(Por José Miguel Bonet*) Al cumplirse 150 años de la muerte de Cabral, el 3 de febrero de 1963 se levantó un monolito en el lugar de la casa natal de Juan Bautista Cabral, con asistencia del general Carlos Augusto Caro, jefe de la Séptima División de Infantería con asiento en Corrientes. Además, participaron los granaderos sargento 1º Oscar Burgos y los soldados Ramón Salas y Juan Carlos Zety, quienes cabalgaron 1000 km para tal magno acontecimiento desde Buenos Aires.
Me acuerdo que acompañé a mi abuela Lucha, en una estanciera verde propiedad de Simón Nicolás, donde viajamos en compañía de Ortiz Pereyra al lugar. Esta iniciativa se debió a don Armando Gómez, maestro de la Escuela Nacional Nº 20 –hoy Nº 420–, para desagraviar la figura del sargento Juan Bautista Cabral, cuya existencia puso en duda una radio de la Capital Federal, aunque luego fue avalada por la Comisión de Museos y Monumentos Históricos.
Siempre don Armando Gómez tuvo esa idea en la cabeza, pero no prosperó anteriormente por falta de presupuesto municipal y por los litigios de la propiedad donde se encontraba la casa natal de Cabral. Pero gracias a la generosidad de don Eliseo Borsato, propietario de la tierra, y la ejecución del entonces intendente Angelito Pisarello, se pudo llevar a cabo.
Pero acá viene lo más doloroso. Una vez inaugurado el monolito, mi abuela Lucha (María Luisa Romand de Frechou) se dirigió por nota al entonces presidente de facto del país, el general Juan Carlos Onganía, con fecha 13 de abril de 1968, solicitando que se declare lugar histórico al sitio y que en el mismo se levante un templete. Recibió solo como respuesta el acuse de recibo firmado por el subsecretario administrativo Dr. Barboni.
El día 7 de octubre de 1968, desde la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, informaron al señor intendente municipal Ángel Nicolás Pisarello (Angelito) que era exigencia contar con pruebas fehacientes y documentadas que permitieran fundamentar un decreto del Poder Ejecutivo.
Finalmente, el 14 de junio de 1970, el subsecretario de Cultura de la Nación respondió a mi abuela por Expte. 12795/70, que se daba por terminada la gestión habida cuenta de la falta de pruebas. ¡Qué tamaña ignorancia y arrogancia! ¿Les costaba tanto a estos virtuosos funcionarios pedir a otro organismo del Estado, como el Archivo General de la Nación, la trayectoria de los granaderos?
Desde la lista de los embarcados en Corrientes el 3 de noviembre de 1813, una internación que sufrió Cabral en el Hospital de Hombres de la Residencia de los Betlemitas, autorizada por el sargento mayor José María de Zapiola y aprobada por San Martín; el parte de la victoria del 16 de febrero en que San Martín exalta el heroísmo de Cabral en el combate, refiere sus últimas palabras y aconseja asistir a su familia; y la nómina de los caídos suscripta por San Martín el 27 de febrero de 1813.
En esa misma figura el nombre de los padres de Cabral y el lugar de nacimiento, publicado en la Gaceta con fecha 10 de marzo, existente en el Archivo General de la Nación. Además, en ese archivo consta el decreto 8844 del 10 de noviembre de 1915, donde se autorizó la compra del terreno en el lugar del nacimiento de Cabral y la erección de un monumento.
Sería importante que las fuerzas vivas del pueblo y sus dirigentes exijan a los actuales diputados y senadores correntinos que se lo valore a Cabral como un soldado valiente y de principios, que entregó su vida para salvar al Libertador de América, y que el solar que lo vio nacer tenga su templete y sea un lugar de veneración.
Abuela me repetía lo que Jesús Salvador Cabral dijo en la inauguración del actual monumento de Cabral en la plaza que lleva su nombre:
"El uno, linajudo, nacido en Yapeyú,
y el otro, no se sabe si tuvo de abolengo:
el lucero del alba o el nido del ñandú."
Y que con las certezas de la documentación existente en el Archivo Histórico de la Nación, se termine de una vez por todas con esta falacia.
En estos días se pretende traer unos huesos innominados desde el museo del convento al Museo Histórico de Saladas, que no es un lugar sagrado para reposar. Esto forma parte de la vieja historia de necrofilia de los argentinos. La exhumación, vieja práctica argentina: quienes morían en olor de santidad traspasaban la fama de sus poderes milagrosos a sus vísceras, falanges, miembros y demás partes de su cuerpo, y por eso eran descuartizados y repartidos en santuarios e iglesias: un corazón dentro de una coraza de oro recamada de pedrería, un brazo o una pierna dentro de una armadura de plata, un dedo en un dedal de orfebrería.
Le pasaba hasta al más humilde de los siervos de Dios, como San Juan de la Cruz, o a la más docta, como Santa Teresa. Pero ocurre también con las santas laicas embalsamadas, como Eva Perón; o con los presidentes todopoderosos cuando pretenden la eternidad más allá de su muerte; o con los emperadores, cuando sus cuerpos, o sus vísceras, resultan útiles, aunque sea siglos después, en términos electorales.
El mejor homenaje a Cabral es imitarlo: dio su vida por la libertad. Y que su cuerpo siga descansando en el Campo Santo de la Gloria, en San Lorenzo.
*Nieto de doña María Luisa Romand de Frechou, doña Lucha.