Corrientes, sábado 11 de abril de 2026

Sociedad Corrientes

El Desconcierto de la Web

04-11-2024
COMPARTIR     

( Por Alejandro Bovino Maciel). Creo haberlo dicho tantas veces que ya parece un rosario: la irrupción de Internet en nuestras vidas fue de una fuerza de megatones, muy superior a la invención de la imprenta en el 1443 y muy superior al Descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492.

Aún estamos tartamudeando para tratar de explicar sus alcances: amplió enormemente la comunicación humana a toda escala. Incrementó la comodidad y los controles fiscales anexos. Hoy cualquier persona puede pagar una deuda o una compra en Suiza o Mozambique con solo apretar una tecla de una computadora, el “click” hará que su dinero (virtual) viaje a la velocidad de la luz y su deudor, teléfono en mano en un minutos pueda decirle “recibido” y empacar el envío de su producto.

El dinero físico está tendiendo a desaparecer, yo mismo no toco un billete hace semanas. Pero los cambios más profundos se fueron produciendo inadvertidamente en el ámbito de la opinión pública. Antes, cuando leíamos una noticia en el “Época” o en “La Nación” sabíamos perfectamente que esa información estaba debidamente fiscalizada por el equipo de redacción. Ningún diario serio se podía exponer a publicar una mentira flagrante porque eso desprestigiaría de inmediato al medio de información. Arrastrando esa vieja costumbre de creer que todo lo que aparece escrito tiene algún certificado de veracidad detrás. Poco a poco, por fortuna, muchos nos fuimos desengañando. Los grandes medios de difusión tienen intereses creados, y los defienden como si la información fuese parte de su propiedad privada. Sin ir más lejos, durante el gobierno militar del ’76 en nuestro país El gran diario argentino mantuvo un mutis sospechoso. La Nación de los Mitre hizo otro tanto. Parecía que los ocho años de dictadura vivíamos en Narnia, donde todo era feliz, pío y perfecto. Cuando, después del desastre de Malvinas, la cúpula militar entró en cortocicuito y Reynaldo Bignone exhumó las urnas electorales. Repentinamente, una crisis de democraticismo se reveló que La Nación y El gran diario argentino que descubrían tumbas NN, apropiación de recién nacidos, secuestro de personas, violencia del Estado, unidades militares que mantenían sesiones de tortura hacia los ciudadanos y ciudadanas, aviones que lanzaban personas al mar. Los que vivimos esos “acontecimientos” ya empezamos a sospechar que no todo escrito es verdad, aunque esté impreso en la tapa de un diario o de la revista Gente (otra obsecuente con las milicias) y hasta el fútbol estaba contaminado.

De ese arrastre del pasado nos viene la ingenuidad de creer que porque algo está escrito en un diario o una revista, es verdad. Y de allí pasamos a las noticias de las Redes Sociales que hoy por hoy modelan nuestro paisaje social. Las fake news (noticias falsas o falsas alarmas) no las inventaron las redes. El periodismo ya se le adelantó en el siglo XIX, pero hay que reconocer que las Redes Sociales se han convertido en el paraíso de las falsas noticias y alarmas. Cualquiera, virtualmente cualquiera puede publicar lo que se le antoja en las redes ya que carecen por completo de control. Se puede denunciar si uno es el perjudicado, pero no siempre sancionan al culpable o las penas son tan leves que parecen premios. Twitter es la capital del desconcierto. Allí en los escasos caracteres que admite, se suceden dichos y contradichos, batallas verbales (no olvidemos a Trump y Kin Jong-un insultándose como comadres de feria en Twitter para después encontrarse a los abrazos en Asia) mentiras, falacias, errores, calumnias a granel, datos falsos. Justamente en Twitter apareció un personaje que firma como Fran Fijap agitando la polémica en torno al desfinanciamiento universitario. Este libertario ad-honorem[1] se galvanizó con ese tema. No solo en Twitter denigraba a profesores y alumnos del mundo académico, producía tutoriales en Tik Tok y You Tube explicando cómo debe funcionar una universidad, cuáles deberían ser sus movimientos financieros y a qué debe dedicarse el personal docente fuera de sus horas de cátedra. Todo un máster, salvo un pequeño detalle que saltó a la luz. Fran Fijap no terminó la secundaria. Por razones que desconocemos quedó “trabado” en el tercer ciclo y no pudo avanzar ni siquiera en el régimen nocturno. De manera que ese improvisado, incapaz de terminar sus estudios medios, charlatán de feria que jamás pisó ni la vereda de una facultad quiere enseñar al vicerrector de la UBA cómo debería ser una universidad desfinanciada.

Eso son las redes sociales. La malla de contención de un sórdido submundo de gente que no entiende nada y quiere explicar todo. Sabiendo nada.

www.alejandrobovinomaciel.webador.es