Corrientes, domingo 18 de enero de 2026

Cultura Corrientes
EL ARTE FOLCLÓRICO, RITO, RAÍZ Y ABRIGO COLECTIVO

Chamamé, hogar sonoro de una identidad viva

17-01-2026
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(Por Facundo Sagardoy)  La primera luna de enero se apoyó sobre Corrientes como un techo conocido cuando el cielo descendió con la paciencia de las cosas antiguas y el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola volvió a ser lo que siempre es cuando el chamamé lo habita: una casa grande, de paredes invisibles, donde el pueblo entra sin pedir permiso.

Aquí de nuevo la tierra sin mal se abre de par en par para que emerja el rito, para que el canto eleve su bendición hasta el infinito, y que los héroes y enamorados regresen con el chamamé como regresan los ríos a su cauce cuando la creciente se retira dejando marcas claras en la orilla.

Aquí trajo esta noche, este canto, la memoria que abriga y libera. El fogón mayor, una vez más, encendió el candil del amparo para ver a sus hijos e hijas sanar sus heridas abiertas.

La 35ª Fiesta Nacional del Chamamé inauguró la primera de sus diez noches bajo el dintel “Chamamé, refugio de nuestra identidad”, un umbral simbólico que se alza como abrigo frente la progresión calculada del olvido, que devuelve a la raíz su savia profunda cada vez que los vientos del desarraigo intentan empujar hacia afuera.

A las veinte horas, con el cielo ya afirmado en su calma, la celebración se puso en marcha con la solemnidad de los ritos perdurables: el tiempo abandonó la rigidez del reloj y adoptó la forma circular de la ronda, mientras el presente se acomodó junto al pasado como dos guitarras hermanas, recostadas una al lado de la otra, tensando sus cuerdas en una misma y antigua tonalidad.

RITO DE PASO Y FE COMPARTIDA

La Virgen María de Itatí avanzó por el anfiteatro como avanza una certeza antigua: firme y serena. La llevaba Juan José Torres, sobrino de Alfredo Ellero, aquel gaucho promesero que abría la fiesta a caballo cuando la tierra todavía marcaba el pulso del ritual.

La escolta trazó un paisaje completo. La Pareja Nacional del Chamamé 2025, Erika y Marcelo Aguirre; la Bandera Nacional en manos de excombatientes de Malvinas; y la Agrupación Güepa Che caminaron juntos como caminan los símbolos cuando saben que pertenecen al mismo relato.

Cada paso escribió un pacto invisible sobre la tierra. Fe, historia y comunidad avanzaron entrelazadas como corrientes que confluyen en un mismo remanso, sosteniendo una llama antigua que arde sin ruido. Y el chamamé, desde su núcleo más hondo, veló la marcha con la quietud del hogar encendido que recibe a los pasos conocidos con calor y memoria.

La música acompañó ese andar con la precisión de un pulso compartido. Una composición del padre Julián Zini y el chamamé “Peregrino de la esperanza”, en la voz de Los de Imaguaré, tejieron un manto sonoro donde cada nota fue hilo y cada silencio, costura.

LA COMUNIDAD EN VOZ ALTA

Las voces se mezclaron con el murmullo del público, con la madera del anfiteatro, con el aire tibio de enero. Todo sonó junto, como suena una casa cuando está llena. Nadie miró desde lejos: todos estuvieron adentro del canto.

La escucha precedió al aplauso, como precede la respiración al habla. En ese gesto contenido, la gente reconoció su propio idioma. El chamamé habló y el pueblo respondió sin palabras.

La bendición del padre Antonio Rossi cayó como agua mansa sobre tierra conocida. No fue cierre ni pausa: fue continuidad, como el mate que vuelve a cebarse en la misma ronda.

El intercambio de bandas selló el pasaje. La Pareja Nacional Juvenil del Chamamé, Ema Biotti Meza y Bautista Monzón, y la nueva Pareja Nacional del Chamamé 2026, Belén Gamarra y Víctor Canteros, recibieron la distinción como se recibe una llave: sabiendo qué puertas abre y qué responsabilidades guarda.

MEMORIA QUE ABRIGA, HISTORIA QUE SOSTIENE

El homenaje a los excombatientes de Malvinas colocó a la memoria en el centro del fogón. La Bandera Nacional, presente en el escenario, fue como una manta extendida sobre heridas antiguas. El chamamé volvió a demostrar que también sabe cobijar el dolor.

