Demian Reidel, presidente de Nucleoeléctrica Argentina S.A., enfrenta una escalada de denuncias internas y judiciales por presuntas irregularidades en procesos de contratación, con foco en una licitación del servicio de limpieza de las centrales nucleares de Atucha que habría implicado un sobreprecio estimado en más del 140% respecto del contrato vigente y de los valores históricos del servicio.
Reidel es un economista y físico con pasado en el Banco Central durante la gestión de Federico Sturzenegger, y se consolidó como uno de los asesores económicos más cercanos al presidente Javier Milei
En la interna libertaria es considerado un funcionario de alto perfil técnico y fuerte impronta ideológica, con influencia directa en áreas estratégicas del Estado, entre ellas el sector energético y nuclear. Es conocido como “Satanás”, pero nadie sabe el porqué de esa calificación en el ámbito libertario.
La denuncia que detonó el conflicto surgió a partir de una licitación para el servicio de limpieza en áreas sensibles de las centrales Atucha I y II, un servicio crítico por tratarse de zonas con riesgo radiológico.
Según información publicada por Perfil, el proceso incluyó cambios en los requisitos de admisibilidad, plazos acotados y criterios técnicos que redujeron drásticamente la competencia. De un total de nueve empresas oferentes, sólo dos superaron el análisis técnico inicial: LX Argentina y La Mantovana Servicios Generales.
Días después, y sin haber sido evaluada técnicamente por el área requirente, Limpiolux apareció incorporada en la etapa económica, un punto que generó fuertes cuestionamientos internos por afectar la trazabilidad y el debido proceso administrativo.
Las tres firmas presentaron ofertas muy superiores a los valores vigentes, pero la de LX Argentina resultó la más baja dentro de ese grupo, lo que la posicionó como eventual adjudicataria. La denuncia interna señala que el precio ofertado por esa empresa superaba en al menos un 140% el costo del contrato en ejecución, lo que hubiera generado un perjuicio económico significativo para la empresa estatal.
El gerente de planta de Atucha I-II, Juan Pablo Nolasco Sáenz, elevó una presentación ante el Comité de Integridad en la que advirtió sobre presiones internas, intentos de reformular informes técnicos ya emitidos y pedidos para “justificar” económicamente ofertas más caras.
Según ese escrito, también hubo intervenciones de áreas sin competencia técnica directa y llamados reiterados con carácter de urgencia. Tras conocerse el contenido de la denuncia, el directorio de Nucleoeléctrica resolvió frenar la licitación y apartar de sus funciones al gerente general Marcelo Famá y al gerente de Coordinación Administrativa Hernán Pantuso, ambos designados por Reidel y considerados hombres de su confianza. La decisión expuso una fuerte interna en la conducción de la empresa.
El caso no es aislado. Antes de que el conflicto tomara estado público, la empresa Distribón SRL ya había recurrido a la Justicia Federal para impugnar otra licitación de limpieza de NASA por presunto direccionamiento, al cuestionar requisitos que consideró arbitrarios y plazos imposibles de cumplir para servicios de alta complejidad técnica.
En ese contexto, las denuncias por sobreprecios y direccionamiento pusieron bajo la lupa el esquema de compras y contrataciones de una empresa estratégica, en momentos en que el Gobierno impulsa la privatización de una parte del capital de Nucleoeléctrica. El silencio público de Reidel frente a los cuestionamientos refuerza el clima de tensión interna y mantiene abierto un conflicto que, lejos de cerrarse, suma nuevos capítulos