(*) .Desde el 25 de enero de 2014, la culminación de la experiencia de vida de Oscar Portela, nos exhorta a una búsqueda elemental.
En el afán investigativo y existencial de encontrar las huellas de nuestras experiencias ocluidas, que dan sentido a un estar frente al mundo, para una comprensión mayor entre lo que hemos sido, somos y deseamos ser, Oscar Portela, es el testimonio acabado de un sujeto arrojado a su Loreto natal, que le puso palabras sentidas, conceptos pensados, construyendo una poética de vibraciones y ritmos que se ganaron un lugar en la comunidad internacional, dotando a la “correntinidad” de un pliegue único y distintivo, mostrando el carácter indómito y valiente que va más allá de los lugares y referencias comunes de contemplar un atardecer anodino, o dejar el tiempo pasar a la sombra del lapacho, o la vera del río.
“Toma mi nombre de muerto, el lugar de mi ausencia y hazme presente vivo entre los muertos, muerto entre vivos. Por el nombre entra la muerte al mundo, viene el hombre a nacerse y decirse palabra por el nombre se toma posesión de las horas, los dolores y el aire. En tu nombre, muerte, hazme eco entre sombras, dame en tu lengua el rostro y hazme nacer en ti” (Portela, O. “Morir en la muerte”. La memoria de Láquesis. Editorial Dunken. Buenos Aires. 1999).
Lo reconocían en el ámbito internacional, buscando detalles del extraño lugar en donde lo vio nacer, Oscar Portela, jamás renunció a su tierra, entendiendo que de ella, sus versos inmortales cincelaban estrofas en los anales de la humanidad.
Leerlo, tal como sucede con los clásicos, es como escuchar, al “arandú” como sus coterráneos que tuvieron el privilegio de compartir momentos de diálogo, lo llamaban, nuevamente razonar, sentir y poetizar, sobre los fenómenos que creíamos únicos, pero que son los de siempre, enseñanza que nos dejan, precisamente los poetas como Oscar.
“Hemos dejado definitivamente la tierra firme y no podemos volver atrás.
Hemos quemado los puertos y no las naves y no podemos anclar en ninguna rada pues no hay tierra segura y es imposible volver a esos puertos inexistentes ya” (Entrevista “Márgen cero”. Por Germán Valenzuela y Leonardo Cerno. “Todo sobre Oscar Portela”.)
Ir en búsqueda de una perspectiva filosófica para nuestro lenguaje, por antonomasia, que tiene su fiesta musical, su foro, su origen, su pasión, calor y color, pero aún le falta que la conceptualicemos para estar dentro del establishment político-cultural del mundo o del universo, es un punto de partido que hemos heredado de hombres como Oscar Portela que pensaron desde estas tierras.
De eso se trata, pues sí estamos de acuerdo con Deleuze y Guattari, cuando afirman que sí de algo se trata la filosofía es de crear conceptos, conceptos siempre nuevos (¿Qué es la filosofía), debería ser precisamente este norte, un horizonte en donde todo el sistema cultural-educativo-gubernamental de la provincia se vuelque, para que la universalidad chamamecera, carnestolenda y correntina en general en cuanto a identidad (que va más allá y es fundante de lo turístico y cultural) tenga un fundamento de fuste, una razón de ser ante el mundo.
Hablamos de dotar a nuestro lenguaje cantado, su arqueología, su subyacencia, su sustento, una perspectiva que esté en consonancia con lo musical y lo folklórico, pero que a su vez, brinde, aporte, ese talismán que nos dé el salto cualitativo que no se conseguirán ni con más artistas en escena, ni con más lunas chamameceras, ni con museos o espacios físicos prestos para la mera aglomeración que culmina siempre en la mercantilización de lo no pensado y por ende de la fuga del sentir. Todo lo opuesto a lo que nos ofrece el leer un poema de Oscar.
(*).Escuela Correntina de Pensamiento.