Sergei Ryabkov, viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, habló del estado de situación del vínculo argentino-ruso. Cuál es el producto clave que demandan los rusos de Argentina y qué opina Moscú sobre la búsqueda de Javer Milei de asistencia financiera por parte de EEUU.
Enviada especial a Moscú.- Sergei Ryabkov, viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, ocupa el cargo oficial hace 17 años. Reconoce que se trata de un período demasiado extenso y, sabiendo que comparte una conversación con periodistas de Latinoamérica, aclara: “Aquí las cosas funcionan de manera diferente”.
“No es raro que algunas personas, si sus superiores así lo piden, permanezcan muchos años en la misma función”, explica el funcionario ruso durante un encuentro en Moscú con periodistas seleccionados por el programa InteRussia Fellowship Programme, que organiza la Fundación Gorchakov y al que Ámbito fue convocado.
En ese sentido, Ryabkov recuerda que ocupó numerosos puestos relacionados a la construcción de vínculos diplomáticos con Europa, pero actualmente se dedica al manejo de relaciones bilaterales con EEUU, América Latina y el Caribe.
Tras su paso por la región, asegura que los latinoamericanos son “abiertos al mundo y alegres”, al tiempo que “comparten una calidez única”.
Aunque destaque lo acogedor de la idiosincrasia latinoamericana, el viceministro, integrante de la gestión de Vladimir Putin, reconoce que la relación bilateral con Argentina supo estar en un mejor momento. Bajo los límites que presenta la actual relación bilateral y el alineamiento explícito de Milei a los intereses estadounidenses en la región, Ryabkov entiende que “falta voluntad política por parte de Buenos Aires” en la construcción de puentes, aunque espera que eso cambie.
“Queremos desarrollar una relación con visión de futuro y de carácter progresivo con Milei”, propone el funcionario, mientras que apuesta a que “el pueblo argentino sepa cómo avanzar y elegir quién estará al frente”, así como sus prioridades en “materia de negocios y desarrollo de diálogo con resto del mundo”.
Asimismo, el viceministro de Relaciones Exteriores recuerda con simpatía la gestión del expresidente Alberto Fernández, puesto que Rusia estaba en una “fase avanzada de diálogo” para la exploración de diversos proyectos bilaterales relevantes: desde la provisión de trenes eléctricos suburbanos, pasando por tecnologías petroleras y de refinación, hasta una cooperación en el ámbito nuclear.
“Es cierto que, en años anteriores, nuestras relaciones bilaterales estaban en un mejor estado. Deseamos que esos tiempos vuelvan”, propone el funcionario y agrega: “Con Argentina hoy el comercio es más limitado”.
Sin embargo, asegura que hay un producto en particular que nutre al comercio bilateral: el vino malbec argentino. “Somos adictos a él. Es indispensable en cualquier fiesta rusa”, admite Ryabkov, con cierto fervor. Frutas, carnes, pescados y quesos también forma parte de la dieta argentina que se exporta a Rusia.
Al mismo tiempo, también resalta que el país proveyó a la Argentina más de 20 millones de dosis de la vacuna Sputnik V contra el COVID-19.
De todos modos, lo cierto es que la búsqueda de cifras concretas que sustenten el comercio entre ambos países se vuelve cuesta arriba. Es que la información provista por ambas partes en este sentido es limitada.
Según explica Salvador Scarpino, licenciado en Relaciones Internacionales, la relación comercial “es bastante marginal”, especialmente después de la operación militar rusa en Ucrania.
“A partir de ahí se dejaron de tener datos oficiales”, advierte Scarpino. Previo al conflicto bélico, el comercio era menor a los u$s1.000 millones. “Es un monto muy bajo para dos socios estratégicos. En 2021 exportamos alrededor de u$s400 millones y en 2020 lo mismo”, recuerda el especialista.
Con las sanciones y los bloqueos económicos, comerciales y financieros a Rusia, las empresas argentinas tuvieron dificultades para profundizar un vínculo comercial con Rusia. A su vez, la tercerización del comercio para aquellos países que decidieron mantener puentes dificulta la obtención de datos concretos, comenta el académico.
Fuente: Ámbito.