En el marco de los seminarios de la Escuela de Disenso, espacio de filosofía política, dirigido y coordinado por el Doctor en filosofía (La Sorbona, París) Alberto Buela, se presentó el corpus teórico del director de la escuela correntina de pensamiento, "La otrocracia", del filósofo Francisco Tomás González Cabañas.
El punto central de su disertación, fue el concepto de la representación en las democracias actuales. El pensador refirió el caos cognitivo en el que nos sumergen, actores políticos de fuste, que en Argentina, propician por el desconocimiento supino de las nociones básicas de lo político, al alumbrar supuestas entidades que no sólo no están reconocidas en la Constitución Nacional, sino que atentan directamente contra la misma. "Pretender imponer regiones inexistentes para el andamiaje jurídico-legal, como la región litoral o constituir parlamentos o asambleas del norte grande, colisionan flagrantemente con el espíritu y letra de la Carta Magna, que en el artículo 22 establece, con prístina e irrevocable claridad "El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición".
El pasado jueves 7 de noviembre, por vía virtual se llevó a cabo un nuevo encuentro de los seminarios de la escuela de disenso. El espacio de reflexión y creación filosófica-política, coordinado por el reconocido filósofo Alberto Buela, contó con la presentación de Francisco Tomás González Cabañas, uno de los filósofos argentinos de la nueva generación, de acuerdo al director de la escuela de Disenso. El filósofo correntino, centró la disertación de su obra "La otrocracia" en el concepto de representación.
No sólo refirió a aspectos teóricos, como su consideración del pobre como nuevo sujeto político de lo democrático, proponiendo para ello, el voto compensatorio en la esfera electoral, sino también la redefinición de la finalidad del poder legislativo, ofertando la consideración del mandato imperativo o el restringir al parlamento a la función de ratificar o rectificar leyes, y no crearlas, estableciendo límites a la interpretación de las normas que proporcionan desde el poder judicial.
González Cabañas, fue más allá y específico con aspectos concretos (eludiendo una de las más comunes críticas a los filósofos y su afición por lo abstracto) la gravedad cotidiana en la que se cae, cuando no se trata, no se trabaja o no se piensan las nociones básicas de lo democrático cómo la noción de la representación.
"En Argentina, en este sentido, venimos de mal en peor. Hace unos años atrás, por sendar leyes nacionales, se aprobó el protocolo constitutivo del parlamento del mercosur (parlasur) y luego se realizó, ad hoc, la convocatoria para elegir parlamentarios. Nunca tal espacio tuvo ni una finalidad clara, ni la incidencia establecida en sus difusas actuaciones, al punto que los mandatos de esos legisladores están hace tiempo vencidos y tal parlamento padece una agonía fantasmática. No conforme a esta desnaturalización de lo republicano, de un tiempo a esta parte, son gobernantes de provincias, como legisladores nacionales, provinciales y demás integrantes de la cláque política, quiénes impulsan, desvergonzadamente regiones ficticias, como la región litoral, y parlamentos o asambleas ilegítimas, como el norte grande, que no son más que claros actos de sedición, que sí tuvíesemos un servicio de justicia correcto, ya tendríamos a sus propiciadores denunciados y condenados por ello" argumentó el filósofo.
"En mi provincia, Corrientes, el año que viene elegiremos gobernador e intendentes, afloran los pre candidatos (que violentan la ley electoral y sus tiempos claramente definidos para ello) que agotan las redes sociales con fotos con sus mascotas y demás actos de la intimidad, sin siquiera ofrecer una plataforma de gobierno, un plan de políticas públicas, ni que pedir que piensen en estos aspectos centrales y basales, cómo los tratados aquí ¿que significa la representación en nuestras democracias actuales? ¿Puede exigirle el estado a un indigente, que ceda su soberanía política, a una turbamulta de hombres y mujeres que únicamente, se disputan la valoración de sus respectivos egos? ¿No será tiempo que propiciemos un mandato imperativo para nuestros legisladores, a los efectos que legislen sobre temas concretos y específicos, como la pobreza y el crecimiento económico, para dejar de emitirle cheques en blanco para que se sienten en sus bancas, para negociar sus votos ante cualquier iniciativa a los efectos de agenciarse réditos personalísimos o sectarios?" finalizó preguntando González Cabañas en el seminario de la escuela de Disenso, en el marco de la presentación de su refefinición de lo democrático que lleva como título "La otrocracia".