Corrientes, domingo 12 de abril de 2026

Sociedad Corrientes

La posverdad

19-10-2024
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Imagen:ethics.live


( Por Jose Miguel Bonet*). Ortega y Gasset ya nos advertía hace tiempo de la posverdad.
En el mundo globalizado que vivimos, la ciencia y la tecnología parecen desplazar la filosofía. Mentes brillantes como Stephen Hawking declaró que la filosofía ha muerto, puesto que, la ciencia y la tecnología han ocupado su lugar. Ortega desde la altura de su tiempo pensó todo lo contrario. Una sociedad donde la filosofía esté ausente significa la muerte del pensamiento crítico. De ahí que, su pensamiento se encaminó a estimar la filosofía como el más importante ejercicio que el hombre puede hacer para comprender su vida y su mundo. En este sentido, no cabe la menor duda, que la antropología filosófica, o como decía Ortega, “El conocimiento del hombre” fue el proyecto filosófico de mayor preocupación en su quehacer intelectual, (Ortega y Gasset, 1910). Su filosofía que es meditación del existir del hombre se adentró en el misterio insondable de la vida. Buscó en el vivir humano y en la temporalidad de la existencia las condiciones que facilitan o dificultan la autorrealización del hombre en el mundo. Así, interpretar y comprender la vida exigía pensar con conceptos, dinámicos, es decir, flexibles o como solía decir el filósofo, “conceptos ocasionales”. Ortega era consciente de que la vida no se agotaba en su mero mecanismo fisicoquímico, reduccionista que deja por fuera el dinamismo y complejidad de la existencia, por el contrario, propuso como núcleo de análisis el “acontecer interno”, cuyo dato inmediato es la propia vida humana.

Hoy la información la que emana de las redes sociales vive del ruido, de la reverberación, lo buscan, constituyen un aval de su éxito. Para suscitar el interés de sus receptores se apela al sensacionalismo, a la emocionalidad en un espacio donde el rigor carece de relevancia, al quedar sustituido por la expectativa, por los likes acumulados, por la adhesión y el afán de compartir y multiplicarse. No importa la verificación, porque vemos el mensaje repetido en medios que se copian unos a otros, sin que nunca esa espiral virtual requiera de una comprobación estricta. Surge así lo que se denomina posverdad, la manipulación calculada o la especulación conspiranoica que generan hechos alternativos, pues cumplen intereses ocultos o encajan en la fabulación compartida. Esta es la lógica del imperio digital y del algoritmo: cuanta mayor atención por parte de los receptores, mayor rentabilidad, y ya sabemos que esta opera como el criterio último de validación. Así se densifican los nuevos núcleos de realidad, y, a partir de ahí, los grupos endogámicos cada vez más radicalizados, matriz de populismos, fervores y linchamientos colectivos. Frente a ello, quienes se consideran poseedores de la mesura y de la verdad reclamarán un freno a este crescendo, pero habremos de ser cautos, no sea que por la búsqueda de la verdad demos alas a la cultura de la cancelación. ¿Existe una ética woke o solo una estética? ¿Dónde acaba la autentificación y comienza la censura? El imperio de lo digital tiene una ciberontología propia: es imagen, no concepto; ficción y simulacro, no realidad. O mejor: hiperrealidad, realidad aumentada ¿Quién dijo que lo más real que lo real sea mentira, y más aun si esta funciona? Inmersos en este barullo post-trans-moderno no acabamos de distinguir los hechos de nuestros deseos —o de los deseos de otros que nos convencen de que son los nuestros propios ¿¿¿.

Consumimos y generamos información como si estuviéramos conectados a una inmensa máquina extracorpórea ,volver a la

información veraz, rigurosa y honesta (como la ciencia, el saber o la ética) Ortega y Gasset.es el gran reto.

*desde Mburucuyá.