En noviembre, la producción de carne bovina fue de 245 mil toneladas, acumulando cuatro meses de caída interanual; la carne porcina alcanzó 65,3 mil toneladas y la aviar 187 mil; las ventas de carnes y lácteos en supermercados crecieron interanualmente; y las exportaciones agroindustriales aumentaron un 20%, totalizando USD 763 millones.
De acuerdo al informe para el mes de CONINAGRO, la carne bovina se posicionó como uno de los indicadores más sensibles del desempeño agropecuario durante noviembre, en un mes marcado por una desaceleración general de la actividad económica. La producción de carne vacuna alcanzó las 245 mil toneladas, constituyéndose en el registro más bajo desde mayo de 2025 y consolidando una racha de cuatro meses consecutivos de contracción interanual.
Este comportamiento se inscribe en un escenario macroeconómico más restrictivo, atravesado por el fuerte incremento de las tasas de interés observado en el período y por una retracción del consumo doméstico, factores que impactaron de manera directa sobre la dinámica del sector cárnico.
El retroceso en la producción de carne bovina se dio en paralelo a un deterioro más amplio de la actividad económica, que en noviembre mostró un desempeño inferior al de los dos meses previos.
La comparación interanual resulta particularmente exigente, dado que se realiza contra noviembre de 2024, cuando ya se evidenciaban señales claras de recuperación económica. En este marco, de las 19 variables relevadas en el informe, nueve registraron variaciones negativas, configurando el mayor nivel de incidencia negativa observado en lo que va de 2025.
La carne vacuna integró el grupo de actividades que mantuvieron una tendencia contractiva respecto del informe anterior, junto con la producción de soja, la yerba mate, la molienda de trigo y las ventas de frutas y verduras. A estas se sumaron otros rubros con desempeños adversos, como el despacho de vino, la producción de biodiesel y las exportaciones agroindustriales, estas últimas afectadas por el adelanto de operaciones generado tras la eliminación temporal de derechos de exportación.
Pese a este panorama, el informe también señala la coexistencia de sectores con resultados positivos, lo que permite contextualizar la caída de la carne bovina dentro de un escenario heterogéneo.
Once actividades acumularon al menos dos meses consecutivos de crecimiento interanual, entre ellas la producción de maíz, trigo, leche, carne aviar y carne porcina, además de las ventas de carnes y lácteos en supermercados, lo que evidencia que la contracción en la carne vacuna no responde a una dinámica homogénea en todo el complejo agroalimentario.
DESEMPEÑO DE LA CARNE BOVINA Y OTRAS CADENAS CÁRNICAS
La producción de carne bovina mostró en noviembre un punto de inflexión negativo, con volúmenes que reflejan tanto restricciones productivas como un contexto de menor dinamismo en la demanda. El nivel de 245 mil toneladas producido durante el mes no solo marcó un mínimo en más de medio año, sino que confirmó una tendencia sostenida de retracción interanual que ya se extiende por cuatro meses, en un contexto donde los costos financieros y la cautela en el consumo interno condicionan las decisiones de producción y comercialización.
En contraste, otras cadenas cárnicas exhibieron comportamientos diferenciados. La producción de carne porcina alcanzó en noviembre las 65,3 mil toneladas, con una caída mensual de 6,9 mil toneladas, aunque con un crecimiento interanual de 3,9 mil toneladas respecto del mismo mes de 2024. El peso medio de faena se mantuvo estable en 96 kilogramos, lo que sugiere cierta regularidad productiva pese a la volatilidad del mercado.
La carne aviar, por su parte, registró una fuerte caída mensual del 15%, situándose en 187 mil toneladas y alcanzando el nivel más bajo de los últimos cinco meses. No obstante, en términos interanuales, la producción se mantuvo estable, lo que refleja un comportamiento más defensivo frente a la contracción general de la actividad económica, en comparación con la trayectoria descendente observada en la carne bovina.
Estas diferencias entre las distintas carnes permiten dimensionar el carácter específico del ajuste que atraviesa la producción vacuna. Mientras algunos segmentos logran sostener volúmenes o incluso crecer interanualmente, la carne bovina enfrenta una combinación de factores adversos que se expresan con mayor intensidad, tanto en términos productivos como en su vinculación con el consumo interno y la evolución general de la economía.
MERCADO INTERNO, COMERCIO Y VINCULACIONES SECTORIALES
En el plano comercial, el informe destaca que las ventas de carnes y lácteos en supermercados mantuvieron una evolución sólida, acumulando diez meses consecutivos de crecimiento interanual y ubicándose en noviembre por encima del promedio del último año. Este dato adquiere relevancia al analizar la dinámica de la carne bovina, ya que sugiere que la contracción productiva no se traduce de manera lineal en una caída del consumo registrado en los grandes canales comerciales relevados por el INDEC.
Sin embargo, es importante subrayar que la encuesta de supermercados no incluye la operatoria de comercios minoristas, almacenes ni minimercados, por lo que eventuales cambios en los patrones de consumo podrían no reflejarse plenamente en la serie. Esta aclaración resulta clave para interpretar la aparente disociación entre la caída en la producción de carne bovina y la evolución positiva del consumo de carnes en el canal formal relevado.
En el comercio exterior, las exportaciones agroindustriales mostraron en noviembre una suba interanual del 20%, equivalente a USD 763 millones. Dentro de este rubro se destacaron las exportaciones de animales vivos y productos del reino animal, que avanzaron un 17% en términos reales, aunque el desempeño general estuvo influido por factores coyunturales, como el adelantamiento de exportaciones tras la eliminación temporal de derechos, lo que introduce distorsiones en la lectura de corto plazo.