Corrientes, viernes 12 de julio de 2024

Sociedad Corrientes

Por qué la democracia prendió poco en los jóvenes

16-06-2024
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(Por José Miguel Bonet) .Una cuarta parte de los menores de 35 años son quienes más partidarios se muestran de explorar soluciones autoritarias ante la deriva política.

La permanencia de la antipolítica,Una democracia sin atributos La mercantilización de la política El reino de la inmediatez En cualquier caso, es injusto atribuir toda la culpa a la falta de una pedagogía con voluntad de inocular los valores de civismo, pluralismo y respeto que son el centro del sistema democrático, porque en los últimos 50 años se ha producido un cambio profundo de lo que significa la democracia y de lo que esta lleva aparejado.

Para alguien nacido en la segunda mitad del siglo pasado, la democracia no solo era un sistema político que garantizaba el respeto a las libertades, sino que llevaba implícito el progreso económico y el bienestar social. Para la ciudadanía , la democracia implicaba la normalización del país. Ese aspecto fundamental para entender el apoyo masivo al sistema democrático entre las generaciones que vivieron (e hicieron) el cambio ha desaparecido del horizonte vital de los nativos democráticos. Para ellos, la democracia no lleva aparejado el bienestar ni la seguridad de un futuro mejor. Al contrario, los que hoy tienen menos de 35 años han interiorizado que van a vivir peor que sus padres, sin que la democracia aparentemente tenga ninguna posibilidad de cambiarlo. Todos estos fenómenos tienen un denominador común: sus principales nichos de voto suelen estar entre las generaciones nuevas, aquellas precisamente que no han vivido las dictaduras que todos estos partidos suelen reivindicar, ya sea abiertamente o a través de subterfugios más o menos disimulados. Es evidente que algo está pasando entre las nuevas generaciones, y es algo que va más allá del voto puntual a una opción política . A la pregunta tradicional sobre el régimen político preferido por los encuestados se observa que más del 80% de los mayores de 45 años muestra su acuerdo con la frase “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Entre los menores de 35 años, el acuerdo con esta frase supera por poco el 70%. En cambio, una cuarta parte de estos se muestra de acuerdo con que “en algunas circunstancias, un Gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático” o cree que “a personas como yo, le da igual un Gobierno que otro”. No son la mayoría, pero suponen un grueso de opinión que no se había visto antes, y, lo más chocante, son personas que han nacido y vivido toda su vida en un sistema democrático. Son nativos democráticos. La permanente de la antipolítica . es posible,, que las fuerzas democráticas pensaran que los valores democráticos sencillamente se darían (casi por arte de magia) por el simple hecho de vivir en un sistema de libertades. En este sentido, las generaciones nuevas, nacidas en democracia, incorporarían esos valores por el simple hecho de haber nacido a partir de 1983 El elector actual no presupone que el político sepa más que él, ni acepta que su posición deba ser subsidiaria Sea por lo que sea, 40 años después, la realidad nos muestra crudamente el fracaso de esos propósitos y la permanencia de una herencia de raíz antipolítica, que se creyó superada con. Las nuevas generaciones no solo no muestran actitudes más democráticas que las de sus padres y madres, sino que en algunos aspectos tienen un perfil menos democrático que ellos y más cercano al de la generación nacida antes de 1940.

Los nativos democráticos piensan, al igual que las generaciones antiguas, que los políticos no se preocupan por ellos y que solo se rigen por sus intereses personales y muchas veces la realidad les da la razón. Una democracia sin atributos.En cualquier caso, es injusto atribuir toda la culpa a la falta de una pedagogía con voluntad de inocular los valores de civismo, pluralismo y respeto que son el centro del sistema democrático, porque en los últimos años se ha producido un cambio profundo de lo que significa la democracia y de lo que esta lleva aparejado. Para alguien nacido en la segunda mitad del siglo pasado, la democracia no solo era un sistema político que garantizaba el respeto a las libertades, sino que llevaba implícito el progreso económico y el bienestar social. Para la ciudadanía , la democracia implicaba la normalización del país,

Ese aspecto fundamental para entender el apoyo masivo al sistema democrático entre las generaciones que vivieron (e hicieron) el cambio ha desaparecido del horizonte vital de los nativos democráticos. Para ellos, la democracia no lleva aparejado el bienestar ni la seguridad de un futuro mejor. Al contrario, los que hoy tienen menos de 35 años han interiorizado que van a vivir peor que sus padres, sin que la democracia aparentemente tenga ninguna posibilidad de cambiarlo. La mercantilización de la política Es común que se diga que los líderes políticos actuales no son como los de antes, y con ello se entiende que los de ahora son “peores” que los anteriores. Esta afirmación contiene una trampa, ya que más allá de las diferencias entre los líderes actuales respecto de los anteriores, la mayor transformación se ha operado entre el electorado. Son los electores actuales los que no son como los de antes y por ello su relación respecto del liderazgo político ha cambiado significativamente. Antes, el elector, de alguna manera, asumía una posición subordinada respecto de los dirigentes políticos, a los que suponía un mayor conocimiento de la realidad. La desacralización del debate político comporta bajarlo a ras del suelo, y obliga a competir por la atención a ese nivel Esto ya no es así de ningún modo. El elector actual no presupone que el político sepa más que él, ni acepta que su posición deba ser subsidiaria. Es más bien al contrario.

Es el político el que debe subordinarse a las decisiones y a los intereses del elector. Es su servidor y le debe obediencia. La relación de los nuevos electores con la política se rige principalmente por estrictos criterios mercantilistas, de satisfacción de la demanda. Una demanda que es individual. Ante la política, el nuevo elector se pregunta qué ha hecho ella por él, qué han hecho los políticos por él, qué ha hecho la democracia por él. Y la mayoría de las veces la respuesta a estas preguntas es nada. El reino de la inmediatez A esto hay que añadir los efectos de la aceleración en la política. El voto ya no implica un compromiso por cuatro años, ni tan siquiera en su versión más laxa y condicionada. En nuestro mundo nuevo, el voto es la expresión de un estado de ánimo que busca una satisfacción inmediata, un grito que quiere ser escuchado.

Así, hay una parte del electorado que no fundamenta su decisión en la posibilidad de aplicar unas políticas, sino más bien en contribuir a una victoria de una fuerza política determinada, o también en impedir la victoria de otra fuerza. De alguna manera, hay un número creciente de votos que se agotan en la misma noche electoral, puesto que ya entonces pueden saber si han “ganado” o “perdido”. Lo que ocurra más allá no les concierne, no les compromete ni se sienten interpelados, puesto que han votado para que pase algo (o para que no pase). Si el voto es la expresión de un estado de ánimo que solo pide ser escuchado, que no busca cambiar nada porque se considera que la política no tiene fuerza para transformar un presente negro y un futuro amenazante, no es de extrañar el éxito de la extrema derecha entre una parte de la juventud, una boutade, es darse el gustazo de reírse en la cara del sistema. Sin más, sin consecuencias… aparentes. El objetivo de la mayoría de los votantes de la extrema derecha no es acabar con la democracia, simplemente pretende dar una patada en la entrepierna a “los políticos”. Que eso tenga consecuencias, y que estas consecuencias puedan llegar a ser irreparables, es algo que ni se plantean. Deberíamos repasar estas causas y buscar los antídotos.

* desde Mburucuya. Bibliográfia Artículos variosm