" /> ">

Corrientes, martes 18 de junio de 2024

Opinión Corrientes

A propósito de la "Legitimidad de gestión" planteado por CFK y del giro a la derecha que dimos con Milei.

28-04-2024
COMPARTIR     
 ( Por  Francisco Tomas Gonzalez Cabañas.)
En Mayo de 2022, escribí el siguiente artículo "De la legitimidad de gestión o de la democracia permanente" en relación, casualmente, a una clase magistral que dió en aquél entonces la Vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner. Dos años después, en un acto público, la mencionada, destaca, alumbra, como sí fuese propio, el concepto que introduje en aquel entonces. El texto además, en el párrafo final, casi profético, señala el terreno fértil y propicio del giro a la derecha, que finalmente dimos y del que rezonga Cristina, pidiéndole a los suyos, esto mismo, que lean y se formen para dar la discusión política. La legitimidad como noción, salvaguarda o defensa, les corresponde afianzar sólo para aquellos cuestionados o que no la poseen ni de origen o la pierden en la gestión. Verbigracia. Una jueza (del poder menos democrático de los poderes) que ingresa a su lugar en forma ilegítima o irregular, saliendo al campo de lo mediático a alardear que cuenta con capacidad o destino en tal sentido por capricho suyo o del destino.

De la legitimidad de gestión o de la democracia permanente.

Sí bien el título de la ponencia con la que recibirá el título de “Honoris Causa” en una sede académica sita en una de las provincias más pobres de Argentina, habla de la “insatisfacción democrática” la Vicepresidenta Argentina, alumbra en realidad (disertando ante algunos miembros del parlamento europeo) lo que Timothy Appleton da en llamar en su reciente libro “Populismo de las singularidades”.

Tal vez, para el lector que sólo pretenda descifrar el enclave netamente político, las cuestiones filosóficas subyacentes, no sean más que semánticas. Para otros sin embargo, es el código indispensable para encontrar cierta razón a lo que parece un manojo de expresiones emotivas que se conducen por una inagotable sed de poder (puede que no sea excluyente de todas maneras).

El doctor en filosofía al que hacemos referencia, intenta explicarse: “la escala en la que debemos pensar ahora la política no es la de una sociedad (que es imposible) sino la del ser humano que se encuentra implicado en diferentes campos de ser, además de en sus dramas antagónicos respectivos…esta idea no descarta que los populistas trabajemos con los partidos políticos de lo que suele llamarse el Estado (que tampoco existe realmente, ya que la sociedad en que se supone que se basa tampoco existe)…En las palabras de otro importante teórico populista argentino, Jorge Alemán, el Estado es siempre de ellos”.

La cuestión de la otredad es la clave de las definiciones populistas, o “laclaucistas” no casualmente, cuando la actual vice, presidía Argentina acuñó el axioma “la patria es el otro”.
Sin saber al detalle que los pensamientos de Appleton estén dentro de Cristina Fernández, quién seguro órbita en sus lecturas y consideraciones, además de Laclau y Mouffe es Jorge Alemán, referencia teórica del primero.

El hallazgo intelectual de la legitimidad de gestión, encuentra su fundamento en que el estado, podríamos arriesgar el poder, es del otro, de “ellos” que están enfrente, agonal o adversarialmente. Por más incluso que uno, en este caso una, posea la formalidad de un cargo y desde allí haya impuesto, sugerido o a sujeción, al Presidente mismo, como ocurre con Alberto Fernández en Argentina.

El eje conceptual se acerca mucho más a la “revolución permanente” de Lenin y lo que luego será “la dictadura democrática”, es decir, interponer, realizar un interdicto entre las legitimidades de origen y la legalidad, con la legitimidad de gestión alumbrada, no es más que una idea de “democracia permanente” que tiene como finalidad detentar una hegemonía cotidiana.

Que cada acción o decisión gubernamental, tenga como disposición que se hace frente a un poder que no está en las formas, que siempre está en esos otros que los convierte en “ellos” a confrontar, necesitará de un baño de masas, o de micro-masas o de este populismo de singularidades.

Alcanzará en lo real, para esta definición de lo político, que cada decisión sea aplaudida y vitoreada por facciones mínimas en una pretensión de que el todo sea la suma de las partes.

A nivel teórico es admirable, que quien tenga responsabilidades de gobierno desde hace tanto, pueda reunir este conjunto de conjeturas (que resaltan su poder real estacionado en un quinto del electorado) sin que las mismas, posean dos aspectos a considerar.

El primero que la definición de “insatisfacción” que utilizará en su presentación, en un a priori, resulta cuanto menos insuficiente o poco apropiada. El problema del otro, en tanto otro, no es lo que desea sino que precisamente tenga que elaborar un deseo que aun en la confrontación, luego armonice con el resto. El insatisfecho o la insatisfecha es en tanto le concedieron cierto aspecto de lo deseable y en verdad la cuestión pasa por desear no por los deseos y por ende mucho menos por sus posteriores como obvias insatisfacciones.

Finalmente el problema mayor, tiene una ligazón aún más política. La perspectiva de estas posiciones no pueden abandonar el margen izquierdo del escenario, que por más que se pretenda moralmente superior (a decir de Ignacio Sánchez Cuenca) no tienen muchas más herramientas que una declamatoria de vociferación o de alarde de una mayoría que hace tiempo no abreva ni se construye desde tal sector.

El giro a la derecha, que lo dan individualmente no tanto ciudadanos con la posibilidad de elegir sino más que nada, los millones de silenciados por la pobreza y la marginalidad, esa que pretende seguir tutelando la izquierda en su mera y acelerada reproducción al infinito de tal condición, encuentra terreno fértil de construcción de mayorías que van más allá de la definición de lo democrático que no puede abordar ni contener tanta defraudación, descontento e insatisfacción.