Después de más de una década, la cumbre sobre cambio climático de Naciones Unidas vuelve a Sudamérica. La última se celebró en 2014, en Lima (Perú). Por un principio de igualdad, la cumbre se celebre cada año en un continente diferente, y aunque la siguiente debía llevarse a cabo en Chile, en 2019, el estallido social provocó que se trasladara a Madrid (España).
Chile se ofreció a albergar el evento tras la retirada de Brasil a acogerlo ese año. Tras las elecciones celebradas en Brasil que llevaron al poder de Jair Bolsonaro, este canceló la celebración del evento, que había liderado el presidente brasileño Lula da Silva, quien recuperó esta iniciativa desde el inicio de su nuevo mandato, en 2023. DW habló con expertos en el tema.
"Celebrar la COP30 en un país como Brasil, que alberga el 60 % de una de las selvas tropicales más grandes del mundo, es fundamental para concienciar sobre la importancia de esta región en la mitigación del cambio climático a nivel mundial", dijo Ane Alencar, directora de Investigación del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM, por sus siglas en portugués).
"Es una oportunidad única de que todas las miradas del mundo, que todas las discusiones que se están dando sobre cambio climático estén enfocadas en este momento en la Amazonía", coincide Marielos Peña Claros, copresidenta del Panel Científico por la Amazonía (SPA, por sus siglas en portugués).
Por este motivo, "desde el punto de vista gubernamental e institucional, Brasil y otras naciones del sur global aprovecharán este evento para reafirmar la necesidad de financiar a los países con bosques tropicales y garantizar dicha financiación a través de mecanismos como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF)", agrega por su parte Isabel Mesquita, Coordinadora Regional de América Latina y El Caribe de Global Landscapes Forum.
Para Paula Caballero, directora ejecutiva de América Latina de The Nature Conservancy (TNC), se trata de "un momento histórico para la acción climática y la protección de la biodiversidad”. En este sentido, la cumbre ofrece un escenario para "posicionar soluciones que están basadas y que nacen en los territorios, incorporando la naturaleza y a las comunidades", complementa Paz González, coordinadora programática de Clima de la Fundación Avina.