Corrientes, viernes 12 de julio de 2024

Opinión Corrientes

El Gobierno ya tiene historia

11-06-2024
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Si nos sale bien, no vuelven más.”-Presidente Milei

                ( Por Jorge Eduardo Simonetti).  A seis meses de haber asumido la presidencia Javier Milei, la pregunta es si continúa en el período tradicional de luna de miel, que, en su caso, parece haberse extendido más de la cuenta.
                   En lo sustancial, la “luna de miel” es la tolerancia social hacia un gobierno que se inicia, y que no suele exceder los tres meses. En éste caso, no sólo que va el doble de gestión, sino que, además, el apoyo social casi no se mueve del 50%, circunstancia casi desconocida en la Argentina.

                   Pero el humor social es difícil de desentrañar, a veces tiene razones que la razón no entiende, o está asentado en creencias o sentimientos de rechazo a lo distinto, tan fuertes que se proyecta hacia el futuro de manera inexplicable.

                   Lo cierto es que ya podemos comenzar a analizar la gestión Milei a partir de los hechos u omisiones de su propia gestión, y no meramente de las promesas o planes de futuro.

                   Tal vez podamos dejar atrás las demasías de campaña de un “fuori serie” como el libertario. La venta de bebés como parte de una transacción normal, la libre compraventa de órganos, son los extremos que, aparentemente y gracias a dios, han sido olvidados por locos y contrarios a cualquier sentimiento humano normal.

                   En materia económica, parece también que se retrasará el cierre del Banco Central, la disminución de impuestos, la desaparición del cepo cambiario, y algunas otras medidas que se veían posibles desde el llano pero que, puestos a gobernar, no parecen fáciles de desarmar sin causar mayores turbulencias en la economía.

                   Cómo crédito para sumar al balance, debe destacarse la disminución de la inflación, que desde la explosión de diciembre por devaluación, viene teniendo un camino descendente, que rogamos no se corte.

                   También debemos agregarle a la cuenta del presidente, la amputación de gastos en muchas áreas del estado que significaban superfluos o, directamente, productos de actividades relacionadas con la corrupción.

                   La recuperación del manejo de la calle por parte de la fuerza pública, hace tanto tiempo perdida en manos de protestas sin fin y la inacción de quiénes debían regularlos o ponerles coto, es un activo sumado por Bullrich.

                    No mucho más. La baja del consumo y la caída inédita de la actividad económica, la recesión, sin dudas que contribuye en gran medida a la baja de precios y consecuentemente de la inflación. Con muchos puestos de trabajo perdidos y un gran porcentaje de la población que lucha por sólo el plato de comida diario, no son datos alentadores.

                   Forma parte del debe la falta de gestión en muchas áreas de gobierno, algunos cargos no se han llenado, otros continúan siendo ocupados por la retaguardia del kirchnerismo, caso Leila Gianni, y una mala praxis que se repite y que está comenzando a dañar la imagen gubernamental.

                   La doble métrica del presidente, que es capaz de echar de manera destemplada a Posse, pero que sostiene una pésima tarea de la ministra Pettovello, nos muestran a una gestión que comienza a cerrarse sobre sí misma, ante el ataque de los sectores opositores, aunque, vale decirlo, por hechos objetivos ya registrados que merecieron la actuación de la justicia.

                   No se entiende la tozudez presidencial al mantener el hiperministerio de Capital Humano, cuando es evidente que la elefantiásica oficina gubernamental es imposible manejar de manera medianamente racional, especialmente si quien está a cargo carece de la experiencia necesaria.

                   Pero, en todo esto hay una cuestión que es esencial. El apoyo social deviene fundamentalmente del hartazgo contra la corrupción kirchnerista, por lo que la transparencia y el manejo escrupuloso de la gestión pública parece ser el principal capital de una imagen que se mantiene alta por parte del presidente.

                   Obviamente, por tales razones, sin logros contundentes que demostrar en la gestión económica, su base es la honradez en la gestión, tan ausente en el pasado. Si ésta entra en duda, Milei comenzaría a perder su base de sustentación.

                   El no reparto de mercadería en los depósitos oficiales a punto de vencer, el manejo neblinoso de designaciones y compras a través de contratos oscuros con la poco transparente OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), la entrega a una entidad privada para el reparto de la leche cerca de su vencimiento, CONIN, que carece de estructura para hacerlo y que sin la colaboración del ejército el fracaso hubiera sido escandaloso.

                   El incremento del riesgo país y de los dólares alternativos, una liquidación de divisas menor en un 30% de la exportación de granos respecto al mismo mes del año pasado (el de la sequía), así como la ralentización en la adquisición de dólares por el Banco Central, demuestran que las dudas que permanecen en el sector de inversores, ahorristas, productores y exportadores.

                   Es más, algunos de los billonarios fanáticos de Milei siguen teniendo su domicilio fiscal fuera del país, y obviamente se abstienen de aumentar sus inversiones en la Argentina. El capital es cobarde, y parece que todavía “no la ven” del todo claro.

                   En materia de política exterior, es de destacar que nos colocamos decididamente del otro lado del kirchnerismo, lo que es positivo, aunque en sus viajes el presidente oficia más de profeta libertario que de primer mandatario de un país que aspira a consolidar vínculos con naciones democráticas.

                   Es evidente que el gobierno ha construido su corta historia, y por ella podemos realizar algunos acercamientos a sus acciones.

                   En realidad, seis meses son escasos para proyectar tendencias definitivas y sacar conclusiones certeras. Sí para trazar líneas hacia dónde avanza una gestión.

                   La administración libertaria, y en especial el presidente, deberá componer algunas correcciones que permitan ingresar en un buen diálogo con las restantes fuerzas políticas, especialmente las que están dispuestas a avanzar en sentido constructivo, para sostener su propia gobernabilidad y a su vez tener plafón para sus reformas.

                   En nada ayuda la intemperancia, porque en una democracia nadie es el “macho de la esquina”, aunque se lo crea.

                   Tanto así, que el propio Milei usa el condicional cuando dice “Si nos sale bien, no vuelven más”. Admite la posibilidad que ello no ocurra, y eso ya es mucho en un temperamento cuasi psicopático y en el tembladeral que todavía es la Argentina.

                   A esta altura, ni clubes del helicóptero ni la peruanización de la política es admisible. “A dios rogando, pero con el mazo dando”.