Corrientes, lunes 02 de marzo de 2026

Opinión Corrientes

El progreso moral

13-01-2026
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(Por Alejandro Bovino*) Cuando hace seis años falleció mi querida amiga Aída Aisenson Kogan sentí la pesadumbre de haber perdido una guía moral mucho más efectiva que los cuatro evangelios. Aída preconizaba sin cansancio la idea del progreso moral de la humanidad.

Progreso moral, ¿qué es eso?

Aída confiaba en el mejoramiento paulatino de la conducta humana. Desde el paleolítico a nuestros días —es verdad— muchas cosas mejoraron en nuestra convivencia obligada. El ser humano es, según lo dijo Aristóteles hace dos mil quinientos años, un animal social. Esto significa que no podemos sobrevivir aislados. Somos gregarios por naturaleza, todo lo bueno que hicimos (y lo malo) lo hemos hecho en comunidad. Pensemos solamente que en la antigüedad persistía la esclavitud, que significa tener a otros seres humanos como mascotas, con absoluta normalidad. Poco a poco la esclavitud fue convirtiéndose en ignominia. En EEUU se libró una cruenta guerra civil por esa causa en el siglo XIX. El fanatismo religioso en Occidente “pasó de moda” ya nadie mataría por defender a Yaveh o Buda, salvo algún que otro desequilibrado mental.

Y hablando de guerras, si comparamos con cien o doscientos años atrás veremos que vivimos desde el fin de la Segunda Guerra en relativa calma pacífica, salvo casos aislados. Las guerras, por lo demás, ya se ven como un impedimento y tienden a ser más breves. Los DDHH que prácticamente no existían en la conciencia humana hasta hace unos cincuenta años, hoy hasta se enseñan en las escuelas desde temprana edad. Los DDHH señalan una orientación básica que nos debemos unos a otros en mérito a la convivencia. La violencia contra la mujer hoy está tipificada como un delito, hay maridos presos por haber transgredido esta normativa, los atropellos, la fuerza bruta, los prejuicios, la discriminación, todo eso se repudia cuando se detecta, cosa que hace cien años era parte de la “vida privada” y el Estado hacía la vista gorda cuando se los denunciaba, o se los minimizaba como “vicios sociales” menores. En el consultorio veo a diario personas de 40 años sufriendo ataques de pánico sin causa alguna aparente. Infaliblemente cuando se indaga, detectamos violencia doméstica en la niñez, y que los vecinos no se metían porque era “asunto privado” a pesar de saber que la vida de esa mujer y esos menores corría serio peligro en manos de un borracho violento.

En general todos estos aspectos de la vida humana fueron mejorando y ya los consideramos naturalizados en la sociedad, pero todos, así como los derechos laborales, fueron resultado de arduas luchas para conseguirlos. Nada se dio gratuitamente a la humanidad. De las monarquías asfixiantes tuvimos que librarnos por medio de revoluciones y constituciones. De la imposición religiosa nos libraron enviando a las religiones al ámbito exclusivo de la conciencia individual de cada cual, y nada de andar imponiendo creencias ni dogmas a los demás.

El individuo del siglo XXI se ha librado de casi todas las coacciones, y el motor ejecutivo de este avance reside en la razón como uno de sus fundamentos, reforzada por la emotividad que la mueve desde abajo. Está mal discriminar porque la razón nos dice que todos los sujetos somos potencialmente iguales en condiciones para desempeñarnos, pero en el fondo la empatía, que es “ponerse en el lugar del otro”, es la fuerza que sostiene ese razonamiento. No nos gustaría ser discriminados y entonces, evitamos hacerlo.

En este segundo decenio del siglo XXI hay rebrotes de autoritarismos destratos por parte de los gobiernos, alentados por las bravuconadas de gángster de película de Hollywood clase “C” que exhibe el presidente de EEUU. Pero solamente pensemos que todos estos personajes de opereta pasarán más rápidamente que los avances en la convivencia que supimos conseguir.

Gloria a la memoria de Aída Aisesnon, y toda gente de buena voluntad que alienta el progreso moral y no la vuelta a las cavernas donde los conflictos de dirimían a palazos.

Quien desee un pequeño paseo por el pensamiento, los invito a leer un pequeño y valioso libro de Aída Aisenson Kogan en este link: https://aidaaisenson.blogspot.com/