Más de 130 muertos dejó un operativo policial de magnitudes nunca antes vistas en Río de Janeiro. Expertos cuestionan los métodos y la eficacia de la acción y piden investigar lo sucedido.
Horas de tiroteos en los complejos de Penha y Alemão, bolsones de pobreza en Río de Janeiro compuestos por numerosas favelas, dejaron al menos 132 personas muertas, en uno de los despliegues policiales contra el grupo criminal Comando Vermelho más sangrientos de la historia reciente de Brasil.
El objetivo de la llamada "Operación contención" era detener a 100 presuntos criminales contra los que pesaban órdenes de captura. El enfrentamiento del martes 28 de octubre fue brutal, los barrios cerraron y la ciudad entera se vio afectada por la acción, que supuso el movimiento de 2500 agentes y decenas de vehículos blindados, además de helicópteros y drones.
"Tuvo un impacto en el conjunto de la ciudad, se cerraron los trabajos, las escuelas y las universidades", cuenta a DW Ignacio Cano, sociólogo e Investigador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
La mañana del miércoles, 29 de octubre de 2025, vecinos de las favelas reunieron en una calle decenas de cadáveres que recuperaron de una zona boscosa. La escena, de una brutalidad innegable, pone en evidencia la magnitud del operativo y desata dudas sobre los protocolos utilizados y la organización del trabajo policial, además de exponer cómo los derechos humanos son pasados por alto en este tipo de situaciones.
Las repercusiones políticas no se hicieron esperar. El ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, dijo en Brasilia que se revisará si lo sucedido "es compatible con el Estado democrático de derecho", y señaló que el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva , quedó "aterrado" ante la noticia, y "sorprendido" por no haber sido notificado de la operación.
Invadir y repetir
"Una operación policial exitosa es la que termina con la detención de los sospechosos, su enjuiciamiento y su condena, y eso no es lo que ha pasado aquí. Esto es un baño de sangre, una enorme tragedia", indica a DW César Muñoz, director para Brasil de Human Rights Watch (HRW). "El problema es cómo se diseñó la operación, las decisiones que se tomaron, las precauciones que se tomaron, eso tiene que ser investigado", apunta.
Cano, por su parte, sostiene que lo ocurrido el martes es un "déjà vu de las operaciones que habitualmente se hacen en Río, que consisten en invadir territorios ocupados por grupos criminales, matar personas, requisar armas y drogas, salir y volver en unos cuantos meses a repetir la operación". Sin embargo, añade, esta vez todo se realizó "a una escala nunca vista anteriormente, por el altísimo número de víctimas".