamos personales cerraron 2025 con un balance mixto, ya que crecieron en términos reales y sostuvieron a muchos hogares, pero también dejaron señales de enfriamiento que reflejan los límites del endeudamiento en una economía aún atravesada por la incertidumbre.