Corrientes, miercoles 07 de enero de 2026

Sociedad Corrientes

La doctrina Trump

04-01-2026
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(Por Jose Miguel Bonet).La misión principal de la dirección de Planificación Política fue diseñar un orden internacional que permitiera mantener la posición de ventaja que los EE.UU. habían logrado en la II Guerra Mundial. El mundo creado por Kennan y reescrito por Nitze tras la derrota del III Reich, buscaba este objetivo. El que diseñó desde el mismo cargo el neoconservador Paul Wolfowitz tras la derrota de la URSS y el 11-S, también. En una situación unipolar en que ninguna otra potencia resultaba creíble como enemigo estratégico, había que buscar nuevos medios para el mismo fin y la guerra contra el terror sustituyó la guerra fría.

En un momento como el actual en que se vuelve a dar por muerto un mundo viejo, le corresponde a Michael Anton, el flamante director de Planificación Política, hacer del autor del Principe.

Anton, que ya fue el asesor presidencial en el Consejo de Seguridad Nacional durante el anterior mandato de Trump, es un político sui generis al que le gusta repetir que lleva más de treinta años leyendo y releyendo Maquiavelo. Sus lecturas y relecturas siguen los pasos de las de Leo Strauss, que recetó el pensador florentino como autor de referencia para el aprendizaje del papel de la propaganda en la realización de cambios de época.

Anton es un Maquiavelo contemporáneo como el gran teórico del populismo estratégico y, en un artículo en Foreign Policy de 2019, describió la “doctrina Trump” sobre política exterior como si fuera una ilustración de esta teoría. Según él, la “doctrina Trump” quiere sustituir las reglas de juego del orden internacional liberal y la globalización, que ya no sirven a los intereses de los EE.UU., que las había impuesto en el pasado, por otros que vuelvan a estar a su servicio. Y considera que la mejor estrategia para conseguirlo es promover internacionalmente el principio del “nacionalismo para todos” explotando la oposición conceptual entre naciones homogéneas y élites liberales globalizadoras.

El principal bastión que defender de apetitos extraños es el Hemisferio Occidental. El documento resucita y actualiza la doctrina Monroe –rebautizada por los analistas como Donroe –, según la cual el continente americano debe ser la esfera de influencia propia de EE.UU. y quedar a salvo de injerencias exteriores. Cuando James Monroe estableció su doctrina, en 1823, los adversarios eran los europeos. Ahora es China, que ha multiplicado en los último años sus intercambios comerciales e inversiones en América del Sur.

EE.UU. ya ha empezado a aplicar esta política con mano de hierro, como han demostrado su agresiva extorsión comercial a Canadá y México, la coacción para excluir a China de la gestión del canal de Panamá, la expulsión masiva de inmigrantes a varios países centroamericanos, la intervención económico-política para sostener a Javier Milei en Argentina, la injerencia en las elecciones de Honduras, o la presión sobre México, Colombia y el derrocamiento de Maduro en Venezuela para combatir las redes del narcotráfico y hacerse con el manejo del petróleo.

Mientras Trump sigue interpretando, de acuerdo con el consejo de Maquiavelo, el papel de príncipe nuevo que prefiere ser temido a amado.

-desde Mburucuyá