Corrientes, miercoles 08 de abril de 2026

Sociedad Corrientes

Cuidado con la desinformación

23-03-2025
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( Jose Miguel Bonet*). La desinformación es tan antigua como la información. La utilizó César Augusto como arma política en la antigua Roma. Se usó en la persecución de judíos con los libelos de sangre. Las innovaciones tecnológicas siempre han propiciado su expansión. Sucedió con el uso de la radio por el nazismo. Ahora se repite con la digitalización.

Se trata de un fenómeno complejo, en mutación constante, que nos cuesta caracterizar. Solemos destacar sus efectos domésticos a pesar de ser un fenómeno global. Su impacto en la política monopoliza el debate, aunque contamina todos los ámbitos de la sociedad. Las diferentes formas de negacionismo y el populismo punitivo son dos ejemplos.

En los diagnósticos abusamos de los análisis moralistas e ignoramos los factores materiales. Entre ellos los impactos que la digitalización está produciendo en la doble crisis, de función social y económica, de los medios de comunicación.

En su caracterización obviamos el carácter de negocio que tiene la desinformación, pese a que se ha convertido en un mercado muy goloso. Para los ofertantes, también para los que la consumen con fines políticos o para afianzar sus certezas en tiempos de desconciertos e inseguridades.

En la identificación de responsabilidades cargamos las tintas en las redes sociales. Es cierto que contribuyen a la desinformación y agravan su impacto, por su capacidad de expansión y la falta de control social, pero no son la única causa.

Tampoco es un problema exclusivo de los llamados pseudomedios. Conviene recordar que en la desinformación participan activamente medios solventes, que han sido protagonistas en la creación y difusión de grandes bulos.

Además, se hace difícil establecer la frontera entre medios y pseudomedios. Una distinción que más bien obedece a la legítima necesidad de la profesión periodística de desmarcarse del lodazal, para protegerse y reivindicarse

La desinformación actúa como tormenta perfecta cuando se traba una joint-venture entre redes sociales, tabloides digitales y medios solventes. Sin obviar el negocio de algunos youtubers e influencers.

Si de verdad queremos combatirla deberemos interferir en el negocio que hay detrás de esta patología social. Comenzando por las plataformas digitales que han hecho de la desinformación una inmensa fuente de negocio. Sus ingresos publicitarios dependen del trafico que generan y hace tiempo que sabemos que los bulos y la pocilga tienen mucho atractivo.

De manera tan predecible como el perro de Pavlov, las mismas redes que iban a emancipar al Homo sapiens del siglo XXI han generado los peores virus a los que se puede enfrentar una sociedad abierta. Una colección asombrosa de listillos, ignorantes y —peor aún— hordas anónimas con intereses inconfesados recibieron las redes como una oportunidad formidable para propagar sus ideas pequeñas y sus grandes falsedades. Con impresionante lentitud, , se han empezado a dar cuenta de la gravedad del problema que leva 30 años paseándose por delante de sus narices. Pero en fin, nunca es tarde para escapar de un agujero.

La advertencia lanzada por la Unesco el sobre que los programas de inteligencia artificial (IA), que, según datos del mismo organismo de Naciones Unidas, son utilizados por un 80% de los jóvenes tanto en el ámbito educativo como de ocio, están propagando e incluso inventando hechos históricos falsos relativos al Holocausto es un impactante recordatorio de las consecuencias que la falta de un marco regulatorio claro sobre esta tecnología puede tener en la sociedad en el ámbito global. La investigación de la Unesco explica cómo las herramientas analizadas cometen todo tipo de errores, desde la invención del término “Holocausto por ahogamiento” —que las víctimas judías morían por ser arrojadas a lagos y ríos y no en fusilamientos masivos o cámaras de gas como pasó— a la exculpación de altos jerarcas nazis como Joseph Goebbels, ministro de Propaganda: algunos modelos de inteligencia artificial aseguran al usuario que Goebbels intentó evitar la violencia contra los judíos y no participó en el Holocausto.

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.
Ryszard Kapuscinski



* desde Mburucuyá

**Bibliográfica artículos varios.