Nacido en la frontera, el chamamé aprendió a juntar lo que estaba separado. Por eso abraza la historia sin temor. La canta para que no se enfríe. La mantiene viva como se mantiene viva una brasa bajo la ceniza.

El reconocimiento a Antonio Tarragó Ros por la donación de creaciones musicales educativas de su autoría habló de herencia en movimiento. Su obra fue presentada como semilla repartida, como leña que se comparte para que el fuego siga encendido en otras casas.

El chamamé miró hacia atrás para afirmar el paso hacia adelante. Porque en este arte, el pasado no es peso: es respaldo.

EL ESCENARIO COMO REFUGIO COLECTIVO

La grilla artística se desplegó como una geografía viva del litoral, comparable a una llanura de agua y monte donde cada cauce reconoce su trazo y todos convergen en una misma hondura.

Buena Fe, Richard Scofano y Los Vecinos, Los Nocheros, Blas Martínez Riera, Chamamé Kuñá, Daniel Giménez Trío, Andrea Nazarena Escobar, San José Héroes de Malvinas, Ignacio Porra, Juliana Zalazar y su grupo, Resplandor, Los Ángeles Románticos, Mario Prieto Linares, Mirian Asuad, entre otros, ocuparon el escenario con el gesto íntimo de quien recoge entre los dedos la tierra húmeda del lugar propio cuando aún onserva el pulso de la lluvia.

Cada actuación fue una pared de barro y de madera para el refugio común, como las casas del litoral que se sostienen con lo que el entorno ofrece allá por Costanera Sur, o donde el monte entra bien dentro hasta tocar los labios del estero. Las voces y los instrumentos se sucedieron con el orden del monte y del río, marcando turnos como las suaves mareas que arroja el paso del canoero, un remanso santo donde lo consagrado y lo emergente convivieron como estratos de las barranca de Empedrado, alimentándose mutuamente de historia y de belleza bajo el mismo sol.

Así, el escenario se convirtió en abrigo de orilla, en galpón de sombra donde el calor encuentra alivio y la intemperie se vuelve encuentro. Cada voz halló su reparo como ave en el lapacho, cada acorde su sitio como remanso del Paraná, y la música afirmó, una vez más, que en Corrientes el arte sigue siendo refugio vivo para la esencia profunda del ser folklórico.

EL CHAMAMÉ SALE AL ENCUENTRO

La fiesta extendió sus brazos más allá del anfiteatro. Fue al aeropuerto y a la terminal de ómnibus a recibir a quienes llegaban, como quien abre la puerta cuando escucha pasos conocidos.

Llegó al Hospital de Salud Mental San Francisco de Asís con el “Chamamé con Todos”, junto a Tono Benítez y Los Criollos de Corrientes. Allí la música fue techo emocional, refugio sonoro, compañía concreta.

La bailanta de la Pista San Jorge, sobre la Ruta Nacional 12, se prolongó hasta el amanecer como se prolongan las charlas alrededor del fuego. El chamamé sostuvo el cuerpo cuando la noche se estiró.

Así, entre rezos cantados, banderas que abrigan y cuerpos que se mueven, el chamamé volvió a decir quiénes somos. Lo dijo como se dicen las verdades que importan: sin alzar la voz, allí muy junto al calor del corazón. Y la noche cerró sobre Corrientes como una casa al final del día bueno, con el fogón encendido, a la espera de quien vuelva a buscar refugio en la música que guarda la esencia del ser folclórico de esta parte del mundo. 


En la orilla del aliento
donde el río aprende a hablar,
crece un canto antiguo y cierto
que a la tierra vuelve a amar.

Chamamé de savia lenta,
voz del barro y del laurel,
anda el tiempo en rueda abierta
cuando empieza a florecer.

Desde el monte en vigilia
hasta el llano vegetal,
cada acorde hace familia
con la memoria ancestral.

El escenario es la orilla
donde el pueblo vuelve a entrar,
casa grande, luz sencilla,
pan de música esencial.

La madera guarda huellas,
el aire afina su voz,
y la luna enciende estrellas
sobre el pulso del cantor.

El río dice su rezo
con idioma natural,
y el chamamé va en su gesto
como fe que sabe andar.

En el nombre más antiguo
late un pueblo en su decir,
lengua viva, claro signo
que en el canto vuelve a abrir.

Tierra, agua, viento y fuego
hacen ronda al corazón,
y el chamamé, canto entero,
dice quiénes somos hoy.