Corrientes, miercoles 08 de abril de 2026

Sociedad Corrientes

Ansiedad y depresión las pestes del tercer milenio

26-02-2025
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"Tristeza", Cuadro de E. Munch

(Por Dr. Alejandro Bovino Maciel *). ¿Se ven muchos casos de Ansiedad y Depresión en nuestro medio?

Sí, desgraciadamente va creciendo en cantidad e intensidad.

A medida que aumenta la frecuencia de casos, aumenta la confusión entre estas dos enfermedades. La OMS hizo un estudio en 34 países tomando casi 20.000 casos y comprobó que la dupla Depresión/Ansiedad ha ocasionado más ausentismo laboral y problemas en el rendimiento académico que las clásicas enfermedades discapacitantes: Diabetes, Artritis y Cardiopatías isquémicas en el periodo 2000-2001.



¿Qué significa, básicamente “Ansiedad”?



Es una sensación de intenso malestar mental, con intranquilidad, desasosiego, sensación de que va a suceder algo catastrófico pero desconocido: sensación de ser acechado por un mal terrible que no sabemos de dónde, cómo ni cuándo vendrá. Esta fase puramente mental es la angustia. Cuando desborda el marco de la mente y se traslada al cuerpo lo hace a través del SNA (sistema nervioso autónomo) y allí ya hablamos de ansiedad, cuando altera las funciones automáticas del cuerpo que regula el SNA. Así sobrevienen temblores, frialdad de manos y pies, sudor frío, palpitaciones del corazón, taquicardia, falta de aire, sensación de atragantamiento, mareos, que puede llegar a pérdida de la conciencia.



¿Siempre vienen todos los síntomas?



No, tenemos lo que los psiquiatras llamamos Trastorno de Ansiedad Generalizada en el que se da nerviosismo constante, intranquilidad, sensación de fatiga constante, falta de atención, mala fijación de datos en la memoria por lo que fácilmente la persona olvida detalles del momento: dónde dejó las llaves, a quién tenía que ver, o pierde la hora de un turno... y además siempre hay algún trastorno del sueño: insomnio de inducción que es cuando uno se acuesta y da vueltas y vueltas en la cama sin poder pegar un ojo.

En los casos de Ataques de Pánico, (o angustia paroxística, repentina) sí los síntomas se disparan en forma brusca, y la persona queda como paralizada por un intenso miedo a morir o volverse loco, con todos los signos que ya comenté. Es lo que llamamos “desrealización” y “despersonalización”, es decir la pérdida de noción de la realidad y de sí mismo. Muchos van pidiendo un cardiólogo porque creen firmemente que han sufrido un infarto.

¿Cómo reconocemos una Depresión?



Sería bueno empezar a reconocerla ya porque está pronosticada como la enfermedad del siglo XXI. La depresión siempre empieza con tristeza, una profunda tristeza que puede resultar de algún problema real (pérdida del trabajo, aplazo en un examen, divorcio) pero que se prolonga más de lo debido, y con mucha mortificación y sufrimiento; es igual a un duelo pero sin que haya muerto un familiar. Un duelo sin muerto. Además se agregan anhedonia (incapacidad de disfrutar de cosas que antes le gustaban), falta de apetito o hambre compulsiva, insomnio de mantenimiento: la persona se duerme pero a las 2 o 3 de la mañana se despierta y ya no puede seguir durmiendo, ideas de culpa, y disminución de todas las funciones cognitivas: baja de la atención, fallas de la retención en la memoria, ideación lenta, razonamiento entorpecido, ensimismamiento. Al enfermo le cuesta pensar en cosas del mundo externo, se encierra en sí mismo como un caracol. Como hay un gran sufrimiento moral, poco a poco va ganando terreno la idea recursiva de suicidarse para terminar con todos los males de una vez. Y conste que el que quiere suicidarse siempre avisa de una forma u otra.


¿Siempre hay una causa para la depresión?


No siempre. Hay formas endógenas que tiene que ver con ciertas tendencias genéticas, familiares y en la vida normal repentinamente, sin causa aparente, se instala un proceso depresivo que en estos casos suele ser grave y progresivo. En cambio llamamos depresiones exógenas a las que son iniciadas por algún factor de la vida: pérdida de trabajo, discusiones, maltrato familiar, fracasos de algunos proyectos, etc.


¿Hay tratamientos para estos casos?


Afortunadamente la psicofarmacología avanzó más rápido que la enfermedad y hoy contamos con un verdadero arsenal de medicamentos para desarticular los síntomas y devolver el estado anímico de base a una persona afectada. Tanto los temidos ataques de pánico como las depresiones se controlan muy bien con los medicamentos. La gente tiene miedo de quedarse “pegada” a las pastillas pero la OMS ha diseñado modelos de tratamiento que duran 6-8 meses y luego se van “destetando” gradualmente hasta quedar reducido a nada o casi nada. Aclaro, además, que las Benzodiacepinas (alprazolán, clonazepám, u otros) son medicamentos muy nobles, no producen prácticamente daño alguno, y siempre es preferible tomar un comprimido antes que entrar en el infierno tan temido de nuestros propios horrores desconocidos. Por otro lado los antidepresivos no son euforizantes, no ponen contenta a la gente sana, solamente funcionan ante la enfermedad depresiva.

Hay que perder definitivamente el miedo al psiquiatra. No sé de ningún colega que haya asesinado serialmente, y sin embargo todavía hay gente que nos teme porque cree que vamos a “leerle la mente”. Eso es absolutamente imposible; los contenidos de la mente sólo se infieren a través de nuestras conductas y eso, hasta nuestros vecinos lo hacen sin necesidad de ser adivinos ni tirar el tarot.

Con la depresión no se juega, es una enfermedad seria que puede tener un desenlace trágico. Nada de terapias naturistas, ni homeopatía, ni flores de Bach ni constelaciones familiares. Esas pavadas solamente conseguirán empeorar los síntomas.



*Dr. Alejandro Bovino Maciel

Médico Psiquiatra (Universidad de Buenos Aires)

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Alejandro Bovino
talomac@gmail.com